Por Luis Gustavo Kelly Torreblanca
Nota: Este breve artículo de opinión lo he dividido para su presentación en el blog de Politeia, quienes amablemente lo han presentado. En esta primera parte me centraré en las diferencias que marcan la rivalidad entre las selecciones de Argentina y la de México, para en una segunda parte, presentar los argumentos que, desde la perspectiva de este mexicano, permite entender porque nuestro futbol no parece mejorar conforme pasan los años.
En los últimos años y dentro de las redes sociales, se ha gestado una rivalidad en torno al futbol dentro del continente. Una rivalidad sustentada más en la palabra que en la capacidad futbolística de sus respectivas selecciones. Me refiero a las selecciones de México y de Argentina. Y a sus respectivas aficiones.
Mientras una, compite en eliminatorias que le son a modo y ha participado en 18 de las 22 ediciones de la Copa del Mundo contando el actual mundial 2026; la otra ha sido campeona en tres ocasiones: Argentina 1978, México 1986 y recientemente en Qatar 2022. Una con una de las aficiones más grandes del mundo (Top 5 mundial), la otra una potencia en la formación de futbolistas de exportación.
A pesar del palmarés del seleccionado albiceleste, los mexicanos se han encargado de polemizar sus campeonatos. El primero ocurrido durante la dictadura de Videla en Argentina (1978), y donde se ha cuestionado que Videla, en conjunto con Henry Kissinger (entonces secretario de Estado, de Estados Unidos), visitaron el vestuario de la selección peruana justo antes del partido que encaminaría a Argentina a la gran final sin que se conociera los detalles de ese encuentro. Ese día, Argentina ganó 6-0 y avanzaría a la gran final.
El segundo con la polémica mano de Dios, ocurrida el 22 de junio de 1986 en un partido de Argentina frente a Inglaterra en los cuartos de final. El gol, siendo una trampa descarada, fue celebrado y repudiado por otros, por ser el producto de la viveza criolla de un Diego Armando Maradona que minutos más tarde anotaría el llamado gol del siglo. El árbitro no vio la infracción que Maradona realizó, válido el tanto, y generó un debate intenso sobre la ética deportiva en el futbol. A raíz de ello, la FIFA generaría su famoso programa denominado: Fair Play (Juego Limpio).
La tercera y por supuesto la más recordada por lo reciente, es la actuación de Argentina en el mundial de Qatar 2022, donde de la mano de Lionel Andrés Messi, Argentina fue cuestionada por la cantidad de penales que cobró durante el torneo (5), y que a consideración de muchos (y me incluyo), no todos los penales eran justificados, particularmente el penal ante Polonia y ante Arabia Saudita. Dicho sea de paso, en el partido de la fase de grupos, Argentina le dio una repasada a México con goles de Messi y Enzo Fernández.
Para los argentinos, los tres mundiales fueron obra de genialidades: de “El Matador” Mario Kempes, de “El Pelusa” Diego Armando Maradona y de “La Pulga” Lionel Messi. Pero hay una cereza en el pastel llamado México 1986. La picardía, la astucia y la burla de “El Diego”. Y nos lo recuerdan: Les ganamos en su casa.
A nosotros como mexicanos, nos cuesta entender por qué siempre que tenemos enfrente a Argentina nuestra selección se achica, falla, se nota cortocircuitante y torpe, o cómo en aquel partido del mundial de Alemania 2006, donde hubo un dominio dividido frente a una Argentina poderosa, con un zurdazo de Maxi Rodríguez en tiempos extra, el partido se resolvió con una victoria en octavos de final, para dejarnos de nueva cuenta con un sabor amargo y con la pregunta que nos hemos hecho durante mucho tiempo: ¿cuándo llegaremos al quinto partido? Solo una frase ha resonado en los partidos importantes y decisivos: Jugamos como nunca… y perdimos como siempre.
A partir de Qatar 2022, la rivalidad en las redes aumentó. El desdén de los argentinos por el futbol nacional ha sido una constante. Y aunque duela aceptar, algunos de sus argumentos hacen sentido porque, aunque lo hacen con unas profundas ganas de incordiar, reconozco que reflejan una realidad, su superioridad en este deporte y un futbol mexicano que se sostiene más por la labor de marketing que por un seleccionado que sea capaz de demostrar talento.
Pero no es la falta de talento como ellos afirman y como algunos mexicanos secundan. Creo que hay mucho potencial. Sinaloa es un buen ejemplo de ello. Un estado que ahora no cuenta con equipo de primera, pero que ha tenido importantes jugadores en el seleccionado tricolor. Sonora es otro ejemplo, un estado sin futbol de primera nacional. Y por supuesto otros estados, como Jalisco, Nuevo León, la Ciudad de México, que tradicionalmente han contado con instituciones e infraestructura suficiente para volver solvente nuestro futbol. Pero la pregunta es por qué.
En la siguiente parte abordaremos esto.
