Federico Piña Arce
La selección mexicana de fútbol ha calificado a la siguiente ronda, en esta edición 2026 del mundial de fútbol, lo hace por décima vez, seis de ellas invicta, aunque es la primera vez que califica invicta y con nueve de los nueve puntos disputados y, además, sin recibir gol en contra, hecho que la mayoría de los “expertos” ya califica como histórico.
La esperanza y la realidad
La catarsis que han despertado, en miles de mexicanos, los triunfos de la selección sólo se pueden explicar como un giro inesperado a la felicidad, porque la memoria tiende a guardar más los dolores que las alegrías, y los triunfos parece que hacen sentir que el sufrimiento experimentado en los últimos años, por fin tuvo algún sentido.
Es siempre la esperanza renacida de algo más grande, algo que dure y perdure en la memoria. Un grito, saltos de euforia, “volar” de alegría o sinrazón, sólo sumarse a la fiesta. Se puede resumir en ese instante en el que, cuando ya todo parecía difícil o improbable, el dolor encuentra su liberación.
El mexicano grita, llora, salta, “vuela” ahora, porque sabe muy bien que esto no va a durar para siempre y de la misma manera. El deporte, como la vida, no garantiza nada más que la seguridad de la muerte. Por ello, para el pueblo trabajador, el fútbol y los triunfos de su selección representan un escape de su realidad cotidiana.
En la siguiente ronda las circunstancias seguramente cambiarán, y el fútbol, que no perdona, pero a veces suele ser indulgente con los débiles, pondrá al equipo frente a sus grandes y graves limitaciones reales o lo dotará de un espíritu desconocido y romperá tabúes.
Sin embargo, La eliminación puede llegar como llega siempre. Y cuando suceda, quizá una parte de la misma afición que cantó en el Ángel, en el zócalo, en las calles, en los parques públicos, volverá a encontrar motivos para el enojo, quizá con más fuerza. Otra parte seguirá buscando asirse con desesperación a alguna bandera a algún estandarte, para seguir evadiendo su cruda y dolorosa realidad.
Hasta ahora este equipo, -con una generación muy cuestionada-, su gente, esa que no tuvo acceso a los estadios, aquella que brinca, grita y “vuela” frente a las pantallas, se han ganado el derecho a noches y días en que todo ha salido bien. Subsiste con más fuerza, impulsada por la mercadotecnia, y los “expertos”, la ilusión, la esperanza de un quinto partido o quizá más. Ya los “expertos” y los que hacen la farsa de las transmisiones, hablan de Inglaterra como “rival en octavos”, es decir en el quinto partido.
la migración, la cara que esconde una doble moral.
Otra gran faceta que este mundial ha enseñado, pero que los grandes medios de comunicación masiva han escondido o callado, es la diversidad pluri-étnica de casi todos los equipos participantes. Existe la premisa, difundida por la ultraderecha en el mundo, en especial la estadounidense, con Trump a la cabeza, que los extranjeros -los “aliens”, según el presidente de los EUA-, debilitan a las naciones. Este maravilloso deporte demuestra que esa, como muchas más, es una gran mentira.
Este mundial, que según las estadísticas y los reportes es el más visto de la historia, por la sencilla razón de la mayor cantidad de selecciones, se está jugando, en buena medida, gracias a esas personas, jugadores y familiares que, según algunos de los líderes, deberían estar del otro lado de un muro, detenidos, o de regreso a sus países.
La selección estadounidense, en duro contraste con la retórica impuesta desde la Casa Blanca, es uno de los equipos más multiculturales y multiétnicos de este torneo.
Otras selecciones demuestran en su composición esta característica. Las selecciones de Francia, de Inglaterra, la selección alemana que en dos décadas renovó su identidad futbolística incorporando a jugadores de origen turco, polaco, tunecino y ghanés. El caso de España con Lamine Yamal, el jugador más destacado, hijo de padre marroquí y madre ecuatoguineana.
