Revista del Pensamiento Político

vuelo ideas

La actualidad del pensamiento de John Rawls

Carlos Calderón Viedas

Introducción:

En el texto abordo un conjunto de ideas vinculadas con la relación problemática de la libertad y la justicia, me apoyo en la obra del filósofo norteamericano John Rawls (1921-2002), quien hizo un meritorio esfuerzo académico e intelectual para explicar desde sus fundamentos, formas de aplicación y resultados las experiencias de justicia conocidas en la historia.                 

La obra de John Rawls cobró notoriedad nacional e internacional en las tres últimas décadas del siglo XX con la publicación de sus libros Teoría de la justicia (1971), Liberalismo político (1993), Debate sobre liberalismo político (1996) -junto a Jürgen Habermas- y Lecciones sobre la historia de la filosofía moral (2000), además de sus tareas docentes y conferencista internacional.

Puso el acento en los aspectos de la justicia distributiva, la equidad y las desigualdades social y económica, problemas cuyas manifestaciones en varios lugares del mundo mostraban coincidencias negativas por cuanto al mal estado en que se encontraban en detrimento de las mayorías de la población.

Mi interés consiste en mostrar que el pensamiento de Rawls no solamente es coherente con el problema de la justicia como tal, sino que se ha reafirmado debido a la infeliz convergencia de un sistema capitalista cada vez más productivo, eficaz y con mayores alcances globales, con un estado de pobreza e inequidad que no logra superarse en el mundo no desarrollado y también en algunas naciones con niveles de progreso considerables.

Gracias a su trabajo, Rawls recibió numerosas distinciones, entre ellas, la Medalla Nacional de Humanidades que le fue entregada por el presidente William Clinton a fines de los años noventa, quien, en su reconocimiento a los méritos intelectuales de Rawls, hizo alusión al impacto positivo de su obra en la recuperación de la confianza en la democracia del pueblo norteamericano.

El relieve que el presidente Clinton puso en su discurso sobre la relación que guardan la democracia y la justicia, dejó ver el fin atenuado de la obra de Rawls sobre el rol crucial que toman los valores de la libertad, la democracia y la pluralidad cultural en el modelo de justicia de Rawls, denominado Justicia como Imparcialidad (JCI).

La exposición que seguí se centró en los temas de la justicia y la dignidad humana, en la libertad como condición natural del hombre y en los órdenes social y político, bajo una perspectiva coherente que ofreciera una mirada de conjunto y no tanto en argumentos hilados sobre determinado aspecto de cada tema. Inicio con un hilado de ideas, mías y prestadas, con las que intento ubicar el origen del problema de la justicia en su relación con la libertad y las formas como se ha querido resolver la tensión natural luego vuelta social y política. Tomo el camino que iniciaron las naciones occidentales al que la mayoría de los países del mundo se añadieron posteriormente. En el recorrido repaso con brevedad los episodios claramente marcados con los dos paradigmas teóricos del pensamiento económico con que ha funcionado el sistema capitalista, el liberalismo y lo que se ha llamado Welfare State, Estado de Bienestar, como podrá verse, las políticas y modelos de justicia son diferentes en cada caso.

En función de los resultados de cada modelo, en general insuficientes o definitivamente malos, encontré pertinente recuperar el modelo JCI de Rawls con el fin de agregar a la discusión sobre estos temas una nueva alternativa al fenómeno del populismo pobrista al que algunos gobiernos se han acogido recientemente con fines aparentemente sociales con el que tratan de ocultar sus reales intenciones de poder político.

El origen del problema

Todo ser vivo en el mundo vegetal como animal lo es siendo libre, de no serlo perece aun antes de nacer. Vivir es en sí un acto de libertad. El ser humano, diría Hanna Arendt, dentro de su polémica con Martin Heidegger, lo es para vivir no para morir.  La libertad en el hombre, la criatura que nos interesa ver, es fundamental mas no primordial al principio de su vida. La aparente contradicción se explica porque antes de la libertad necesita el resguardo natural de la protección, un comienzo de la vida que le permitirá, una vez cumplido, ser libre y pleno posteriormente.

