Revista del Pensamiento Político

Democracia y autonomía en la UAS

Carlos Calderón Viedas

La agenda política nacional abarca una amplia variedad de tópicos que tocan en las agendas particulares de las entidades federativas con distintos pesos según sean las circunstancias de cada lugar. Traigo de ejemplo las repercusiones de la Ley General de Educación que regula la educación pública de los controles federal y estatal, así como la impartida por instituciones privadas. Un aspecto que ahora se debate en la opinión publicada sobre el tema educativo es el carácter de la autonomía de las universidades, sin que esto signifique disminuir la importancia de otros temas, como, por ejemplo, la entrada en vigor de los nuevos libros de texto en la educación básica, cuyos contenidos están permeados de ismos ideológicos de tipo populista.

La distancia entre la enseñanza de los primeros grados de la pirámide escolar y la que se imparte en los grados superiores no es corta en términos del esfuerzo que llevan a cabo quienes habrán de recorrer el camino completo desde la niñez hasta la edad adulta temprana. Veinte años o más en que el alumno recibe la formación necesaria para incorporarse a una vida social, productiva y ciudadana.

Es dado a gobiernos autoritarios que se auto reconocen como depositarios de la verdad, del saber de la historia, de ser sus mejores intérpretes y de estar obligados a transmitirla, cumplir con dicho destino el cual los lleva a utilizar el medio idóneo de la educación. Tarea que hace recordar las misiones religiosas que desde siempre han realizado esas actividades. El gobierno de López Obrador se dispone a realizar una labor similar con una visión que puede confundirse con promesas trascendentales, pero que más bien están salpicadas de utilitarismo social, nacionalismo trasnochado, egocentrismo político y monolitismo cultural.

El mejor instrumento para fines tan encomiables, según Obrador, es la educación en todos sus campos y niveles. Imponer los contenidos de ese trascendentalismo miope requiere remover los obstáculos que se encuentren en el camino, desde la primaria hasta la educación superior. Los libros de texto de la 4T serán útiles en la fase de adoctrinamiento de la educación primera, en tanto que el condicionamiento vario que podrán sufrir las universidades públicas corresponderá a la segunda fase.

En este marco general de ideas voy a continuar con el tema sin tratar la primera fase puesto que no soy especialista en educación, pero al menos soy universitario con experiencia docente y directiva en dos universidades públicas del país. De mi circunstancia en dos instituciones de educación superior recupero únicamente lo siguiente, entré a trabajar en la Universidad Autónoma Metropolitana casi desde su fundación, institución que nacía bajo el régimen de autonomía, situación diferente a la de la Universidad de Sinaloa, cuya condición autonómica la adquirió en el año de 1965 bajo un clima de agitación social en el estado causado por disputas de poder entre actores políticos inconformes, las reverberaciones llegaron a la Universidad y, al mismo tiempo que algunos universitarios se sumaban al bando opositor al gobierno, otros alentaron al interior de la Universidad el levantamiento de las propias banderas, entre ellas la causa de la autonomía (Medina Viedas, Jorge; Terán Olguín, Liberato y Calderón Viedas, Carlos. La Utopía corrompida. Radicalismo y reforma en la Universidad Autónoma de Sinaloa. Editorial Océano, 2009).  

La autonomía y la vida académica en ambas instituciones educativas lograron converger sin soslayar que en esos micro universos las sensibilidades social y política siempre están actuando. Hasta donde es noticia, la Metropolitana continúa manteniendo los equilibrios fundamentales que le han permitido cumplir con sus funciones académicas en franco desarrollo. El caso de la UAS ha corrido una suerte complicada.

El peso de la historia cuenta y en la Universidad esa narrativa nadie ha podido ni podrá echarla al olvido. La longevidad de las casas de cultura es genética, abarca siglos en algunos casos, la UAS lleva esa andadura. Pero más acá de la retro perspectiva romántica, la realidad se construye con ideas nuevas y acciones creando un nosotros rebosante de voluntades.

