Por Luis Gustavo Kelly Torreblanca
La Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA, por sus siglas en francés) es una de las organizaciones deportivas más grandes del mundo; sin embargo, aunque acarrea con las virtudes de una gran organización, también es víctima de sus propios defectos.
La transparencia y rendición de cuentas por parte de la organización ha sido uno de sus puntos débiles. La FIFA, y esto no es una cuestión reciente, se ha visto envuelta en diversos escándalos de corrupción. Partidos amañados, manejos opacos por parte de la organización central, así como de las confederaciones que se aglomeran a ella, sedes mundialistas otorgadas a cambio de apoyos monetarios o políticos, etc.
Lo anterior tiene evidencia documental pertinente. Así, se atestiguan las irregularidades en el “Milagro de Berna”, donde los alemanes derrotaron al equipo de Ferenc Puskás (Hungría, el favorito). Fue hasta 2010 que el historiador deportivo Erik Eggers señaló el uso de “pervitin” (metanfetamina) por parte de Alemania, en lugar de vitamina C como el médico del equipo alemán Franz Loogen afirmaba. Años después, se señaló al entonces presidente de la FIFA, Stanley Rous de favorecer a Inglaterra, en su mundial para alzarse con la copa. A eso se suma la intervención de Videla en Argentina 1978 y el Pacto de Gijón en España 1982, donde Alemania y Austria acordaron abiertamente el resultado 1-0 para dejar fuera a Argelia del mundial.
En los noventa, João Havelange siendo presidente de la FIFA y su yerno, Ricardo Teixeira, presidente de la Confederación Brasileña de Futbol (CBF), recibieron sobornos por un monto de 20 millones de dólares de la empresa International Sport and Leisure (ISL) y fue hasta 2012 que enfrentaron la justicia y se les inhabilitó de por vida de la FIFA y el futbol.
El escándalo más importante fue el denominado FIFA Gate de 2015, presentado por el departamento de justicia de los Estados Unidos, quienes encontraron diversos sobornos, negociaciones ilícitas y corruptelas, como fue la compra de votos para los mundiales de Francia 1998 y de Sudáfrica 2010, así como la elección de Josepp Blatter como presidente de la FIFA.
De esto último y de la mano de los entonces dirigentes Mohamed bin Hammam de la Confederación Asiática de Futbol (AFC), Jack Warner y Chuck Blazer, presidente y secretario general de la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Futbol (CONCACAF), fueron señalados de haber sobornado la elección de Blatter así como la de delegados de la Confederación Africana de Futbol (CAF). A ellos se sumó Nicolás Leoz, de la Confederación Sudamericana de Futbol (CONMEBOL) quien también participó en los actos de corrupción.
Hoy, con el mundial en marcha, los ojos se han volcado hacia la figura de Gianni Infantino, presidente de FIFA. La intervención de Donald Trump con Infantino hizo que le retiraran la tarjeta roja al seleccionado estadounidense Folarin Balogun, lo que le valieron acusaciones de interferencia por parte de la Unión de Asociaciones Europeas de Futbol (UEFA) y de su presidente Aleksander Ceferin. Esto se suma a los Football Leaks de 2016 que encontraron su “mano” para que equipos como Manchester City y Paris Saint-Germain no fueran castigados por la violación al fair play financiero, lo que permite ver que Infantino no es un ajeno a los escándalos de corrupción.
Sin duda, la transparencia es una tarea pendiente para la FIFA, por lo que la crítica por la existencia de favoritismo hacia ciertos equipos (dígase Argentina) es una situación más que justificable, ya que, aunque la exigencia de un juego limpio corre tras la FIFA, esta no se deja alcanzar.
P.D. Las últimas dos presidencias de la FIFA se vieron empañadas por corrupción, ¿cómo terminará la actual?