La condición natural de ser libre será pospuesta hasta que sea capaz ejercerla. El renacimiento de la libertad se dará cuando los cuidados de protección se los pueda dar él mismo, cumplida esa fase será apto para vivir con entera libertad.

Esta ruta de vida esquemáticamente simplificada o, se puede decir, groseramente elemental, intentaré aplicarla al caso de una sociedad que se va conformando de un modo similar al de un hombre individual, recorriendo los estados de nacimiento, sobrevivencia y de creación de las condiciones de su posterior desarrollo. El método tiene una base ontológica que lo respalda, la individualidad no se opone a lo social en tanto que nace bajo esas condiciones, sobrevive y se desarrolla. El hombre es un ser que nace, vive y muere inmerso socialmente. La libertad individual es social o no lo es, ni la anarquía o el colectivismo propician la libertad ya que la disuelven o la ahogan.  La experiencia vivida del hombre, por lo tanto, será completa cuando en su fase de libertad sea la causa del inicio de un caso semejante al suyo, cuando desde su relación social surja un individuo potencialmente libre.

La idealidad de nuestra modelo sobre la individualidad social se identifica con el concepto Estado de naturaleza con el que Juan Jacobo Rousseau (1712-1778) explica el origen y las causas de la sociedad moderna. Visión que sufrió el escarnio de algunos pensadores ilustrados contemporáneos del filósofo ginebrino, pero que con el paso del tiempo fue fundamento de órdenes sociales concretos de carácter absolutista.

En la teoría de Rousseau el hombre de naturaleza es ese ser cuya principal función en la vida era atender la satisfacción de sus necesidades básicas en compañía de sus semejantes, con el fin de sobrevivir y reproducir la vida de la comunidad a la que pertenecía y se dedicaba por completo, sin mostrar interés alguno hacia otro aspecto fuera de ese ámbito. En el modelo de naturaleza la libertad y la razón humanas son consideradas anomalías externas ajenas al orden natural colectivo a las que les tocó el papel de detonar la caída del orden social primitivo. Rousseau lo refiere con una expresión metafórica “…cuando alguien dijo, …esto es mío…, en ese momento el orden natural primitivo había colapsado…” La justicia primaria había sucumbido frente a la libertad individualista posesiva. El buen hombre cayó frente al mal hombre.

Como filosofo naturalista que consideraba al hombre un ser esencialmente bueno, Rousseau encamina su pensamiento a recuperar su bondad esencial en las nuevas circunstancias, propósito que sería logrado por medio de dos grandes vías, la educación y el Estado, la primera para inculcar en el hombre moderno los valores de la bondad y la justicia, y la segunda con el fin de reprimir los desvíos individuales del orden moral y justo gestado con la educación. La libertad cayó ante la justicia bajo la vigilancia del Estado.

El pensamiento de Juan Jacobo Rousseau inspiró modelos de sociedad basados en un Estado protector y en ideologías en las que el valor de la libertad no es prioridad. La propuesta mejor lograda en esa perspectiva fue el trabajo extraordinario e influyente de Carlos Marx al quitar al modelo de Rousseau los aires de la naturaleza y echarlo al viento de la historia. Las dos propuestas, la primaria y la derivada, son ideológicas y de carácter estatista, incluso la de Marx que presumió ser científica, pues esa misma historia en la que nació se encargó de sepultarla. Ni la naturaleza o la historia sostuvieron lo que a nombre de ellas propugnaron ambos pensadores.  

Superadas las dos experiencias de matriz roussoniana en las que el resguardo y el desarrollo de la gente descansa primordialmente en formas colectivas, una de ellas el Estado, la relación entre la libertad y la justicia quedó al garete, es decir, a la interpretación que quisieran darle los políticos. Unos le han dado todo el peso de la responsabilidad al Estado, otros se fueron al extremo opuesto del mercado, algunos más intentaron un punto intermedio, opciones tres que en lo general se mantienen de modo pragmático en los días que corren, aunque ninguna garantiza estabilidad.

