Carlos Calderón Viedas
Introducción
El texto consiste en (de)mostrar que cualquiera sea el resultado en las elecciones del 2 de junio de este año, la fuerza política del obradorismo no será igual o mayor a la que tuvo en los mejores momentos del sexenio actual, independientemente de lo que pase con su candidata Claudia Sheinbaum. El ocaso de Obrador no es solo el de su gobierno, sino también el de las ideas que ha enarbolado, los instrumentos y recursos con que ha contado y el del movimiento que encabeza. Ninguno más de sus activos, condicionales e incondicionales, podrá suplir a alguien que se creyó y actuó como un predestinado…, “yo ya no me pertenezco”, llegó a decir.
Nos hemos acostumbrado a decir en la víspera de cada elección presidencial que la del curso vigente será la madre de todas ellas, y sí, cada que pasamos por esos procesos sentimos que el país se enfrenta a un momento decisivo para su estabilidad y futuro, sin duda un efecto indirecto del carácter presidencialista de nuestro sistema político. No obstante, una gran parte de la sociedad sabe ahora que ahora sí tendrá una cita cívica muy importante el próximo 2 junio.
En las elecciones de ahora no solamente entran en juego los cambios de los poderes ejecutivo y legislativo a nivel federal, sino también los titulares de poderes locales en algunos estados de la república. Habrá en disputa 629 cargos federales y un poco más de 19 mil en los estados, incluidos nueve gubernaturas. El reto de organización del proceso electivo desde su preparación hasta la entrega oficial de los resultados de la jornada de votación es enorme, desde ahí podemos entender la importancia que tiene para la estabilidad social y política del país de que se lleve a cabo en estricto apego a la ley. Sin embargo, como todos sabemos, son múltiples los actores involucrados en las elecciones con medios y fines propios que bien pueden ser legales o ilegales. Nuestro historial electoral cuenta por montones los actos fuera de la ley para incidir, adulterar o anular los resultados de la votación.
Aunque no se trata de simular escenarios sobre algunas eventualidades negativas ya que poco favorecen al análisis y sí dan motivo a la especulación, tampoco habría que soslayarlos porque la indiferencia no anula la posibilidad de que vuelvan a aparecer.
El teatro de la política
No pude evitar caer en la tentación de comparar las campañas electorales con las giras que realizan los grupos de teatro que visitan las plazas para presentarse ante el público. No lo hago como una manera de caricaturizar las actividades políticas, sino para trasladar la audición que las compañías de teatro realizan para determinar los roles protagónicos y de reparto de quienes participarán en la obra. Aplico un método semejante para el escenario de la política. Los actores centrales son las instituciones y sujetos obligados actuando en una obra no ficticia, ajustándose a los libretos ceñidos a pautas legales aceptadas por todos a través de las cuales cada parte del elenco hará el rol que le corresponda. Si los actores se desempeñan con virtuosismo, al final de la obra seguramente recibirán aplausos y reconocimientos del público. Sin embargo, pocas cosas se encuentran más alejadas de la idealidad que la política real.
En sociedades ordenadas se puede esperar con relativa certeza que las lides democráticas del poder se circunscriban a las reglas pactadas, pero aún en esas circunstancias cabe la posibilidad de que las disputas por el poder se vean alteradas por los llamados poderes fácticos, sin descartar la posibilidad de que desde las oficinas del gobierno se inmiscuyan indebidamente en los procesos electorales.
Pongo de ejemplo las elecciones norteamericanas de 2020 en las que el candidato perdedor Donald Trump intentó impedir por medios ilegales que el Congreso de Estados Unidos validara legalmente el triunfo en las urnas de Joe Biden, el aparato institucional resistió las presiones e Trump, en ese momento aún presidente del país, por lo que tuvo que salir de la Casa Blanca. Un caso análogo es el del mandatario mexicano Andrés Manuel López Obrador, quien, sin el menor respeto a las leyes, incluida la Constitución, participa de facto en la campaña atacando a los adversarios de la candidata oficial, quien en correspondencia lo defiende y colma de elogios en sus actos electorales. Con Trump la institucionalidad mostró su fortaleza y superó el problema provocado por ese candidato perdedor, con Obrador aún no se puede asegurar nada, pero si conocemos su historial desestabilizador tendremos que estar preocupados por el proceder de una persona que no está acostumbrada a que le den la contra y menos a perder.
