Por Luis Gustavo Kelly Torreblanca.
Al calor del debate y del “hate”[1] en las redes, los hinchas argentinos se han acostumbrado a referirse al seleccionado tricolor por frases como “Ay, mi Mechico”, u “otro día en la oficina” para resaltar que jugar contra México es salir de paseo. En la misma tónica, Emiliano “Dibu” Martínez, portero de la selección argentina se hizo viral en el momento en que, para el mundial de Qatar 2022, grabó un video desde su casa donde observaba la ceremonia del sorteo final de la copa del mundo de ese año. Al conocer que México se encontraba en su grupo, el portero no escondió su felicidad, realizó un baile y exclamo su famoso “easy, easy” para reafirmar que el seleccionado mexicano no es un rival para Argentina. Por su parte, los mexicanos recurrieron a recursos como “Sí, sí, lo que tu digas, campeón… pero tráeme la cuenta por favor” para insinuar que los argentinos vienen a México a laborar en empleos de servicio debido a la situación económica precaria que vive su país. Lejos de contrargumentar, estas expresiones ponían el clasismo en las principales redes sociales.
Ante ello quisiera resaltar algunos puntos que permiten ver la diferencia entra ambos equipos. Primero, nuestras historias de futbol han recorrido caminos distintos. Mientras Argentina ha tenido un desarrollo del balompié que se remonta al siglo XIX, cuando inmigrantes británicos trajeron el deporte, siendo en junio de 1867 el primer partido oficial de futbol en Argentina; en México, este deporte llega a finales de dicho siglo aunque también de la mano de extranjeros ingleses quienes hacia 1900 fundarían el primer equipo de futbol del país, el Pachuca. Hay cuando menos 30 años de diferencia entre uno y otro.
Segundo, mientras la liga profesional en México son clubes manejados por empresas, en el futbol argentino lo que impera son las asociaciones civiles sin fines de lucro. Desde mi perspectiva, uno de los factores institucionales más importantes. La Asociación del Futbol Argentino (AFA) ha prohibido explícitamente la afiliación y participación en sus torneos de cualquier club constituido como SAD (Sociedad Anónima Deportiva). es decir, aquellas asociaciones que operan con el objetivo de obtener unicamente beneficios individuales y ganancias. En Argentina, el futbol es de la afición quienes deciden participar, gestionar, elegir a sus dirigentes, proponer fichajes, formar cuadros deportivos y quienes buscan reinvertir las ganancias en la propia institución. En México, el futbol fue privatizado desde hace mucho tiempo. Hay grandes corporaciones, principalmente medios de comunicación, que son propietarios de los equipos de futbol. Televisa, CEMEX, FEMSA, Tv Azteca, entre otros. La única excepción Cruz Azul que se mantiene como cooperativa, pero de manera general, lo que impera es la privatización, el fenómeno de la multipropiedad, y la eliminación de los ascensos y descensos deportivos. El deporte del futbol no le pertenece al aficionado, sino al dueño. El primero no tiene ni voz ni voto.
Tercero. Muy asociado al anterior punto: la corrupción. Debutar en el futbol mexicano es un tema de dinero. En Argentina, creo, persiste la idea de un mérito en la entrega del pibe que da su máximo en cada partido para seguir avanzando. En México, aunque seas bueno, no necesariamente debutas en fuerzas básicas o en equipos de la liga de ascenso o en la LigaMX. Como comentó en 2018 el periodista David Faitelson en una publicación del entonces twitter: Me lo cuenta, hoy, un compañero de trabajo: “Quise ser futbolista. En 3 o 4 clubes me pidieron dinero. En el último, el entrenador sugirió que tuviera relaciones sexuales con él…”. ¿Cuántas historias como esas en el futbol mexicano? En Argentina por supuesto que existe la corrupción, sin embargo, no es una barrera de entrada, sino se encuentra más centrada en la fuga de talentos y en el manejo de sus jóvenes futbolistas, lo que permite entender la diferencia en su situación.
Aunque muchos buscan minorizar las barreras de entrada en el balompié nacional, lo cierto es que historias como estas abundan y son compartidas no solamente en redes, sino también en las pláticas de quienes participan en segunda o tercera nacional, o en las ligas regionales, municipales y locales. Y del dinero de apuestas y de ilícitos mejor no hablemos.
Así que, para nuestros amigos argentinos, no es que una población de aproximadamente 130 millones de mexicanos no pueda existir un combinado de 11 futbolistas que puedan tocar bien a la pelota. No es que el talento mexicano no exista, sino que nuestras condiciones han sido un reflejo de nuestra política y de nuestra sociedad. Desde el sentir mexicano, se podría seguir polemizando con la forma en cómo Argentina ganó esas tres copas mundiales que ostentan, sin embargo, digno reconocer, que han sabido preservar el deporte y la pasión por encima del producto de consumo. Y en México, el futbol es esto segundo.
[1] El odio que se origina en las redes sociales.