La actualidad de la obra de John Rawls obedece justamente al añejo problema de la relación que guarda la justicia con la libertad, tema crucial al que dio la mayor prioridad en su trabajo académico e intelectual. Atención que debió haberse acrecentado con el derrumbe del bloque socialista en diciembre de 1991 y el creciente predominio de las economías de mercado en la mayor parte del mundo. Coyuntura global que se prestaba para un segundo intento de replantear los modelos de justicia en las economías libres hacia fines del siglo XX, toda vez que el problema de la pobreza y la desigualdad continuaba irresuelto en numerosos países.

Los números de la pobreza

En el informe La pobreza y la prosperidad compartida 2022, del Grupo Banco Mundial, se entrega el reporte Panorama general. Corregir el rumbo, en el que se presenta un análisis integral de la pobreza en el mundo, estudio realizado después de fuertes conmociones en la economía mundial como la pandemia Covid-19. De entrada, se afirma que la pandemia generó el mayor retroceso para la pobreza mundial en décadas.

Para fines de 2020, más de 70 millones de personas habían caído en pobreza extrema, elevando el número de pobres a más de 700 millones, considerando solamente a quienes tienen ingresos menores a 2,5 dólares al día, el tipo de cambio actual serían 43 pesos promedio. Cifra algo engañosa para tranquilidad de las buenas conciencias de los gobernantes, puesto que si se eleva la línea de pobreza a 6.85 dólares (118 pesos) diarios, casi la mitad de la población (el 47%) sería considerada pobre, proporción muy cercana a lo que pasa en México según las cifras de CONEVAL para el mismo año.

El problema de la pobreza es una realidad constatable que respalda las ideas sobre la justicia de Rawls, no sólo por ser un hecho inaceptable desde el punto de vista de la dignidad que todo ser humano merece tener, sino porque este tipo de situaciones dan motivo a ideologías políticas extremas que al enarbolar banderas justicieras separan la sociedad en dos grandes grupos, los privilegiados que se encuentran en altos niveles socioeconómicos y los que no alcanzan esos beneficios por culpa de los primeros.

¿Es la economía la razón de la pobreza?

No le pidan a la economía de mercado lo que nunca va a dar, justicia e igualdad para todos. No solo no reparte igual, sino que a algunos los echa de su ámbito sin recibir nada a cambio. ¿Qué sí da la economía? Eficacia en la producción y equidad en la distribución según criterios de proporcionalidad entre los participantes bajo los principios libertad individual, información, comercio abierto de bienes, derechos de propiedad y de celebración de contratos. No más.

Con restricciones tan severas a muchos asombra que el régimen de mercado haya permanecido vigente en la época moderna y quedado, prácticamente, como el único modelo económico vigente en el mundo, excepto por un reducido número de casos anómalos que a duras penas sobreviven.

Las economías que se rigen bajo el modelo de competencia en cualquiera de sus modalidades observan los principios arriba enunciados, aunque los aplican con criterios e intensidad diferentes. Los ejemplos son múltiples y no viene al caso pasarles lista, baste decir que todo arreglo que cualquier economía admita la califica como capitalista.

A pesar de la variedad de las circunstancias en la estimación de los principios y en las prioridades en la escala de valores de cada país, hay un elemento común en todos, el de la justicia, no la punitiva, sino la distributiva.