En los asuntos del poder nunca llega la hora de cantar una victoria definitiva, nos referimos a lo que podríamos llamar la cara oculta de la democracia, la posibilidad de que desde la oscuridad se influya en lo que pasa en su zona iluminada. Hablo de la existencia de poderes cerrados que se ramifican hacia el ámbito público con la complicidad de actores que por temor o conveniencia aceptan ser correas de transmisión hacia las oficinas de gobierno. De modo que los actores, guiones y normas que regulan los procesos electorales pueden sufrir el efecto de la presencia nociva de los participantes fuera de libreto capaces de intervenir en cualquiera de las fases del proceso con la intención de influir en la operación como en los resultados finales.
Protagonistas, actores de reparto y demás entes participantes en la obra
Enlisto los actores legales de la obra y a algunos factores, legales o ilegales, que de alguna manera inciden directa o indirectamente en el teatro electoral en cualquiera de sus actos. Entre los primeros se cuentan las autoridades electorales, los tribunales de justicia del ramo además de la Suprema Corte, los partidos, candidatos y, por supuesto, la ciudadanía, es decir, actores que son considerados participantes institucionales, a diferencia de otros que, sin perfil actoral participan en la trama teatral con sus propios modos, por ejemplo, los medios de comunicación y ahora las redes de internet que igual cumplen una tarea de información veraz como de instrumentos de propaganda al servicio de quien pague, se incluyen también las agencias consultoras dedicadas a auscultar preferencias electorales contratadas por los partidos para evaluar sus posibilidades efectivas o bien para proyectar una imagen ganadora sin respaldo real.
Existen otros participantes, fuera del reparto legal, que prefieren no ser vistos, aunque llegan a ser demasiados obvios. Algunos posibles son, gobiernos extranjeros, delincuencia organizada, cuerpos de seguridad, y empresarios corruptos. Dejo al último el caso de los políticos con cargos en la administración pública que desde el lado oscuro de la democracia intentan influir por medios ilegales en los resultados de la votación.
La idea que se tenga sobre la calidad de la democracia puede ser interpretada como el peso proporcional que tengan los participantes no institucionales ilegales interesados en cualquier opción electoral, con respecto al aparato institucional encargado de organizar y llevar a cabo los procesos electorales. En la medida que a esos poderes de facto les sea impedido quebrantar las leyes electorales, la calidad de la democracia será mejor, lo contrario se cumple.
Proceso electoral
La forma
En la elección de este año se disputan el mayor número de cargos electivos hasta la fecha. Un total de 19, 994 entre ellos un presidente de la república, 500 diputados federales, 128 senadurías, nueve gubernaturas más otros cargos locales, presidencias municipales, diputados locales, sindicaturas y regidurías. La lista nominal asciende a poco más de 98, 370 782 ciudadanos, nueve millones más, en números redondos, con respecto a 2018, incremento repartido en 5 entre 2018 y 2021 y el resto a partir de ahí hasta 2024.
El contenido
La importancia cuantitativa no empaña el interés de fondo. Dos proyectos de nación serán sometidos al juicio de la ciudadanía, uno que realza el estatismo con sesgo militarista como eje conductor de la sociedad, encubre el clientelismo político con arengas populistas, es preso de un igualitarismo social hacia abajo, pretende revivir la historia en un mundo que vuela hacia el futuro, desdeña los valores de la ciencia, la capacidad tecnológica, la eficacia y el rendimiento en las actividades productivas y económicas, estigmatiza a las personas esforzadas con sus propios medios y, derivado de todo lo anterior y algo más, condiciona la libertad individual a los límites que el gobierno populista imponga; otro que se propone entregar a la sociedad la cuota de responsabilidad de generar e impulsar sendas de desarrollo, alentar la participación de todos los mexicanos, estimular los esfuerzos de que quién con toda legitimidad decida emprender una obra, considerar la justicia social una tarea de todos sin que esto signifique el sacrificio de nadie para beneficio de otro, plantear la equidad en libertad y no el igualitarismo con fines políticos, ponderar las autonomías que no significan ausencia de derechos y obligaciones reconocidos por todos.
