Revista del Pensamiento Político

La pelota sigue rodando: México entre el sueño y el mercado

Federico Piña Arce

Contra los pronósticos de muchos —por favor, inclúyanme—, la selección mexicana avanzó a los octavos de final. Ha jugado cuatro partidos y disputará el quinto, la misma cantidad que en 1986; aunque entonces, por el menor número de selecciones participantes, llegó hasta cuartos de final. Es decir, este equipo aún no iguala ni supera lo hecho por aquel conjunto dirigido por Bora Milutinovic.

En aquella ocasión, con dos triunfos de 1-0 —ante Bélgica e Irak— y un empate contra Paraguay, México clasificó a octavos. Ahí enfrentó a Bulgaria, a la que venció dos goles a cero; después, como casi todos recuerdan, perdió el quinto partido en penales ante Alemania.

Hay un dato curioso, anecdótico, pero digno de resaltarse: cuando la selección mexicana avanzó en los dos mundiales anteriores disputados en nuestro país, perdió contra equipos que terminaron jugando la final. En 1970 cayó ante Italia, que después perdería frente al Brasil de Pelé; y en 1986 fue eliminada por Alemania, que más tarde caería ante la Argentina de Maradona. Nada más y nada menos: Pelé y Maradona.

En esas dos ocasiones ganó el futbol. Ambas selecciones —Brasil y Argentina—, plagadas de enormes jugadores y lideradas por dos leyendas mundiales, desplegaron un ritmo de juego delicioso. Llevaron este deporte a una de sus máximas expresiones, fascinando a los creyentes y convenciendo a miles de escépticos que menospreciaban, muchos por desconocimiento y otros por envidia, los misterios de este maravilloso deporte.

Paso perfecto: las condicionantes

Existen varias explicaciones para entender el paso de esta selección, a la que todavía le faltan algunas —quizá pocas— valencias para encarar con plena confianza a potencias como Argentina, Brasil, Francia o Noruega en cuartos de final. Pero también hay certezas: si este equipo juega por encima de la “estrategia aguirrista”, podría aspirar a dar un enorme paso, uno que lo coloque en el nivel de una potencia media del futbol internacional.

Una primera explicación radica en la ventaja de la localía. Jugar en un estadio con tanta historia como el Azteca —el único que ha albergado tres inauguraciones mundialistas—, lleno a reventar con más de 80 mil aficionados, es un escenario que impresiona a algunos y atemoriza a otros.

Sin duda, esa localía ha pesado en el ritmo de juego de los rivales y ha alentado el desempeño de los mexicanos. Aunque, en ocasiones, ser local no ha sido ventaja sino una pesada losa. Ahí está Brasil: ha tenido la Copa Mundial en casa dos veces, pero la presión de su propia afición jugó en contra. En 1950, con el famoso “maracanazo”, perdió la final ante Uruguay; y en 2014 fue eliminado por Alemania en semifinales con un contundente 7-1. Así que la localía sirve siempre y cuando se aproveche para explotar el buen futbol y la afición no convierta la fiesta en velorio.

Otra posible explicación está en el bajo nivel mostrado por los rivales de los cuatro partidos anteriores. Ni Sudáfrica, ni Corea del Sur, ni Chequia, ni siquiera Ecuador pusieron a la selección en verdadero peligro. Sudáfrica y Corea intentaron jugar a no perder. México se encontró con errores de sus rivales y los aprovechó para ganar, aunque también, al menos en los dos primeros partidos, prevaleció la “estrategia aguirrista”.

A Ecuador le pesó el escenario. Si bien cuenta con jugadores bien rankeados en el futbol mundial y acostumbrados a estadios llenos con aficiones en contra, por el tipo de juego que desarrolló y por los errores tácticos y estratégicos que cometió, cualquiera podría aceptar que el Azteca, lleno a reventar, lo apanicó.

Pero, en general, Ecuador —a pesar de haber vencido a una Alemania muy disminuida, que al final fue eliminada por Paraguay en penales— no mostró un futbol de conjunto que equiparara la calidad de algunas de sus individualidades.

Una última explicación, quizá la más importante para el futuro inmediato de la selección mexicana, es que durante los primeros 45 minutos del partido contra Ecuador el equipo desarrolló un futbol que, por momentos, fue superior al mostrado por muchas selecciones participantes, incluidas varias de las llamadas “potencias”.

Se podría decir que eso fue posible por el débil desempeño del contrario. Sin embargo, la demostración de que este grupo cuenta con jugadores capaces de desplegar un buen y efectivo juego de conjunto, con tácticas y estrategias bien definidas, enseña que, cuando el partido ofrece facilidades, hay que responder con futbol de alto nivel. El equipo del primer tiempo contra Ecuador lo demostró.

Más cobertura, menos calidad: pierde el futbol

La ausencia de calidad y buen futbol exhibida por los rivales de México parece demostrar que, mientras más crece en cobertura geográfica, el certamen mundial baja de nivel. Quizá también estemos en medio de una crisis del futbol. El hecho de que selecciones como Italia o Dinamarca no hayan calificado a este Mundial abona a esa hipótesis. Asimismo, salvo Francia, Argentina y quizá Noruega, las llamadas potencias —Brasil, España, Inglaterra— han mostrado un nivel de juego muy inferior al esperado.

Sí, muchas de ellas están en proceso de renovación; pero, fuera de Vinícius, Haaland, Raphinha, Lamine Yamal, Rashford y algún otro por ahí, no se observa en el escenario inmediato una gran camada de jugadores capaces de abanderar esa renovación con verdadera calidad.

Por esas razones puede entenderse la estrategia de aumentar el número de participantes: ante la baja de calidad, y para mantener e incrementar el mercado, hay que lograr que más naciones “sientan” la Copa. Aunque pierda el futbol. Téngase presente que el próximo Mundial se jugará ¡en tres continentes! Excelente negocio: no importa tanto la calidad como la ganancia.

¿Seguirá el sueño mundialista?

Ante el agradable y buen futbol desplegado por la selección mexicana en el primer tiempo de su último partido, y frente a la mediocre actuación de Inglaterra, el pronóstico luce alentador: México puede avanzar al sexto partido y, ahora sí, “hacer historia”.

Sin embargo, a pesar de lo mostrado por los ingleses en la fase de grupos y en la primera eliminatoria, no puede descartarse que Bellingham, Henderson, Rashford, Kane o Madueke logren asociarse y presenten serios problemas para México. Pero, nuevamente, como ocurrió ante Ecuador, parece que la principal preocupación no será el rival, sino las decisiones que tome el técnico mexicano.

No se puede obviar que a nuestra selección le cuesta competir frente a equipos de auténtica élite. Ha perdido en fases eliminatorias contra conjuntos como Italia, Brasil, Holanda o Alemania, e incluso contra selecciones menos potentes, en el papel, que la nuestra, como Bulgaria o Estados Unidos.

A pesar de que el llamado “cuadro bajo” de la selección mexicana, con excepción de Johan Vásquez, ha exhibido cierta falta de concentración y dudas en su ubicación, la estructura formada desde la media cancha por Lira, Romo, Mora y Alvarado, junto con la delantera de Quiñones y Raúl Jiménez, puede competir con una selección como la inglesa y derrotarla, quizá incluso con cierta holgura.

El tema es: ¿mantendrá Aguirre esta alineación o persistirá en su “estrategia” de no perder y apostar a los errores del contrario? La selección nacional tiene cartas para ganar el siguiente juego y, siguiendo un aparente guion, llegar a “instancias finales”, como escribirían los expertos. ¿Pesará más el deporte o volverá a ganar el mercado?


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