Revista del Pensamiento Político

La “derrota” de Marcelo Bielsa

César Velázquez Robles

Marcelo Bielsa, el “Loco”, es un entrenador que difícilmente encaja en el modelo clásico. Está por encima de la media, simple y sencillamente porque agrega valor a su trabajo: reflexiona, filosofa, advierte horizontes y perspectivas mucho más allá de lo que simplemente está a la vista. Quiere que sus equipos, sus jugadores vean más allá de los árboles y alcancen a ver el bosque. 

Para algunos de sus dirigidos, el “Loco” es un chorero, un tipo al que le encanta marear la perdiz, en lugar de ir al grano y plantear a una táctica –que es para no perder- y una estrategia –que es para ganar-. En una época donde el resultadismo –no sólo en el futbol, sino en cualquier deporte- es fundamental, hablar sobre lo redondo del balón, es inocuo; se trata de ganar, y de ganar a como de lugar. Se trata de morir matando, no de morir jugando. 

Dicho en otras palabras: Bielsa, en la mejor tradición de entrenadores como César Menotti, Ángel Cappa, el propio Jorge Valdano, Pep Guardiola, es capaz de elaborar un discurso que es al mismo tiempo una declaración de principios, una seña de identidad y un sentido de pertenencia. Ese es el “Loco”. Genio y figura hasta la sepultura.

Por eso, la derrota de Uruguay es, más bien, la derrota de Bielsa. <<No dejo nada a Uruguay>>, dijo en la rueda de prensa, reflejando en sus palabras un profundo dolor: toda su teoría, su planteamiento, sus métodos estajanovistas de trabajo, saltaron por los aires luego de un bote algo bronco que Muslera no pudo detener. Fue la culminación de un mal juego, de dos empates que en el papel se esperaba fueran triunfos para llegar al encuentro con la Furia Roja disputando el liderato de su grupo. El sueño se trocó en pesadilla. Y su once no era malo. Derrotó a Argentina y a Brasil, dos de los grandes en el mundo, para ganar con toda legitimidad su pase al Mundial. Sin embargo, entró en una mala racha. Y desde octubre del año pasado, en que derrotó a Uzbekistan, dejó de saber lo que es una victoria.

Bielsa no se anda por las ramas. Es inasequible al desaliento, y no renuncia a sus principios, a su filosofía. Es el mismo en las derrotas que en los triunfos: “Soy tóxico. Relacionarse conmigo empeora al que se relaciona conmigo… Uno no disfruta por ganar. Teme por perder mucho más de lo que disfruta por ganar… Entonces, esa obsesividad está en la búsqueda de recursos que te alejen de la derrota y que te acerquen a la victoria”.

Ese es Marcelo Bielsa. Seguramente tendrá muchas más oportunidades de ver que florezcan sus ideas. 


Publicado

en

por

Etiquetas: