Revista del Pensamiento Político

El fútbol también puede leerse.

Por: Edgar Francisco Hernández Cervantes “Borre Hernández”. 

A nivel global, se estima que una de cada dos personas mantiene algún tipo de vínculo con el fútbol: ya sea practicándolo, viéndolo por televisión, streaming, o acudiendo a espacios deportivos donde se desarrollan torneos amateurs o profesionales. Este dato permite afirmar que, al menos la mitad de la población mundial, unas 3 mil 500 millones de personas, sabe mínimamente qué es un gol.

Pero el fútbol no sólo se juega en la cancha. También se conversa, se recuerda, se canta, se sufre, se escribe y, por supuesto, se lee. Pocos deportes han producido tantas historias como el fútbol: relatos de barrio, gestas nacionales dignas de batallas memorables, derrotas que siguen doliendo, ídolos populares, milagros y tragedias.

No es casualidad que en países sudamericanos, donde el fútbol forma parte de la identidad colectiva de una manera más acentuada, este deporte haya dado lugar a una literatura tan poderosa. Uruguay y Argentina, por ejemplo, no sólo han producido campeones del mundo, sino también algunas de las mejores páginas escritas sobre el juego.

El historiador uruguayo Eduardo Galeano tiene entre sus grandes obras una muy famosa titulada El fútbol a sol y sombra, que reúne textos cargados de anécdotas y pasajes emblemáticos: el silencio del Maracaná en la final del Mundial del 50; historias de jugadores legendarios como Garrincha, Pelé o Maradona; figuras imprescindibles como el árbitro, el gol y los hinchas; así como críticas oportunas al negocio voraz en que se ha convertido el llamado “mercado de piernas”.

Se trata de una obra que también está disponible en audiolibro en diversas plataformas digitales, narrada por la voz del propio Galeano, quien, por cierto, fue un duro crítico de las políticas comerciales que han predominado en el fútbol contemporáneo dirigido por la FIFA. 

En Argentina, como podemos imaginar, la literatura inspirada en el fútbol es abundante. Ahí están, para empezar, los cuentos de Osvaldo Soriano, como El penal más largo del mundo, o los de Roberto Fontanarrosa, de quien recomiendo ampliamente Memorias de un wing derecho, en el cual le da vida a un jugador de fútbol de mesa (futbolito), conocido en aquel país como “metegol”. Leerlo te introduce en una atmósfera de fantasía, nostalgia y amor por lo que Fontanarrosa considera “como la única verdad”.

En ese cuento, por cierto, se basó la película animada Metegol (2013), dirigida por Juan José Campanella. En el soundtrack aparece la canción Me vieron cruzar, de Calle 13, considerada por muchos un himno motivacional.

En la adaptación del guión, cabe mencionar, participó también Eduardo Sacheri, profesor de historia y otro autor de maravillosos cuentos de fútbol. De él recomiendo con mucho afecto Esperándolo a Tito, un relato sobre un desafío entre dos equipos de barrio, acérrimos rivales, que esperan la posible llegada de un viejo compañero de esos duelos. La expectativa no es menor: aquel jugador, que durante años formó parte de esos desafíos, se ha convertido ya en un futbolista profesional de un club europeo que disputa la Champions League

Todos estos cuentos, por cierto, pueden encontrarse en videos de YouTube con la magistral narración del locutor Alejandro Apo, quien llevó la magia de la literatura a la radio y, de la radio, a las plataformas digitales. Por eso los libros son viajeros incansables: cruzan formatos, generaciones y canchas para seguir encontrando lectores.

Sacheri, además, tiene una novela titulada Papeles en el viento (Juan Taratuto, 2015), llevada al cine en una hermosa película protagonizada por Diego Torres, el cantautor de Color esperanza (saber que se puede, querer que se pueda). Los personajes de la historia, al igual que su autor, son hinchas fanáticos de Independiente, uno de los llamados cinco grandes clubes de Argentina, junto con Boca Juniors, River Plate, Racing y San Lorenzo. La trama gira en torno a la compraventa de un joven jugador promesa, pero en el fondo habla también de amistad, lealtad, amor paternal y otros valores que sólo el fútbol puede mantener tan vivos. 

Y es desde esa cancha literaria sudamericana que podemos mirar hacia México, un país donde el fútbol también ocupa un lugar destacado en la vida popular. Basta pensar en el llamado clásico de clásicos. Cuando se juega un Chivas-América, el país parece dividirse casi por completo en dos. La carrilla del día siguiente, para quien pierde, es insoportable.

Ese vínculo con el deporte más popular del mundo tiene una larga tradición en nuestro país. La práctica deportiva o recreativa con una pelota de por medio está presente en territorio azteca desde el nacimiento de los pueblos y comunidades indígenas. Tal vez eso explique nuestra permanente relación con el fútbol.