No encuentro un solo Estado en el mundo que haya no tenga el problema de la justicia como uno de los temas centrales en su discurso político y no veo a ningún gobierno que no lo alce como bandera social y lo deje fuera de sus programas de acción gubernamental. Si bien en la preocupación coinciden y posiblemente en la agenda, en lo que vemos notorias divergencias es en cómo gestionan el problema, en sus modos de operar los programas. Eso ha sido desde siempre, en toda época, lugar y culturas. Cuentan que un emperador de la era antigua que aplicaba la justicia de propia mano, en la fase final de su vida estaba indeciso en cómo heredar su riqueza entre sus dos hijos gemelos, el criterio de justicia que eligió fue el peso de cada heredero, el más gordo se quedó con todo. ¿Y por qué ese criterio? Quizás consideró que era el más sano para gobernar.

Los criterios de justicia han venido cambiando a lo largo de la historia. Cada época y cada pueblo han tenido los propios. En la Grecia clásica, la justicia para los esclavos consistía en mantenerlos con vida para que pudieran servir a sus amos, la llegada el cristianismo trajo los valores del amor y la caridad y sembró la esperanza de la justicia divina después de la muerte, durante la Edad Media, se implantó una salida ecléctica con los dos modelos en donde los vasallos eran libres para servir a los señores feudales y quedarse con un remanente para sobrevivir. Mil 500 años perduraron esos esquemas de justicia que luego serían implantados en el Nuevo Mundo y en los territorios de África y Asia Oriental durante la época colonial de los siguientes tres y cuatro siglos.

En esa misma época una nueva civilización con orígenes en Europa Occidental comienza a expandirse por todos los rumbos de la tierra. Una naciente imaginación tuvo los arrestos para salir a ras de tierra, era el árbol de una vida en la que el hombre constituía el tronco fundamental y sus ramas y productos irían a cubrir el planeta. La modernidad había llegado, tradiciones, mitos y religiones dejaron de pautar los cursos sociales y culturales de los lugares a donde llegaba.

Los pueblos de América no escaparon al destino moderno, aunque las recepciones y el curso que siguieron las olas de modernidad fueron diferentes según las características de cada lugar. A excepción de Canadá y Estados Unidos, el resto del territorio americano fue colonizado por España y Portugal, dos naciones imperiales en donde la iglesia católica mantenía gran influencia. Estudiosos de la época sostienen que los altos niveles históricos de desarrollo logrados por los países del norte, con respecto a las naciones de más al sur que no han podido alcanzarlos, se explica por el espíritu emprendedor que renació en los países del norte en contraste con la actitud pasiva de los pueblos iberoamericanos, muy a tono con la religión católica que promete las recompensas en el otro mundo en tanto que la doctrina protestante las ofrece en vida de los fieles.

Cualquiera haya sido la manera cómo la modernidad tomó lugar en cada lugar al que llegaba, los principios en que se basó, las libertades de conciencia, pensamiento y acción, los derechos individuales y colectivos, la pluralidad de ideas y la tolerancia cultural, así como el derecho a ocupar un lugar en el mundo, el dilema natural, como he dicho, entre libertad y justicia, no ha sido resuelto ni por sus extremos -anarquía y absolutismo estatal- y tampoco en un punto de equilibrio intermedio cualquiera.

Ningún país capitalista -con las contadas excepciones de los países nórdicos, que confirman la regla-, ha encontrado un punto de equilibrio estable, menos aún en los fracasados países del mundo socialista cuyos Estados tomaron la justicia en sus manos con resultados rotundamente fallidos, como ocurre actualmente con Cuba, Corea del Norte y ahora en Venezuela y otros países más.

Dialéctica de la justicia

Con este nombre quiero llamar no a una relación de oposición constante en la que el sentido de la justicia vaya cambiando, sino más bien a una imagen pendular en la que lo opuesto no cambia la esencia de la justicia, pero sí las condiciones y la manera cómo se aplica, siendo los valores de la dependencia y libertad los extremos entre los que oscila.

El movimiento pendular responde a las condiciones más generales en que determinada economía se encuentra. En todo el siglo XIX hasta el presente, las economías regidas por los mercados han tomado rasgos muy precisos que marcan diferencia en la gestión de las políticas de justicia, a cuyos resultados en términos de equidad nos hemos referido.