Los dos proyectos son banderas de las principales fuerzas políticas en campaña, hay una tercera opción que no modifica sustancialmente las dos ofertas políticas que los ciudadanos votarán en las urnas el día de la jornada electoral.
Tendencias de votos
Los resultados electorales significan las respuestas directas de la ciudadanía a las promesas y proyectos de los candidatos. En el proceso de 2018 quedó muy clara la relación de correspondencia. El proyecto de transformación de López Obrador propuesto en ese año se basaba en cuatro ideas fundamentales: rescatar a las instituciones políticas del Estado, cambiar el modelo económico, moralizar al gobierno y crear una nueva corriente de pensamiento que tuviera como referente inspirador las vidas ejemplares de los héroes nacionales. La mayor parte de los ciudadanos que acudieron a votar, poco más de 56.5 millones de sufragios emitidos, algo más de 30 millones le entregaron su confianza, 15 millones más de los que en promedio había obtenido en las elecciones de 2006 y 2012.
Hacia las elecciones intermedias del 2021 los balances de los ciudadanos sobre el desempeño del gobierno de López ya no eran tan favorables, curiosamente sí hacia su persona. No obstante, las evaluaciones negativas pesaron sobre los resultados electorales en ese año. Los temas del manejo de la pandemia por muchos considerada casi criminal; el crecimiento económico que llevaba una dinámica negativa que venía desde antes de la pandemia; el número de empresas y negocios habían cerrado y/o quebrado debido al problema sanitario, causando más desempleo, pobreza y desigualdad; la caída de la inversión privada nacional y extranjera; el desdeño estratégico y presupuestal hacia las actividades culturales, académicas y científicas, igual al cine, teatro, educación y a la formación de personal en ciencias y tecnología; la extinción de los fideicomisos reservados para contingencias con el fin de ser usados en el gasto político con disfraz social, fueron algunas de las causas de que la ciudadanía se hiciera la siguiente pregunta:
¿Es viable para bien de México el proyecto de Obrador basado en un régimen político centralizador, concentrador, verticalista y autoritario, es conveniente para un país con una sociedad políticamente plural, socialmente diferenciada, culturalmente diversa y abierta a recibir, experimentar y valorar las influencias de un mundo globalizado, y que, además, ha madurado y adquirido un estatus de ciudadanía singular que le ha provocado un creciente interés por los asuntos de la cosa pública lo cual combina con sus intereses personales?
La respuesta no se hizo esperar en las elecciones del 2021. En ese año la aprobación del presidente rondaba el 50%, veinte puntos menos que a inicios de su gobierno. Pero lo más claro e inequívoco fueron los resultados de la votación. El padrón había aumentado en 5 millones de ciudadanos. Se disputaron todo tipo de cargos de elección excepto el de presidente de la república, pero eso no impidió que el proceso tomara un carácter plebiscitario. Dos cifras resultaron contundentes, 14 millones de ciudadanos dejaron de votar por la marca López Obrador, al pasar de 30 millones de votos en 2018 a un poco más de 16 millones. La votación en diputados federales cayó cerca de 3 millones de votos con respecto a 2018, lo cual implicó una reducción de 52 curules para Morena en la legislatura 2021-2024.
Si bien López Obrador no estuvo formalmente en la boleta, apareció indirectamente porque así lo quiso. En números generales Morena y sus aliados capturaron el 48% de la votación. Las cifras exhibieron a Obrador como un perdedor neto, comenzaba su declive político.
