por Sergio Cervantes
FIFA es la gran Puta de Babilonia, una transnacional que se vende al mejor postor y se convierte en la más abyecta aduladora del gobernante anfitrión en cada edición de la Copa Mundial. En mi vida solo he conocido tres dirigentes de FIFA: Joao Havelange, Joseph Blatter y el actual Giani Infantino, y todavía no logro dirimir cuál de los tres ha sido más corrupto y más lamebotas del poder en turno.
En una conferencia de prensa que presidía la delegación de Brasil le tocó el turno de tomar la palabra a Vinicius Jr. y ante una pregunta en inglés el pidió conversar en español y el periodista, que lo manejaba perfectamente, dijo que no podía porque era regla FIFA realizar todas las preguntas en inglés. No sé molestaron en pensar que el mundial se realizaba también en un país de habla española como México y que por ello debería ser una de las lenguas oficiales de este mundial. No. Nada. Solo se habla inglés.
Era evidente que eso era un guiño al patrioterismo de Donald Trump, quien abiertamente ha declarado su desprecio por toda la cultura hispana y sus migrantes en Estados Unidos. Finalmente, la FIFA no pudo sostenerse en esa postura y permitió que se hablara también español en este mundial. Las ironías del destino, quisieron, como para echarle en cara a la FIFA sus actos de lambisconería, que la final del torneo que se jugará este próximo domingo 19 de julio se lleve a cabo entre dos países que comparten la misma lengua y cultura que tanto desprecia el gobernante anfitrión, a quien la FIFA le obsequió una revocación de tarjeta roja para uno de sus seleccionados.
Argentina y España han llegado a la final y no puedo decir que por merecimiento propio de cada una, porque en el caso de Argentina estuvo muy cuestionado tanto su recorrido para llegar hasta esta final como los arbitrajes que recibió. Argentina enfrentó una serie con selecciones muy alejadas del top mundial como Argelia, Austria, Jordania, Cabo Verde, Egipto y Suiza, y aun así tuvo serias dificultades para ganarle a varias de ellas, que si no hubiera sido por decisiones arbitrales que la favorecieron, muy probablemente no hubiera llegado hasta esta instancia final. Una tarjeta roja perdonada a Messi, un gol anulado a Egipto, una expulsión de un atacante suizo, un penal por aquí otro por allá, todo eso junto levantaron una ola de indignación y sospecha de que este mundial estaba arreglado por la FIFA para que el ídolo de masas Messi y su selección llegaran hasta la gran final.
En cambio, España empezó con el pie izquierdo su mundial y fue severamente vapuleada por eso. Que una de las favoritas empatase contra la desconocida Cabo Verde fue objeto de indignación y burlas mundiales al mismo tiempo. Para llegar hasta esta instancia España tuvo que enfrentarse a grandes potencias del futbol mundial como Uruguay, Portugal, Bélgica y Francia, sin generar polémicas por arbitrajes favorables ni por la presión de ningún ídolo de masas, que no tiene. Su actuación fue limpia, ganando su pase por la calidad técnica de su juego de conjunto y la madurez e inteligencia de su propio entrenador.
Gane quien gane, Trump ya perdió. Tendrá que entregar la copa o al capitán Rodrigo Hernández de España o a Leonel Messi de Argentina. Ni Francia, Alemania, Noruega o Japón, grandes potencias militares y económicas pudieron lograrlo, muy a su pesar después de la eliminación temprana del propio Estados Unidos. En estas dos selecciones que veremos luchar por el campeonato pasado mañana se encarna la solidaridad, la empatía, la generosidad y el orgullo y dignidad de su raza que siempre ha resistido al sometimiento que ha querido imponer desde el siglo XIX el mundo anglo al mundo hispano. En 2010 España le ganó la final a una de sus ex colonias, Holanda, por el mínimo marcador de 1 a 0. ¿Se repetirá ahora el mismo resultado contra otra de sus ex colonias como Argentina, o se impondrá contra viento y marea la favorita de la corrupta FIFA, que siempre antepone el lucro y la ganancia al «fair play» que dice defender?