En la época decimonónica predominaron en las economías europeas las ideas del librecambismo con fronteras abiertas al comercio que impulsaran la expansión de los mercados de bienes y servicios financieros. El florecimiento de las actividades productivas y del comercio que trajo el libre cambio sentaron bases de las sociedades modernas emergentes en el Viejo Continente para luego pasar a América en donde el ethos de la libertad inspiraba la construcción de nuevas instituciones sociales a la vez que moldeaba el carácter de los estados. Para el siglo siguiente una nueva civilización se había conformado en cuya base operaba el sistema económico de libre mercado.

Sin embargo, al mismo tiempo que el mercado se implantaba surgían fuerzas que lo obstruían. Los molinos satánicos, llamó Karl Polanyi (Juan Pablos editor, 1992) a su libro en el que analiza los efectos sociales y culturales del mercado autorregulador, la elocuencia del título es obvia respecto al mal social que la mano invisible, laissez faire, estaba causando. A los desequilibrios propios del libre mercado se agregaron los del malestar de la población. Entrado el nuevo siglo los mercados dejaron de funcionar libremente fuera y dentro de los países, minando el arreglo político en que se sustentaban lo que reanima los espíritus belicistas. Llega la guerra.

Al final del conflicto militar las fuerzas de fondo de la crisis económica prevalecían aun, estallando a fines de los años veinte que luego provoca una larga fase de recesión en las economías capitalistas del mundo. Fin de la era liberal e inicio de un nuevo modelo económico.

El periodo de entreguerras

Antes de la guerra Estados Unidos había vivido un periodo de prosperidad y estabilidad que lo hacían una economía segura para los capitales del mundo y el comercio. Situación que se fortaleció durante la guerra por la demanda de sus exportaciones hacia Europa y las llegadas de capital extranjero a su territorio en busca de seguridad. En la década de los veinte Estados Unidos se había convertido en el país más próspero y poderoso del mundo.

El periodo de bonanza termina a fines de los veinte con la crisis de éxito que estalló en otoño de 1929. Con el auge de las actividades productivas los ingresos de los norteamericanos se incrementaron en tal magnitud que el ahorro acumulado llegó a exceder las necesidades de inversión que aunado a la ampliación y diversificación de los mercados de dinero que se venía dando, incentivaron las prácticas especulativas e hipotecarias. El boom financiero se apoderó de los norteamericanos, empresarios, banqueros y familias, estado de ánimo que les impidió ver que la economía comenzaba la fase de caída del ciclo económico. La especulación crecía porque a las familias les sobraba el dinero que no gastaban en los mercados de bienes de consumo, de modo que las empresas acumulaban inventarios, las industrias disminuyeron su producción a lo que siguió la no contratación y los despidos de trabajadores con lo que se completa el panorama de una crisis que se extendió a todas las economías capitalistas que duraría más de una década.

Fue el presidente de Estados Unidos Franklin D. Roosevelt (1933-1944), quien se propuso atacar de fondo las causas y las consecuencias de la crisis del 29 y sentar las bases de una urgente recuperación económica visto que las fuerzas del mercado mostraban que no eran la solución. Roosevelt llamó New Deal a su propuesta en la que se condensaba las ideas económicas del economista inglés John Maynard Keynes.

Las necesidades sociales y políticas del gobierno de Roosevelt y las medidas que la teoría macroeconómica de Keynes proponía se complementaron, dando como resultado un modelo económico donde el Estado se había convertido en un agente grande de mercado, la necesidad arrinconó a la libertad.

El modelo de economía social de mercado del New Deal adoptado por el resto de países capitalistas no obtuvo resultados satisfactorios con sus políticas de empleo a nivel mundial, continuaban las rigideces en los ámbitos monetario y financiero, siendo la más importante el patrón oro, valor de referencia para todas las monedas, mostraba su gran limitación, la escasez, países que no tenían oro sólo podían comprar en el exterior lo que el valor de sus exportaciones les permitían, restricción grave si el mayor contenido de sus exportaciones era de materias primas, la opción que les quedaba era tomar deuda en divisas fuertes. Con todo, el modelo de economía cerrada siguió vigente en el periodo de entreguerras y se amplió y fortaleció en la segunda mitad del siglo.

