Revista del Pensamiento Político

El quinto partido 

Edgar Francisco Hernández Cervantes

México mantiene un paso perfecto en el Mundial 2026: ha ganado cuatro juegos de manera consecutiva, sin recibir un solo gol; fue líder en la fase de grupos y acaba de ganarle a Ecuador en los dieciseisavos de final, en el Azteca, jugando auténticamente de local. No solo en el Estadio, sino en toda la República Mexicana.  

El país está de fiesta. Los juegos de la Selección paralizan actividades a nivel nacional. En las ciudades sede, como CDMX o Guadalajara, se emiten decretos presidenciales para flexibilizar horarios laborales en oficinas gubernamentales, promover la modalidad home office para el sector productivo y suspender clases en las fechas que juega el Tri. 

Anoche que ganaron los mexicanos, las calles del país se llenaron de gente festejando. En Culiacán, la ciudad donde vivo, con amplia tradición beisbolera, los culichis se volcaron a La Canasta y al monumento conocido como El Queso en Valle Alto a celebrar el triunfo mexicano. El fútbol es una tregua al fuego citadino, fuego de calor, fuego de violencia. O incluso un remedio para el susto por el sismo de esa misma mañana. Nada más eso nos faltaba. 

Un festejo así en la capital sinaloense, sólo se recuerda cuando Los Tomateros, representando a México, ganaron la Serie del Caribe en 1996 o en 2002. O cuando Julio César Chávez, después de conquistar sus coronas mundiales, volvía a Culiacán con su familia y la gente salía a las calles a recibirlo. El propio Julio, durante una entrevista, confiesa llorando, con la injusta culpa del campeón, que no se perdonaba haber visto a tanta gente reunida en su ciudad tras haber perdido un campeonato del mundo y, con ello, su récord de 90 peleas profesionales invicto.

Un día después de la euforia, llega la calma. Esperamos rival. Vamos contra Inglaterra, lugar donde, se dice, inventaron el fútbol. Comienzan los nervios. Es inevitable. Es el quinto partido. El famoso quinto partido. Y contra una potencia del mundo. Pero creo que es tiempo de enfrentar nuestros prejuicios y los estigmas del pasado, o del presente; tanto dentro como fuera de la cancha: el “síndrome del Jamaicón”; el “ya merito”; el “jugamos como nunca, perdimos como siempre”; los “malditos penales”; el “no era penal”; “nos expulsaron al capitán”; “fue culpa del entrenador”; “sigan participando”. La lista se puede seguir alimentando. Juan Macías Guzmán, entrañable profesor, sociólogo e historiador de la UNAM, y también un apasionado del fútbol, añade dos más: “nos robaron el partido” y “no se nos dieron las cosas”.  

Hace 13 años tuve la suerte de pasar por las aulas de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y conocer las clases magistrales del Profe Juan, quien, por cierto, daba gran oportunidad de participación. En salones abarrotados de estudiantes, nos enseñaba historia de México y, dado que formaba futuros politólogos, políticos o servidores públicos, sus clases tenían la secuencia de los sexenios presidenciales. Cada seis años nacía la esperanza de un nuevo México. Desde Lázaro Cárdenas del Río (1934-1940) con la expropiación petrolera; pasando por Miguel Alemán Valdés (1946-1952) con el “milagro mexicano”; José López Portillo (1976-1982) con su “vamos a administrar la abundancia”, o “la entrada de México a la modernidad” de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994); Vicente Fox Quesada (2000-2006) y su “transición a la democracia”, hasta Enrique Peña Nieto (2012-2018) y el regreso del “nuevo PRI”, la ilusión de volver a empezar cubría el manto de nuestra nación, creyendo de nuevo en el milagro. 

En política, nuestra ilusión se renueva cada seis años. En el fútbol, cada cuatro. Los políticos no son futbolistas, y los jugadores no tienen por qué ser políticos (cuando lo son, logran decepcionarnos con rotunda facilidad), pero, qué remedio, les toca el papel de mover a las masas, ilusionar a un pueblo entero. 

El domingo tenemos una cita con la verdad. México tiene la oportunidad de superarse a sí mismo: ganar el quinto partido. Liberarse de sus estigmas. Demostrar de lo que estamos hechos, no solo en la cancha, sino en el día a día. Nos levantamos de los terremotos; migramos por largos kilómetros en busca del sueño americano; nos deportan y volvemos a cruzar la frontera. Nos roban el territorio y lo volvemos a poblar con millones de nuestros paisanos. Es la hora de las y los mexicanos. Es momento de ganar. Con suerte y hasta el Mundial. 

 “Borre Hernández”.  


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