Guadalupe Robles
“El paisa” y yo fuimos invitados por nuestro jefe a comer, a la cantina “El León de Oro”, que estaba a unas cuadras de la Secretaría de Energía, donde trabajábamos. Tres cervezas Victoria y tres caldos de camarón sin camarón, para empezar.
La jornada comenzó a las dos de la tarde. Las botanas, las cervezas y los rones fueron y vinieron hasta la media noche. Nuestro jefe, entrado en los sesentas, y ya con copas de más, nos invitó a su casa, a seguirla. En la borrachera y en un arranque de locura, nos regaló dos boletos para el juego de Argentina contra Inglaterra, rumbo a los cuartos de final del mundial de 1986.
Argumentó que difícilmente se podría levantar en dos días y que su esposa no querría ir sola. De ahí salimos amanecidos y llegamos en directo antes de las nueve al Estadio Azteca. El juego era a las doce.
Cerca del minuto 50, a “El paisa”, se le ocurre ir al baño. Ya en el minuto 55, Maradona desde la mitad de la cancha, burla a cinco jugadores ingleses y al propio arquero, y anota lo que luego sería considerado el gol del siglo. Minutos después, llegó “El Paisa”, con dos cervezas, preguntándome cómo había sido el gol.
-Te acabas de perder uno de los mejores goles de la historia del fútbol.
Luego supe que sí.