La Era Bretton Woods

En la Conferencia de Bretton Woods celebrada en Estados Unidos en 1944, se reunieron 44 naciones con la finalidad de crear un marco que regulara el funcionamiento de las economías del mundo occidental y las relaciones que se establecían entre ellas, nacen el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Acuerdo General Aranceles y Comercio -mejor conocido como GATT por sus siglas en inglés-. La idea era cubrir la falta de un armado institucional coherente que solo la teoría keynesiana no podía llenar para encarar con mayor eficacia y fuerza la crisis que la segunda Guerra Mundial estaba dejando. El mismo Keynes estuvo involucrado en la organización de las deliberaciones que dieron vida a esos organismos internacionales que serían los encargados vigilar el manejo de las operaciones de la economía monetaria a través del FMI, el BM daría respaldo de los planes de desarrollo regional y el GATT orientado a definir criterios y reglas generales en materia de comercio exterior que los miembros debían aceptar.

Los resultados de BW fueron favorables en general, se reabrió el comercio internacional, se implantó un sistema monetario mundial de paridades fijas que dieran mayor certidumbre con el respaldo del dólar norteamericano, sus reservas de oro y la fortaleza de su economía, lo cual generó un periodo de estabilidad y crecimiento económico en las economías occidentales. Entre 1964 y 1985 el comercio mundial, sin considerar el área socialista, creció 12.4% mientras que el producto lo hacía en 10.4 por ciento. El auge material se vio acompasado con la expansión del sistema financiero internacional. El progreso, sin embargo, no se distribuyó con equidad, es decir, benefició a algunos más que a otros.

La disparidad productiva entre las economías nacionales no logró revertirse de modo que las tasas de desempleo continuaron siendo altas sobre todo en los países de menor desarrollo. El rezago estructural dividió al mundo en países deudores y los acreedores, siendo EU el más importante gracias poderío económico.

Las economías del mundo subdesarrollado se orientaron a los mercados internos con un amplio repertorio de políticas de toda índole, social, económica, cultural y propiamente política. El proteccionismo fue el camino que eligió un importante número de economías, incluso desarrolladas, como una manera de apoyar sus esfuerzos para encontrar sendas de desarrollo propias, sin embargo, la división internacional del trabajo previa a la guerra prevaleció lo que no impidió que las disparidades externas y los desequilibrios internos se agudizaran causando que los índices de pobreza y desigualdad se incrementaran.

Durante ese periodo, los gobiernos nacionales enfrentaron problemas de balanza de pagos tanto por desequilibrios comerciales como por la inestabilidad de sus monedas depreciadas por las dinámicas inflacionarias que muchos de ellos padecían, por lo tanto, que en el interior se veían obligados a incurrir en déficits fiscales que aunados a los problemas monetarios los colocaban en crisis de pagos que los llevaba a contratar deuda cada vez más impagable. 

La fase final del modelo desarrollista de BW culminó cuando Estados Unidos entendió que no iba a poder soportar la dinámica de crisis recurrentes si las disparidades entre países continuaban por largo plazo, algo previsible si se sabía que en el fondo de las crisis yacían factores diferentes a los estrictamente económicos y monetarios, por lo que el presidente Richard Nixon decidió abandonar el patrón oro y dejar que la paridad del dólar flotara libremente con respecto al resto de monedas del mundo, en ese momento se cierra la era de Bretton Woods iniciada 25 años antes.

