Revista del Pensamiento Político

FUTBOL Y ESCRITORES

                                                                   Felipe Mendoza Guerrero

Jamás en mi vida he soportado un partido completo de futbol, todo lo que he escuchado de este deporte es por la euforia desatada de sus fanáticos que recorren las calles avivando el triunfo de su equipo. En el devenir cotidiano de mi colonia el de la tienda, el dispensador de la gasolinera, el que entrega las tortillas en su moto me hablan de futbol, y he de confesar, a veces siento pena de no armonizar en sus comentarios. 

No puedo decir que no me gusta el futbol, lo que, si aseguro, es que no es mi deporte favorito como si lo es el boxeo.

Hoy que esta rabia colectiva se prepara para el espectáculo que vendrá pronto, partido tras partido, sigo escuchando a los que esperan desde ya que esto llegue pronto: el futbol que casi logra que el calendario escolar se modifique.

Siempre he sido enemigo de los fanatismos y de las colectividades dirigidas, por eso confieso: no pertenezco a ningún equipo, a ningún partido y a ninguna religión.

Pienso en aquellos escritores que han defendido el futbol como un asunto de importancia cultural, Eduardo Galeano que nos regaló el libro El futbol a sol y sombra, donde describe tal deporte como una forma creativa de arte popular con pasión e incluso bastante talento. Para Galeano el futbol refleja el sentir de una sociedad donde es capaz de mostrar su grandeza y sus contradicciones.

Borges asume una idea más crítica, e incluso nos aclara que a él no le gusta el futbol porque despierta el fanatismo colectivo. Su postura da cuenta de una preocupación por la pérdida de individualidad en la gran masa.

Albert Camus, el premio Novel de literatura jugó futbol durante sus años de juventud, afirmaba que muchos de sus aprendizajes morales los visualizó en los campos de futbol, donde entendió el valor de lo solidario, la entrega al trabajo y el esfuerzo que un equipo debe ofrecer en el juego. Con ello Camus ve en este deporte una forma de educar humanamente al hombre.

En los diferentes momentos los escritores han opinado sobre este fenómeno de la colectividad, aclarando que el escritor no es un ser pasivo ante estos acontecimientos sociales, en su caso diríamos que también podría inscribirse como un diletante que puede, sin duda, gozar en pequeños momentos la gran fiesta de estas pasiones de la turba.

Ahora recuerdo con cierto agrado aquel mundial de 1986, si no me equivoco, en el que el invitado singular era Juan José Arreola, quien comentaría junto a los expertos algunos juegos de futbol; nunca me había divertido tanto, ni me había entretenido a tal magnitud este deporte. Era mágico escuchar aquella sentencia del escritor jalisciense: Otra vez esa historia de David y Goliat, que narraba la contienda de un equipo fuerte contra un equipo débil, y que finalmente la suerte podía voltear el triunfo hacia el débil.

No dejemos nunca de leer el mejor análisis sobre futbol que escribió nuestro gran Carlos Monsiváis, este cronista no sólo de la cultura sino del espectáculo que veía al fútbol como el Juego del hombre, y quien curiosamente murió el día en que inicia el Mundial en Sudáfrica 2010.


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