La ley orgánica de 1965 establecía el régimen de autonomía para la Universidad de Sinaloa, reforzaba la facultad de decidir carreras y contenidos, priorizar los campos de investigación científica, orientar las líneas de divulgación, darse los reglamentos necesarios, pero reservaba a una Junta de Gobierno, ajena a las funciones sustantivas y adjetivas de la universidad, el nombramiento del rector.

La limitación tuvo su primera prueba de fuego con la ratificación del rector Julio Ibarra Urrea en 1966, personaje que no gozaba de amplio respaldo en la comunidad universitaria. El nombramiento no fue bien recibido por lo que hubo huelgas en las que se exigía la salida del rector Ibarra, quien presenta su renuncia al cargo en octubre de 1966. “La Junta de Gobierno enmendó su error tardíamente: nombró sustituto de julio Ibarra, para un periodo de cuatro años, al abogado Rodolfo Monjaraz Buelna, una figura mítica entre la comunidad universitaria por sus antecedentes progresistas y sus temperamentos de filósofo y crítico de lo establecido” (Ibid.).

Con la llegada de Monjaraz Buelna inicia una nueva etapa sobre las formas de ver y actuar de la Universidad. La Federación de Estudiantes Universitarios de Sinaloa, FEUS, presenta un nuevo proyecto de ley orgánica en 1969 donde se destaca la vigencia de la autonomía, la democratización de los órganos de gobierno y la desaparición de la Junta de Gobierno. Demandas que no fueron atendidas por el gobierno estatal hasta 1972, después de una lucha que maestros y estudiantes libraron por más de dos años contra el nuevo rector Gonzalo Armienta Calderón, nombrado por la Junta de Gobierno en 1970. El 7 de abril de 1972 renuncia Armienta Calderón en medio de un ambiente social y político consternado por la muerte de dos estudiantes de preparatoria alcanzados por los disparos de la policía judicial del estado, en la tarde de ese día renuncia el rector y tres días después el Congreso del Estado aprueba la Ley Orgánica que había sido presentada por la FEUS. La tragedia logró abrir una nueva ventana de oportunidad para la Universidad Autónoma de Sinaloa.  

El reto de la autonomía

Durante la vigencia de la Ley Orgánica de 1972 los universitarios, maestros y estudiantes, tuvieron la oportunidad de nombrar a sus autoridades académicas, rector y directores de escuela o facultad. La experiencia propia era completamente nueva y en las que se podía tomar referencias no eran ejemplares. La UAS tuvo que aprender el camino recorriéndolo.

La experiencia democrática resultó fallida a la larga. Varios factores contribuyeron a que la libertad democrática de los universitarios para nombrar a sus autoridades se redujera a un slogan que escudara los desmanes electoreros que se cometían bajo el amparo de la autonomía: La sobre ideologización heredada de los años sesenta y setentas, el politicismo rampante de grupos activistas de aquellos tiempos, la radicación de los grupos académicos en centros de trabajo que convertían las escuelas en feudos exclusivos, la consideración de que el aspirante a rector tenía que sumar a la mayor parte de esos feudos para que sus expectativas de triunfo fueran viables y, al último pero no menos decisivo, la implantación del llamado voto unitario que hacía equivalente el voto del profesor y el del estudiante con la definitiva consecuencia de que el principal factor de triunfo electoral quedaba en manos de los estudiantes,  resultado que el Consejo Universitario tenía que acatar, todo lo cual derivó en campañas de estrépito con las que se buscaba atraer el voto estudiantil por medios de festejos, padrinazgos, supuestos viajes de estudio, entre otros apoyos diversos ofrecidos por maestros de cada bando, sin faltar las promesas indecibles a los activistas estudiantiles identificados como líderes, todo un espectáculo que a nadie podía pasar desapercibido.