Las economías emergentes se orientaron a los mercados internos y un amplio repertorio de políticas de índole social, económica, cultural y propiamente política se aplicaron a fortalecer el estado de vida de las naciones. El proteccionismo fue la divisa de las economías, desarrolladas o no, con lo que la división internacional del trabajo previa a la guerra se reforzó causando agudos desequilibrios nacionales como internacionales. Paralelamente, bajan las exportaciones, las deudas de los países en el subdesarrollo se incrementan, sobrevienen crisis recurrentes, cae la producción mundial, aumenta el desempleo, aparece la inflación y en consecuencia avanza la pobreza mundial.            

El regreso del liberalismo económico

En mi ensayo Las ideas económicas en espiral (Revista de la Universidad, # 4, UAS, 1998), me refería a la incapacidad que los modelos de bienestar estaban mostrando para resolver los problemas del desarrollo económico de los principales países industriales y, sobre todo, en los que se encontraban en atraso económico. La situación llevó a revisar la eficacia de las políticas económicas keynesianas en sus fundamentos como en consecuencias. Es así como surge en los centros académicos un renovado interés por la antigua teoría económica motivados por encontrar las respuestas a cómo y por qué crecen los países. Joan Robinson, exponente estelar del pensamiento keynesiano, alertaba, por los años setenta, que la corriente neoclásica, de base liberal, había restablecido la defensa del laissez faire, doctrina según la cual la libre actuación de los mercados no solo garantiza la eficacia, sino también la justicia.

La gravedad de las crisis encapsuló el eco de las admoniciones de la señora Robinson, una a una de las condiciones y las políticas keynesianas fue desactivada. El último bastión en caer fue el patrón oro sostenido por Estados Unidos, de ahí en adelante los gobiernos occidentales dejaron que los mercados dieran las respuestas a las preguntas siempre vigentes que toda sociedad se tiene que plantear, qué, cómo y para quién producir.

El bienestar mediante la política

Cómo hemos visto, tampoco los modelos liberales, ahora llamado, con un aire despectivo, neoliberalismo, han podido refrenar la pobreza y la desigualdad en muchos países atrasados del mundo y ahora, para sorpresa de muchos, también en economías con niveles de desarrollo más altos. Situaciones que han dado lugar a la reaparición de ideas que tuvieron su mejor época en circunstancias más convenientes cuando el fenómeno de la globalización no existía.

La estrategia populista de justiciatiene al Estado como soporte fundamental. No obstante tener antecedentes respetables como lo fueron en su momento la teoría macroeconómica creada por el economista John Maynard Keynes y el New Deal del presidente de Franklin D. Roosevelt, en su aplicación actual no puede esconder los fines políticos utilitarios que tiene.    

Aquellas ideas, legítimas y respetables como lo fueron en su momento, enfrentan ahora la dificultad de que el mundo de ahora no es igual al que tuvieron en su primera aparición con naciones y fronteras cerradas, sociedades y culturas más vinculadas a sus historias, regímenes políticos cerrados en los que la apertura a nuevas ideas y opciones políticas no eran la regla. Cierto es que la pobreza clama por soluciones que ni los estados afines a las economías de libre competencia y tampoco los que anclan en el Estado la solución de sus problemas, han logrado dar respuestas definitivas. Dificultad que ha alentado las alternativas populistas cuyos apoyos a la gente necesitada consiste, principalmente, en entregarles dinero directamente.

No está en la gente de bien negar que ese tipo de ayuda sirve a la gente que realmente la necesita, pero está demostrado que el desarrollo humano no equivale a meter dinero en los bolsillos de las personas, sino en incrementar sus capacidades, promover sus talentos, cuidar su salud y garantizarles la seguridad necesaria para que vivan en tranquilidad. Además de que si de algo priva a la gente ese tipo de ayuda es de libertad, debido a la manipulación política que los gobernantes hacen mediante esos programas de entrega de dinero a sectores de muy bajos ingresos a cambio de lealtades políticas.  

El bienestar mediante la libertad en la democracia.