Hacia las elecciones de junio
Las preguntas obligadas, se reitera la primera y se agrega una nueva:
¿Considera posible y viable que México viva en una sociedad abierta, plural y tolerante, sin discriminaciones de raza, color, sexo, habla y cultura en general, donde todo individuo goce de libertades personales y cívicas que le permitan decidir sus fines de vida dentro de la legalidad, en el marco de una república con un equilibrio de poderes estable, libre y democrática con espíritu de justicia, siempre en favor de la paz y la cooperación entre los pueblos de la tierra?
Las respuestas de la ciudadanía aún no llegan, pero se anuncian de alguna manera por medio de sondeos y en la conversación mediática y en redes sociales acerca de un tema que a casi todos los mexicanos interesa.
Encuestas
El tema de las encuestas sobre asuntos políticos siempre ha sido controversial en México, nunca tanto como ahora. No tengo elementos suficientes para descalificar técnica ni éticamente a las empresas demoscópicas, pero eso no las exime de las críticas que se hagan a la objetividad que proyectan sus resultados. En dos casos me apoyo para cuestionar esos trabajos. Uno es el historial de encuestas que califican el desempeño de algunas áreas del gobierno federal y el de quien ocupa el máximo cargo, notoriamente contrapuestos toda vez que en la gestión sale reprobado en tanto que el gestor resulta aprobado, resultado sin sustento real si tenemos en cuenta el autoritarismo, centralismo y alto grado de concentración con que López Obrador ejerce su gobierno. El otro caso es sobre las diferencias tan marcadas entre las dos candidatas a la presidencia, puesto que un grupo de encuestas arroja resultados en los que las preferencias salen muy disparejas, mientras que otro las acerca a lo que se puede considerar empate técnico.
Veamos el primer caso. Asombra ver los resultados, en casi todas, o todas, los saldos positivos no alcanzan para compensar los negativos en la mayor parte de las actividades gubernamentales. Sin orden de gravedad enlisto las que son mal calificadas: en violencia e inseguridad ningún mexicano puede decir que la situación ha mejorado; el manejo de la pandemia fue a más de irresponsable casi criminal por el número de contagios y fallecidos que hubo; el crecimiento económico empeoró la dinámica negativa que traía antes de la pandemia y todo indica que seguirá durante todo el sexenio causando más desempleo, pobreza y desigualdad; es abrumador el número de empresas y negocios que han cerrado y/o quebrado; súmele la caída de la inversión privada nacional y extranjera; la extinción de los fideicomisos en estas circunstancias fue un golpe muy fuerte contra las actividades culturales, académicas y científicas imprescindibles, cine, teatro, educación, formación de personal en ciencias y tecnología. No escapan a la política restrictiva del gobierno los sectores productivos, agrícola y pesquero, situación agravada y ampliada a casi todas las actividades económicas con el pretexto de que en las crisis sanitaria y económica primero se tenía que ayudar a los pobres. Por lo demás, ninguno de los proyectos con la marca de la casa, Santa Lucía, Tres Bocas y el Tren Maya tienen un futuro seguro, a pesar de los cuantiosos recursos públicos que se les asignan. Aun así, cuando las casas encuestadoras preguntan a la gente si considera que López Obrador está haciendo bien las cosas, la mayoría contesta: ¡Sí!
Veamos el segundo caso. La empresa Oráculos, dedicada a promediar los resultados sobre preferencias electorales de casi la totalidad de encuestadoras que operan en México, en su último reporte de abril de este año en el que incluye los resultados de marzo, presenta una tendencia sostenida desde julio de 2023 a la fecha, los resultados oscilan en torno al 60% para Claudia Sheinbaum y en 35% para Xóchitl Gálvez. Si fuera por los números del estudio no parece que haya mucho que alegar, pero sí considero que hay mucho que explicar.
