Luis Gustavo Kelly Torreblanca
Terminó el encuentro entre México y Ecuador. La selección mexicana dio una demostración de poder y se impuso en un partido que en las vistas previas se auguraba sería mayormente cerrado, con una ligera ventaja para México por su localía en el Estadio Azteca -ahora mal llamado, para mi gusto, Estadio Ciudad de México- donde se presentaba un combinado ecuatoriano con grandes figuras presentes en los mejores equipos europeos como los son Moises Caicedo del Chelsea y Piero Hincapié del Arsenal, ambos de la Liga Premier inglesa y Willian Pacho del equipo campeón de Champions League y de la Ligue 1 francesa, el Paris Saint-Germain (PSG).
El partido inicialmente se vio retrasado por la lluvia que caía en la capital del país, aplazándolo por espacio de una hora, situación que ha sido poco común en este mundial; solo el partido de Francia vs Irak, celebrado en el Estadio Filadelfia, retrasó por dos horas su segunda parte por condiciones climáticas. No obstante que la suspensión temporal acrecentó en su momento la incertidumbre previa al silbatazo inicial, los primeros toques del equipo nacional serían reconfortantes.
No recuerdo un equipo nacional jugando a esto. He visto desde 1994 los mundiales; desde aquel mundial en Estados Unidos donde el Brasil de Romario, Bebeto y Claudio Taffarel doblegaron a la Italia de Pagliuca, Roberto Baggio y de un joven Paolo Maldini. Buena parte de ese y de los mundiales siguientes los viví con un tremendo fervor por el TRI, hasta que llegamos a los octavos de final en el mundial Corea-Japón 2002, donde justamente Javier Aguirre, quien era entonces director técnico de la selección, tenía enfrente a un Estados Unidos que se presentaba como un rival a modo para acceder a los cuartos de final.
Si he tenido un momento de rompimiento, de divorcio, una suerte de exorcismo futbolístico fue el México vs Estados Unidos disputado en Corea del Sur. Era el equipo de trámite. Creo que así lo sentíamos la mayoría. Quizás por eso el dolor fue inconmensurable. Odié a McBride y a Donovan por años. Sólo era equiparable con lo que sentía -negativamente- por Jorge Vergara y la añoranza de aquellas Chivas del verano de 1997 que, de la mano de la entonces Promotora Deportiva Guadalajara encabezada por Salvador Martínez Garza, habían marcado época. Creo que con los años he cambiado un poco mi perspectiva sobre Vergara, pero mi relación tanto con la Liga Mx como con la Selección Mexicana quedó cuarteada desde entonces.
Me volví un escéptico del futbol nacional, pero en cierto sentido también un realista, aunque esto solo desde mi perspectiva. Al final soy un aficionado como cualquier otro. Creo tener razón en los argumentos que expongo para entender el por qué siempre nos hemos quedado en el camino, pero también sé reconocer las buenas actuaciones de la selección. Hoy fue el caso.
México pasó por encima a Ecuador al son de 2 goles por 0. El Azteca hizo lo suyo, la afición también y la selección no fue la excepción. No sé si decir que me siento satisfecho sea prudente. Quizás un poco este día, la selección y yo resarcimos ese daño y esa deuda que yo creía teníamos pendiente. Cuando quedamos eliminados en 2006 en Alemania, frente a una poderosa Argentina, ya me había acostumbrado a llegar hasta octavos. Es lo que había vivido en Estados Unidos 94, Francia 98 y Corea-Japón 02. Pasé por el “No era penal” de Brasil 2014, Rusia 2018 y la debacle de Qatar 2022, de la cual está de más recordar.
Hoy, selección, ganes o pierdas, has demostrado tener el temple para jugar tus partidos, dominarlos, sufrirlos cuando ha sido estrictamente necesario; y has demostrado también que un equipo competitivo es posible. Debo agregar que dejé también de ser el iluso que esperaba que la selección llegara a más en un mundial. Se que los equipos a los que se ha enfrentado la selección quizás no hayan sido los top mundiales, que los enfrentamientos posteriores serán más difíciles y que poder pelear una final de copa del mundo es un destino poco probable, pero… ¿y si sí?
P.D. Sigamos de cerca a “Morita”.