John Rawls se propone encontrar la respuesta a la siguiente pregunta: ¿Cómo es posible que logre existir una sociedad estable y justa de ciudadanos libres con iguales oportunidades y derechos de cultura? Cuestionamiento relevante debido a que en los últimos 200 años ninguna doctrina económica, liberal o estatista, pudo servir de base estable para apoyar políticas de bienestar justas. Ni el libre mercado o los modelos económicos regulados por el Estado han ofrecido soluciones que superen los retos de la justicia.

Rawls vio que el origen de esta dificultad radicaba en no haber encontrado el punto de equilibrio entre los dos polos que tensionan el problema, la libertad y la justicia, tema de actualidad que sigue ocupando la atención de pensadores brillantes como Michel J. Sandel quien en reciente entrevista afirma: No existe consenso sobre conceptos como justicia y libertad (El Mundo, España, 13/12/23).

En la perspectiva crítica de Rawls la justicia no reside exclusivamente en ninguno de los polos, toda vez que es un valor cuya fortaleza se relaciona con aspectos morales culturales, cívicos y políticos de la persona. El diagnóstico le conduce al estudio del tema y a tratar de encontrar la solución. Gracias a su línea de pensamiento liberal, se propone crear un modelo de justicia imparcial y equitativos dentro del entramado de las relaciones de mercado en un marco democrático de derechos, obligaciones y libertades en el que todos los individuos de la sociedad conocen y acepten los principios de justicia.

Dos condiciones guían las reflexiones de Rawls, la racionalidad y la razonabilidad, mismas que marcan el orden lógico de su pensamiento y el sentido moral que imprime a sus reflexiones, ambas le permitirán explicar la concepción de la cooperación en que se basa su concepción de la justicia.

John Rawls entendía muy bien que la operación libre de los mercados aun fuera proporcional en la distribución de sus productos a los participantes, podría no ser justa en automático. Entendió que la mano invisible de Adam Smith perdía su dejo de moralidad cuando las fuerzas del mercado dejaban de ser competitivas anulando el principio de equidad. 

El mecanismo de injusticia le es intrínseco a los mercados. La lógica de la eficacia no implica necesariamente la lógica de la equidad, al contario observó Rawls, razón por la cual introduce en su modelo de justicia las condiciones iniciales para que los mercados libres, a más de eficaces, permitan la justicia.

El modelo JCI

Las condiciones se garantizan si se cumple con dos principios, 1, tener derecho igual a un conjunto de libertades básicas que sea compatible con un esquema de semejante de libertades para los demás, 2.1, que se encuentren vinculadas a empleos y cargos asequibles para todos en justa igualdad de oportunidades, y 2. 2, que las desigualdades sean tales que aun así sean ventajosas para todos.

Aceptados socialmente los dos principios en la situación inicial, tendrán que tomar el carácter de ley a la que la sociedad quedará sujeta. Vale decir que el análisis de Rawls sobre los principios está contenido en el libro Teoría de la Justicia, posteriormente, en un segundo libro sobre el tema, Liberalismo político, incorpora al modelo los aspectos de identidad que le permitieron trascender la cultura occidental en la que enmarcó el primer trabajo.     

El modelo de justicia de Rawls no propone que la desigualdad social desaparezca, pretenderlo sería tanto como aceptar que todos los individuos lo fueran. No parece que ese mismo rasero se imponga ahora ni en el futuro en ninguna sociedad libre. El principal interés de Rawls es que el individuo menos favorecido en la escala de la desigualdad lo sea menos posible dadas las condiciones sociales vigentes más generales.

Nota final  

El tema de la relación entre la libertad y la justicia nunca perderá actualidad en tanto que, junto a la moral, el valor catalizador de su convergencia, dan un sentido de cooperación social hacia el bien de cada individuo. Actitud fraterna de todos y cada uno que se encuentre en un mundo que permita al individuo hacer una vida plena en la que pueda desarrollar su potencialidad humana. Horizonte tan promisorio como difícil de lograr ha sido, que aún sigue siendo un reto por vencer.


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