El desvío democrático duró hasta que la democracia dejó de existir. El rector Héctor Melesio Cuén Ojeda fue el último que obtuvo el máximo cargo universitario mediante un espectáculo como los que hemos descrito, a su llegada a la rectoría decidió enviar una iniciativa de ley orgánica en el que se eliminaba el voto directo de estudiantes y maestros en el nombramiento de las autoridades académicas, propuesta que fue muy bien recibida por las fuerzas vivas de la entidad y el gobernante en turno Jesús Aguilar Padilla. El día 6 de agosto de 2006 se publica el Decreto número 389 mediante el cual se expide la nueva Ley Orgánica de la Universidad Autónoma de Sinaloa, la cual sufrirá posteriores modificaciones como la reelección del rector. A partir de ese momento el grupo político de Melesio Cuén se ha mantenido al frente de la Universidad sin interrupciones.

A la democracia le echaron la culpa de errores que no cometió. Los excesos en que se incurrió obedecen a otras causas que aún continúan en la Universidad, aunque se manifiestan de otras maneras, seguramente la más nociva, la instrumentalización de la Universidad para ser cuna de un partido político y plataforma de su lanzamiento. Tan visible es la nueva anomalía que sufre la centenaria institución, como fueron los espectáculos denigrantes que se dieron en años anteriores.

La democracia en la UAS logró subsistir sin contaminarse solo en sus primeros años, con el tiempo fue perdiendo funcionalidad operativa y abandonó de modo absoluto su calidad moral, Las lecciones que dejaba eran cualquier otra cosa menos éticas. La democracia en cualquier lugar nunca deja de estar asediada por sus enemigos más conspicuos, el poder político autoritario que siempre busca limitarla o negarla y el poder económico que siempre busca someterla con la fuerza del dinero. A la democracia siempre hay que cuidarla, protegerla de poderes fácticos o no. Las elites universitarias no supieron proteger a su democracia, la usaron con el mayor descuido porque así convenía a sus fines inmediatos. El error lo pagó la democracia.

Los temas de la autonomía y la democracia han cobrado un nuevo interés. El congreso del Estado ha informado que en la agenda legislativa se encuentran iniciativas de ley respecto a la Ley Orgánica de la UAS, el marco general de la discusión es la reciente Ley General de Educación del estado de Sinaloa, la cual abre la posibilidad de iniciar procesos abiertos de deliberación sobre algunos aspectos cruciales de la vida de la institución. Las autoridades de la Universidad se han opuesto rotundamente a esa discusión, reclamando que únicamente los universitarios tienen el derecho a promover cambios legales en sus documentos básicos, particularmente en la Ley Orgánica, de no ser así, denuncian, se estaría violando la autonomía de la Universidad.    

El debate público sobre el tema ha adquirido un tono político debido a que sus dos actores principales fueron rectores de la Universidad, el gobernador Rubén Rocha Moya y el líder del Partido Sinaloense (PAS) Melesio Cuén Ojeda. Hay verdad en ello, pero es parcial. Pasa que los actores involucrados y los medios han logrado imponer una imagen distorsionada de la confrontación, según la cual la democracia universitaria no converge con la calidad educativa, en primer lugar, y, en segundo, de lo que se trata es sacar a un partido para que entre otro. Representación interesada con la que se vuelve a meter entre las patas de los caballos la participación directa de estudiantes y maestros en los procesos de nombramiento de las autoridades académicas y al mismo tiempo desviar la atención sobre el principal problema principal que padece la Universidad, la instrumentalización política, una desviación que data de tiempo atrás que no inicia con Cuén Ojeda, pero es quien la ha llevado al extremo de crear y cobijar un partido político amparado con la autonomía, al punto que debió haber sorprendido incluso a quienes lo apoyaron extramuros para que llegara a ser rector.

Los límites fueron rebasados por quienes tiene la UAS bajo su recaudo, quienes con fingida inocencia exigen que no se viole la UAS desde afuera, cuando ellos lo hacen cotidianamente desde adentro.


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Comentarios

Una respuesta a «Democracia y autonomía en la UAS»

  1. Avatar de Jorge Armando Viedas Esquerra

    Esperaba tus comentarios si re el tema Callon, y como siempre excelentes.
    Muchas gracias.