La explicación, a mi parecer, llegó inopinadamente con otro estudio de preferencia, me refiero al que realizó el grupo Reforma en marzo cuyo resultado fue muy similar a los que presenta Oráculos. Los números dieron la nota porque el periódico fue uno de los blancos favoritos de Obrador en sus homilías mañaneras debido precisamente a que no concedía halagos o disimulos a los excesos de su poder y, además, por el sesgo tan pronunciado a favor de la candidata del presidente. Es posible que la nueva dirección de Reforma, ahora proclive al régimen, haya valorado políticamente la publicación de la encuesta sin reparar en aspectos técnicos y en el principio de confiabilidad. Quiero explicarme: La muestra fue de mil personas a entrevistar casa por casa. Un promedio de 30 personas por entidad federativa, más allá de si el pequeño tamaño de la muestra puede recoger la diversidad social de un país heterogéneo como México, lo cual ya es discutible, el hecho de que solamente el 53% de la muestra hay aceptado ser entrevistada, redujo a 15 personas promedio por estado, casi una u dos por localidad, lo cual pone en duda no solo la confiabilidad en el levantamiento, sino la validez de los resultados por cuanto al grado de representatividad que tengan. El buen juicio habría recomendado no hacer la encuesta y menos publicarla sobre bases tan endebles. Los resultados no dejaron a nadie satisfecho. Aparentemente sí a los que gobiernan, pero, como pasa con todo lo que hacen, no gozan de legitimidad. Aún más, ni les convienen, como veremos ahora.
La validez probabilística de una muestra depende del tamaño y la dispersión de modo que sea lo más representativa de la población que va a estudiar. Si bien las encuestas buscan respuestas, del silencio o la duda también se puede inferir algo. En los estudios demoscópicos sobre temas políticos, las respuestas, dudas o el silencio hablan, en este sentido, la encuesta de Reforma fue muy reveladora, más de lo que sugieren a primera vista los números contundentes a favor de la candidata oficial.
El hecho de que cerca de la mitad de la muestra no haya aceptado participar, no indica necesariamente falta de interés, sino que también pueden haber influido la reserva o el temor. De los que respondieron, 530 casos, 49% ya tenía una firme decisión, 12% había decidido, pero podía cambiar su voto, 36% aún no decidía y el 2% se iba a abstener. Si traducimos estos números con las preferencias sobre candidatos que revela la encuesta, Sheinbaum sacaría 307 votos, Xóchitl Gálvez 180 y Máynez 43 votos, 58%, 34% y 8% respectivamente, porcentajes muy parecidos a los que calcula Oráculos.
El voto del silencio se encuentra en los 470 votantes potenciales que no aceptaron ser entrevistados. Razones y/o temores los tienen, pues no es lo mismo responder acerca del gusto por un bien de consumo que sobre la preferencia sobre un posible presidente de la república. Una cosa es cierta, si alguien no quiere mostrar sus simpatías políticas es porque su voto no es para la candidatura oficial o bien porque prefiere la reserva en un acto cívico que de por sí es secreto por ley, si así lo prefiere.
El voto del silencio de la encuesta de Reforma es la clave del triunfo en las urnas de la candidata de la oposición, el estudio dio en el clavo sin quererlo. A ese voto hay que considerar las intenciones de voto que se conocen y los casos que aún dudan o no se atreven a manifestarlo públicamente.
El tamaño y la diversidad de la muestra, “n”, en tratándose de temas soberanos o de política es un factor relevante puesto que contiene el principio de equidad, criterio muy importante puesto permite recoger una representación lo más objetiva posible de un universo amplio y variado el cual sería mucho más difícil conocerlo en detalle. La “n” es representativa de una variedad de opiniones en un universo que por su tamaño se vuelve difícil consultarlo directamente. El error en la encuesta del Reforma es haber sacado la vuelta al principio de equidad, yerro que al final le salió contraproducente.