En cada selección europea de primer nivel se repite el modelo: Portugal, Bélgica, Países Bajos, Suiza. Gracias a su composición étnica las selecciones de estos países son más fuertes.
Existe un hecho que explica la presencia inmigrante en este mundial, se llama humanidad. Las comunidades exitosas que han sabido privilegiar las conexiones humanas, han aportado humanidad a la calidad de vida de sus habitantes.
¿Es histórica esta selección?
Lo que se ha revelado dentro de la cancha pareciera ser lo de menos para los aficionados. Las debilidades y los errores de los oponentes, se creen cosas muy menores, tampoco que no exista hasta el momento un equipo con personalidad, con un cuadro titular fijo, porque las loas de los que hacen una farsa de las transmisiones televisivas se han encargado de colocar una falsa sombra sobre los ojos y oídos del público, señalando, por ejemplo, que el actual técnico es el “mejor de la historia”, o que, como decía, ya dan como un hecho el juego contra Inglaterra, entre otras lindezas.
Contra lo que se diga en los medios, considero que la selección que compitió en el mundial de Francia 1998, es mucho mejor que la actual. Jugadores como Carlos Hermosillo, Ricardo Peláez, Benjamín Galindo, Cuahtémoc Blanco, García Aspe, Luis Hernández, Claudio Suárez, Ramón Ramírez, entre otros tenía una gran personalidad. Eran jugadores de calidad, pero con algo muy importante, eran de garra, de pelea, de lucha.
Los resultados hablan de está característica: los tres partidos que jugaron en la primera fase los comenzaron perdiendo, primero contra Corea, a la que terminaron ganando, después contra Bélgica, remontaron un marcador de 2-0, empatando el partido, lo mismo que ante Países Bajos -en ese tiempo aún Holanda-, empate que les dio la calificación, invictos también.
Los tres países de esa fase y de ese mundial eran equipo de gran nivel. Ahora toca jugar contra Ecuador, selección contra la que, según las estadísticas, -que por cierto no juegan, pero valen-, se tiene una mejor diferencia a favor, en todos los encuentros disputados con ellos, es decir, en el papel una victoria se antojaría viable, quizá hasta sin problema.
De acuerdo con lo que hemos visto, Ecuador no sería el problema. El problema está en la disposición con que el “Vasco” Aguirre decida mandar a la cancha a los jugadores. Es decir, si permite que el equipo juegue como lo hizo en los 30 minutos del segundo tiempo del partido contra Chequía, en dónde quienes saben manejar, distribuir y mandar se encontraron y sin “la rienda” del resultado, jugaron bien, diferente, con gusto, o sea por encima de la estrategia de Aguirre, o mandará un cuadro que busque no perder, recuperando el estilo Aguirre. Esa será la diferencia en el partido.
No se puede olvidar que Ecuador le ganó a Alemania en el último partido de la primera fase y lo hizo jugando con pundonor, con garra, con valor. Claro, se dirá ante una Alemania disminuida, pero en un mundial eso poco importa, hay que ganar los partidos demostrando eso que los ecuatorianos enseñaron y que los mexicanos, sólo en lapsos se han atrevido.
Esperaría un resultado positivo, siempre y cuando el entrenador nacional “suelte” al equipo y alinee a los jugadores que saben hacerlo, que le pueden dar cierta personalidad, de lo contrario veremos un duelo sufrido, en dónde siempre estará presente la eliminación, porque Ecuador jugará al desgaste, a llevar el partido hasta las últimas instancias y ahí no se sabe cómo responderán los jóvenes y los veteranos.
El gobierno, los políticos, los empresarios estén -o quieran- aprovechar la euforia, la alegría de la afición, pero por encima de todos ellos, la gente grita, “vuela”, festeja. Esperemos que el eslogan con el que ha trabajado una cadena televisora, no se revierta. Que el ¿Y si sí?, no se convierta en un: Y si sí, jugaron como nunca, pero perdieron como siempre.
