César Velázquez Robles
El choque Colombia-República Democrática del Congo confirmó que el futbol del país sudamericano tiene ya un perfil y una identidad muy consolidada. Ha dejado de ser un invitado de piedra para convertirse en un protagonista con una propuesta y un discurso futbolístico propios. Esta transformación ha sido un proceso gradual pero se ha acelerado en años recientes. Tiene tan buenos futbolistas que le da para exportar y alimentar a otras selecciones. El partido de ayer permitió constatarlo. Sólo fue la resistencia numantina de los africanos lo que impidió que cayeran más goles y un desafortunado desvío del zaguero fue lo que permitió el tanto que liberó del sufrimiento a los colombianos.
Pero me interesa sobre todo destacar al equipo del Congo. Lo que hizo permite advertir la enorme diferencia, abismal, en su futbol. Ha quedado ya en la noche de los tiempos su actuación grotesca en el Mundial de 1974, cuando una selección armada al gusto del dictador Mobutu Sese Seko fue de ridículo en ridículo, hasta hacer polvo los delirios de grandeza de un personaje que soñaba con ser una referencia en el concierto internacional. El que se vio sobre el empastado es otra cosa: un equipo ordenado, con limitaciones técnicas pero con un trato cariñoso del balón en algunos momentos, lejos del horrendo pelotazo que más bien es expresión de odio al esférico que tratarlo con sensibilidad y amor. Tengo para mí que el Congo, la República Democrática de El Congo, será uno de los grandes protagonistas del futbol mundial en los años venideros, y se hablará de tú con las que hoy son las potencias mundiales.
Bien. Mientras veía a ratos este encuentro, me llegaron varios recuerdos. Las primeras noticias que tuve de este país africano está asociadas a una figura legendaria: Patricio Lumumba, líder de la lucha de liberación contra la dominación colonial de Bélgica, periodo durante el cual las riquezas del Congo fueron expoliadas y saqueadas, su pueblo oprimido y sometido a una superexplotación en condiciones de esclavitud. Algunos historiadores cifran la cantidad de congoleses que perdieron la vida en 10 millones, un auténtico genocidio sobre el que se desplegó una parte de proceso de acumulación originaria de este imperio europeo.
Lumumba sería asesinado en 1961. El Congo vivió un periodo de inestabilidad y hacia mediados de los 60 asumió el poder Sese Seko, que fue apoyado por las potencias occidentales con el pretexto de frenar el avance del comunismo. Ahí continuó la noche negra del Congo, una dictadura que se prolongó durante décadas y un país al que su dictador luego bautizaría como Zaire. (Si su lectura ha llegado hasta aquí, no piense que seguirá como aquél que habiendo preparado un tema para el examen oral, lo tocó uno distinto. No. Esto fue sólo para darle contexto a dos acontecimientos ocurridos durante la larga noche del dictador. Uno se relaciona con el boxeo; otro con el futbol).
Zaire no pasaba de ser el exótico nombre con que Sese Seko bautizó al Congo. No pintaba en el mundo. Pero concitó la atención mundial en los años 70, cuando Don King en un recorrido por África buscando patrocinadores para la pelea entre George Foreman y Mohammad Alí, dio con Mobutu, quien vio ahí la posibilidad real de brillar con luz propia en el escenario global. Más o menos lo logró. Pocas peleas en la historia han logrado una proyección cuasi-universal, realizada en un estadio construido exprofeso, en medio de la selva, y que luego inmortalizaría el considerado como “padre del nuevo periodismo”, Norman Mailer, en su novela “El combate en la jungla”. Todo era muy exótico. Dos gladiadores disputando el título de los pesos pesados en una región inhóspita, en Kinshasa, en una zona de enormes riquezas de uranio y diamantes, entre otras, lejos de otros cosos deportivos como el Madison Square Garden, el Foro de Inglewood, el mismo Estadio Azteca, auténticas catedrales del deporte mundial.
Bueno, el caso es que la lavada de cara que buscaba Mobutu no logró gran cosa. Se supo dónde estaba el Congo, se airearon muchas de las trapacerías del dictador, y cada uno de los contendientes se llevó una bolsa de unos cinco millones de dólares, de la enorme riqueza acumulada por este sujeto que cuyo nombre completo, nos dice Infobae en un artículo de Matias Bauso, era “Mobutu Sese Seko Kuku Nbdengu Wa Za Banga que significaba algo así como El guerrero todopoderoso que va de conquista en conquista y que sólo deja fuego a su paso.
Este combate fue en octubre de 1974. Pocos meses antes, en junio, se había celebrado el Mundial de Futbol. Ahí participó el representativo del Congo, que entonces era oficialmente Zaire, el nombre africano con el que el dictador había rebautizado el país. Era una oportunidad, consideraba, para refulgir como estrella en el firmamento. De nuevo, cito a Bauso in extensu, con el permiso de ustedes:
“Zaire clasificó por primera vez a un Mundial. Alemania 74 los esperaba. El dictador nombró a los jugadores como embajadores de la nación. Tenía mucha expectativa puesta en ellos. Los colmó de honores y de promesas. Casas, millones y autos importados si lograban buenos resultados. Pero la realidad fue imposible de enmascarar. No sólo fue un desastre futbolístico, sino que Zaire y sus excentricidades y torpezas los convirtieron en el hazmerreír del campeonato. El debut fue con Escocia. Perdieron 2 a 0. Un resultado digno contra un rival europeo. Pero a Mobutu no le gustó. Exigió cambios y pidió castigos para el segundo encuentro. Las presiones del poder de Zaire hicieron que el DT cambiara al arquero (dicen que el suplente era amigo de un ministro) en medio del partido. Yugoslavia los vapuleó: ganó 9 a 0. La furia de Mobutu se escuchó desde Kinshasa hasta Alemania. Y, para colmo, todavía les faltaba Brasil. Pero los cariocas les hicieron precio. Consiguieron los tres goles que necesitaban para pasar de ronda.
Ese partido tuvo una de las escenas más curiosas de la historia de los mundiales, cuando ante los amagues de los brasileros en un tiro libre, un jugador de Zaire salió disparado de la barrera y de un puntinazo despejó la pelota antes que la tocara algún rival. Ese jugador, Mwepu Ilunga, debió haber sido expulsado el partido anterior por zarandear al referí, pero este le sacó la tarjeta a otro porque para él los hombres de color eran todos iguales (no fue el único gesto racista contra ellos: en el primer partido fueron varios los escoceses que escupieron a sus marcadores y les gritaban con desprecio “¡Negros!”). Al volver a su país varios jugadores fueron encarcelados por el dictador. En prisiones clandestinas los torturaron como castigo a su floja performance en el Mundial y por el escarnio al que sometieron a su país: tal vez lo que le molestaba a Mobutu fue que no pudo aprovechar la atención mundial para mejorar su imagen y realizar nuevos negocios.”
¿Cómo ven? Política y futbol. Futbol y política. Ahora viene la República Checa. Es un país que se reconstituyó luego de la caída del Muro de Berlín y del derrumbe del bloque soviético. Era parte de lo que luego de la Segunda Guerra Mundial conocimos como Checoslovaquia. Y por cierto: Checoslovaquia fue subcampeón en el Mundial de 1962 en Chile. Y más todavía: México derrotó 3-1 a los checos. Envío esta nota antes del partido. No confío en los ratones, pero espero que ganen.
