Revista del Pensamiento Político

El sabor y la esperanza del quinto partido

Federico Piña Arce

Con muchas dudas aún, la selección mexicana ya está calificada para la siguiente ronda del mundial 2026. De acuerdo con los expertos, la selección nacional podría jugar el cuarto partido contra Arabía Saudita, Cabo Verde o incluso contra Uruguay, en suma, contra la selección que ocupe el tercer lugar del grupo H.

¿Porque escribo ya sobre el cuarto partido si aún no concluye la fase de grupos?, no soy experto en crónica deportiva, pero, según los que sí saben y de acuerdo con los números México pasaría a la siguiente ronda en primer lugar de su grupo y quizá hasta invicto.

Esto, a los que nos gusta el fútbol, pero no tanto el cuadro nacional que compite ahora debería darnos gusto y llenarnos de ilusión ante la posibilidad de que nuestra selección, aprovechando la localía, pueda llegar, nuevamente, al famoso “quinto partido”, como lo hizo hace cuarenta años, en 1986.

Sin embargo, las malditas dudas, las inseguridades y los fantasmas de siempre impiden que esta ilusión prevalezca. He leído y visto que Javier Aguirre el técnico de la selección ha utilizado, en tan sólo dos partidos, a 22 jugadores, de los 26 convocados. Esto habla de una gran irregularidad, pero sobre todo que Aguirre está atrapado en los intereses del mercado y del dinero, por encima de lo estrictamente deportivo.

Es decir, hasta el momento, Javier no ha encontrado, o no ha querido encontrar, un cuadro base, para enfrentar los partidos con seguridad. Sin estrategia clara de juego, ha estado probando, intentando, apostando más a las individualidades de algunos jugadores que al juego colectivo. 

Parecería que las presiones de los intereses extra cancha están prevaleciendo en las decisiones del técnico. Parece que está pesando más el mercado que las capacidades y los valores de cada elemento del equipo. O quizá porque el técnico nacional, en pocos períodos de su vida profesional ha logrado que sus equipos jueguen con una estrategia definida y con una personalidad propia.

En casi todos los equipos que ha dirigido Javier, han prevalecido las individualidades. Lo que le ha facilitado su camino. La verdad que los “éxitos” del técnico sólo se pueden definir por su ya larga trayectoria. Javier Aguirre es un gran vendedor de imagen, de su propia imagen. Su estilo mordaz, duro, incluso insultante, le da una imagen de capacidad que pocas veces ha enseñado.

Seguramente contra la selección de la República checa (Chequia como ahora quieren que sea nombrada) Aguirre mandara un equipo con más cambios. Es probable que le permita a Guillermo Ocho retirarse jugando un último partido como seleccionado, y permita el ingreso de Mora y los otros jugadores que faltan, para cubrir la cuota con quien le paga y dejar contentos a todos, olvidándose del deporte.

Tal y como ha jugado “Chequia” y de acuerdo con los resultados obtenidos, México ganaría sin mayores problemas el compromiso del miércoles, y esto le dará a Aguirre el pretexto para los cambios, argumentando que estaría dando “descanso a algunos titulares”, que la clasificación ya está dada, etc., etc., pero las sorpresas que se han presentado en algunos grupos y la falta de ritmo de muchos jugadores de la selección nacional, así como el hecho de que muchos pocas veces han jugado juntos, podría permitir alguna sorpresa.

Creo que Aguirre seguirá con su “estrategia” de no perder, apostando a los errores del contrario y a las individualidades de algunos jugadores mexicanos. Por lo que, si consigue un empate, no sería mal recibido por la afición porque se argumentará que se lograron cumplir varios objetivos: mantener el primer lugar, calificar invicto, dar nuevo pretexto para la catarsis nacional, es decir el pueblo volcado entorno al Ángel, y permitir que la esperanza en buenos resultados en la siguiente fase llene los espacios periodísticos, para que la triste y dura realidad se mantenga contenida por la euforia y la esperanza del “quinto partido”.

La pelota seguirá rodando en México, seguirá la fiesta, pero el dolor de miles estará contenido, en suspenso. Hay que tener muy presente que un mal resultado podría volver esa catarsis, hasta ahora pacífica, en algo muy diferente. El país duele a pesar de la alegría por este maravilloso deporte.


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