Las encuestas bien hechas recogen la diversidad, las que no, ofrecen un resultado que revela indirectamente el grado de inequidad, el cual se muestra con la suma de los ciudadanos que no participan, los que no revelaron su intención de voto y los que respondieron que aún no era definitiva su decisión, que, en el caso de Reforma, hacen 735 votos, casi dos terceras partes de la muestra total
Qué quieren decir los dos indicadores, si las muestras se sesgan a los grupos de población donde predomina el voto duro de Morena la inequidad es mayor, si toma en cuenta a todos los grupos de población es más baja, pero, aun así, la inequidad persiste. La lección que deja el yerro de Reforma es que las consultas de opinión más representativas en una sociedad que teme son las que se responden anónimamente puesto que el ciudadano puede indicar su preferencia política libremente, ¿qué no es eso lo que significa el voto secreto en las urnas?
Dos empresas que sí les preocupa la equidad, representatividad y confiabilidad en los estudios que realizan, son AOL y JONES Consultores y Massive Caller, razón por la cual los resultados que obtienen sobre preferencias electorales difieren notoriamente a los de las encuestadoras tradicionales. AOL presenta un cuadro de resultados producto de una amplia combinación de factores que influyen en las preferencias de los electores, información demográfica, estadísticas electorales, tendencias políticas por estado, aspectos de tipo social y económico, estudios de pronósticos de casa encuestadoras y otras fuentes, que predisponen un escenario de votos nacional a partir de las condiciones de cada entidad federativa en el que las dos candidatas tienen la posibilidad de ganar y perder. No es, como lo aclara la empresa “…un estudio que mide la opinión global a través de una muestra y una inferencia estadística.”
Massive Caller tampoco incluye métodos de estimación de resultados, sino que utilizan una técnica aleatoria de llamadas telefónicas hasta un total de mil llamadas contestadas. El “levantamiento” es diario, en el reporte del 15 de abril se presentan los resultados del 29 de febrero a la fecha. A la pregunta, ¿Por cuál partido político, coalición o candidato votaría usted?, el 40.6%, 36.8% y 5.7% respondieron Claudia Sheinbaum, Xóchitl Gálvez y Álvarez Máynez respectivamente, 16.9% contestó que aún no habían decidido.
La sombra del fraude
La historia política de López Obrador lo exhibe como alguien que no sabe perder, o sea, no es y nunca ha sido un auténtico demócrata, aunque siempre haya navegado con esa bandera. No solo como aspirante al poder sino aún en él, lo que menos le ha importado es respetar la ley, es célebre su frase “a mí no vengan con que la ley es la ley”.
El delirio de grandeza que padece se exacerbó en la presidencia y con tales ambiciones seis años de poder se volvieron muy pocos, si bien no pudo reelegirse, si quiere perpetuarse a través de la bien llamada corcholata oficial. Instrumento útil con el que pretende seguir dictando la agenda de gobierno, puesto que la meta superior no ha sido alcanzada todavía, cambiar el régimen de gobierno que tenemos en México.
Los cambios institucionales que ha impulsado -la mayor parte frustrados- y el modo impulsivo personalista con que ha ejercido su cargo prefiguran un modelo de gobierno con un poder ejecutivo autoritario, centralista y concentrador contrario al espíritu republicano y democrático con equilibrio de poderes en un marco incuestionable de libertades. A ese notorio estado de ánimo lo podemos parodiar con la frase retadora del obradorismo “con la lucha llegamos, con la lucha nos quedamos”.
Último acto
En la parte final de la obra el rol de los participantes que no fueron elegidos en el reparto inicial cobra más relieve -no más importancia-, debido a la visibilidad de sus actuaciones fuera de libreto. Los testimonios sobre las elecciones del 2021 son del dominio público, la voz del pueblo sabe llegar a todos los rincones. No aseguramos que ese espectáculo semicerrado vaya a darse en el actual proceso, pero la posibilidad de que ocurra no es lejana. Aunque no ha sido necesario llegar al final de la obra, a lo largo de la puesta en escena ha sido notoria la disponibilidad de recursos con que cuenta cada campaña, una vieja historia que nos habla de viejas prácticas.
Se cierra el telón.