Desde el primer Mundial, en Uruguay 1930, México tuvo representación, y lo hizo nada más y nada menos que desde el partido inaugural. Vale recordar que la Selección Mexicana ha sido parte de un juego inaugural, contando el actual Mundial, en ocho ocasiones. Nadie tiene ese récord, como tampoco nadie tiene el récord de organizar tres veces la Copa del Mundo: 1970, 1986 y 2026, aunque esta vez compartiendo la anfitrionía con Estados Unidos y Canadá.

Esto último genera, además, otro dato curioso: México es anfitrión de la primera Copa del Mundo organizada por tres naciones. La última vez que un Mundial fue organizado por más de un país ocurrió en 2002, en Corea-Japón.

Además, a nivel nacional hay equipos profesionales en gran parte del territorio; en total, en 14 estados de la República, muchos de ellos con una fuerte identidad y tradición, que han hecho de este deporte el de mayor afición entre los más de 126 millones de mexicanas y mexicanos.  

Por todo ello, no es casualidad que este deporte-espectáculo haya sido fuente de inspiración de múltiples textos, cuentos, novelas, artículos de investigación, libros académicos y obras de muy diversos géneros.

En el país donde se canta el Cielito lindo durante los partidos de la Selección, Juan Villoro es uno de los jugadores estrella en la cancha de las letras futboleras. Con libros ya convertidos en referentes del género, como Dios es redondoBalón dividido y, recientemente, Los héroes numerados, el también aficionado al Necaxa ha construido una prosa fantástica que rompe las redes.

De Villoro guardo, además, un bonito recuerdo de infancia. Mi padre me regaló su libro El profesor Zíper y su fabulosa guitarra eléctrica, que leí a la edad de 11 años, durante un viaje en autobús de Culiacán al entonces Distrito Federal, en 2003, junto a mi madre, durante unas vacaciones de Semana Santa en las que fuimos a visitar a mis hermanas Tania y Aleida, quienes vivían la capital. De aquella estancia conservo como uno de mis mejores recuerdos haber entrado al Estadio Olímpico Universitario para ver un partido de Primera División entre los Pumas de la UNAM y los Tecos de la UAG.

El Estado de Sinaloa, por su parte, no se queda atrás en el también llamado deporte de las patadas. Aunque el béisbol predomina durante los meses del año en que juegan los Venados de Mazatlán, los Tomateros de Culiacán, los Cañeros de Los Mochis y los Algodoneros de Guasave, también tenemos una historia especial con el fútbol. Una historia que se ha escrito en letras doradas, con el club nacido a orillas del Río Humaya, por el cual han pasado grandes figuras locales e internacionales, desde el Guty Estrada hasta Pep Guardiola, sin olvidar a Diego Armando Maradona, quien fue su director técnico entre 2018 y 2019, llevándolo a disputar dos finales de ascenso. Desde septiembre de 2024, a causa de la situación de violencia, Dorados juega de local en el estadio de los Xolos de Tijuana en una liga profesional que, por un tema de mercado, no tiene derecho a ascender a Primera División. Mientras tanto, en Culiacán todavía lo seguimos esperando. 

Pero la relación de Sinaloa con el fútbol no se agota en Dorados. La tierra de grandes ídolos del balompié nacional como Jared Borgetti, Héctor Moreno, Joel Huiqui, el “Venado” Medina o el “Maza” Rodríguez, sólo por mencionar algunos, ha adoptado como uno de los suyos al doctor Arturo Santamaría Gómez, chilango naturalizado sinaloense, quien ha llevado la pasión por el fútbol a sus obras académicas. Recientemente el doctor Santamaría publicó, en co-autoría con Eduardo Sáinz Díaz, el apasionante libro titulado Turismo y Fútbol 2026, repleto de datos, estadísticas e interesantes reflexiones sobre el impacto de este deporte en la industria turística del país, especialmente de cara al Mundial. Una excelente oportunidad para sumergirse en las letras inspiradas en el juego de once contra once corriendo detrás de un balón. 

Sirva, pues, toda esta fiebre futbolera que vive México a propósito de la Copa del Mundo, y en la víspera del quinto partido contra Inglaterra, para acercarnos también a la lectura inspirada por esta actividad deportiva.

De acuerdo con el Módulo sobre Lectura 2025 del INEGI, una encuesta que mide el comportamiento lector de la población a nivel nacional, las mexicanas y los mexicanos dedicamos en promedio hasta 59 minutos diarios a la lectura. Bien podemos aguantar más de medio tiempo leyendo y, con un poco más de esfuerzo, hasta el partido completo.

Ese esfuerzo empieza a tomar cada vez más impulso en distintos espacios: en las ferias del libro que se realizan en múltiples ciudades de la República y en proyectos como 25 para el 25, impulsado por el Gobierno de México, encabezado por la Presidenta Claudia Sheinbaum, a través del Fondo de Cultura Económica, con la entrega gratuita de 2 millones y medio de libros para fomentar el hábito de la lectura, especialmente entre jóvenes de 15 a 29 años.

Porque el fútbol también se juega con palabras. Y, cuando se lee bien, podemos anotar grandes golazos.

Borre Hernández


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