Jorge Gastélum
Anoche tuve la suerte de que la conexión de Internet con la tele funcionara continua por unas dos horas, y pude ver «México 86», película de Netflix de 2026, dirigida por Gabriel Ripstein y protagonizada por Diego Luna. No es una miniserie documental ni un relato deportivo sobre los partidos del Campeonato Mundial de Futbol de la FIFA 1986, sino una comedia dramático-satírica con toques de ficción que enfoca en el «detrás de cámaras» de cómo México consiguió ser sede, ese año, del conocido como «Mundial».
Es oportuna ahora que el país será sede del torneo por tercera vez en la historia.
La anécdota sigue a Martín de la Torre (personaje ficticio inspirado en personajes reales como Rafael del Castillo, dirigente de la FEMEXFUT en esa época), un burócrata ambicioso y sin escrúpulos de la Federación Mexicana de Fútbol (FEMEXFUT) que, ante la renuncia de Colombia (por su crisis económica, falta de infraestructura y las exigencias de la FIFA, aparte del narcotráfico), mueve cielo, tierra, sobornos, influencias políticas, medios e «ingenio mexicano» para que México organice el torneo por segunda vez.
La película no se enfoca en la cancha ni en los resultados de la llamada Selección Mexicana (que llegó a cuartos de final, su mejor desempeño histórico hasta entonces, eliminado por Alemania Federal en penales). En cambio, retrata a la FEMEXFUT y a su liderazgo como los verdaderos «jugadores» que «ganaron» el Mundial antes de que empezara, pero mediante métodos chuecos:
Martín y la Federación logran lo imposible: arrebatarle la sede a Estados Unidos y otros competidores valiéndose de audacia, filtraciones a la prensa, alianzas con poderosos como Emilio Azcárraga («El Tigre», que revela los métodos del «soldado del PRI»), maletines de dinero, mentiras estratégicas y maniobras políticas, todo eso en el sexenio de la «renovación moral de la sociedad».
Es una sátira sobre la corrupción en el fútbol y en los círculos de poder alrededor. La FEMEXFUT aparece como una institución que compensa las limitaciones deportivas del país con ingenio y falta de escrúpulos. Eso que pasa mucho con los jugadores, también: el futbol está plagado de gambetas y regates, más otros fingimientos o simulaciones (caños y otros engaños). Un dribling es hasta de aplaudirse, pero dejarse caer en el área para conseguir un penalty no es nada ético. Y lo ven millones de niños.
La película enfatiza que el equipo mexicano nunca ha ganado un Mundial en la cancha de juego. El gran logro de la Federación ―en la película― no es hacer campeona a la Selección, sino traer el mundial a México y convertir al país en «el ombligo del universo» por un mes. La ironía es constante: ganan la organización, pero el equipo nacional ―como dice el Dr. García, como si los otros no fueran nacionales de su nación― no llega a la gloria deportiva. Esto refleja la fisura histórica entre la pasión de la fanaticada mexicana por el fútbol y los resultados absolutos.
El tema central es: «si no puedes ganar en la cancha… siempre hay otras formas de jugar». La FEMEXFUT (mediante Martín) «gana» el Mundial con tácticas de escritorio y corrupción, no con goles. La película critica (con humor ripsteiniano) cómo el poder, el dinero y las influencias son más determinantes que el talento deportivo. Muestra la ambición personal, las traiciones, relaciones complicadas y el costo de esas «victorias».
Es una obra irreverente y ligera que usa el Mundial 86 como telón de fondo para referir la corrupción en el deporte, el «vamos viendo» mexicano, el poder de los medios y la política en el México de mediados de los ochenta. No es un homenaje heroico a la Selección ni a Maradona (que aquí inventó el gran fraude de «la mano de Dios»), aunque el contexto histórico está presente, sino una sátira sobre cómo se «gana» en lo obscurito.
La actuación de la FEMEXFUT se pinta como triunfante en lo organizativo (México fue sede exitosa pese al terremoto de 1985 y todo otro pronóstico) pero insuficiente en lo deportivo. Refleja una crítica recurrente al fútbol mexicano: mucha pasión y estructura para organizar (hoy se presumen los tres estadios: Azteca, Akron y BBVA de Nuevo León), pero dificultades para traducirlo en títulos absolutos.
La película celebra el «logro» de traer el Mundial con esa picardía tan propia del gambetero o del truculento que se deja caer en el área, pero con un trasfondo amargo sobre lo que en realidad importa (o no) en el fútbol de alto desempeño. Es entretenida, tiene buen ritmo y Luna está bien en un papel carismático, pero no es de esperarse un análisis táctico de partidos ni glorificación del Tri en la cancha. Quien busque eso, mejor que vea documentales serios sobre el Mundial de 1986.
9 de junio de 2026
