Revista del Pensamiento Político

Diversidad o decadencia. Sinaloa aquí y ahora

Juan Ignacio Bastidas Lomelí

               Se me impone con evidencia que el tema dominante en la prensa local (Culiacán) son las ejecuciones, de este hecho me llama la atención que, a pesar de la cantidad de ejecutados, no disminuye de manera notable la frecuencia ni la cantidad de ese tipo de homicidios. Resulta muy comprensible que el gobernador de la entidad, en unión de otros notables de la región, hiciera un llamado a la reflexión sobre el problema. En su situación haría lo mismo, de hecho, eso intento hacer con este ensayo. En las siguientes líneas sostengo que la mayor diversidad de opciones para determinar diversos proyectos de vida, así como para elegir los medios para realizarlos, es el medio más eficiente para desacelerar aquella oscura progresión matemática. La formula salió del recetario liberal, no me sorprendería que se tomara como una respuesta cándida y simplista. No lo es. Diversidad o decadencia, esa línea de argumento llevó John Stuart Mill y Friedrich Nietzsche a sostener  que  no elegir es peor para el hombre que elegir mal, o elegir el mal, y en defensa de esa tesis no dudaron en sostener afirmaciones algo  oscuras; el primero de ellos en On Liberty afirma que si la tolerancia de las costumbres de gente bárbara (del ejercicio de su libertad), lleva a la perversión a una civilización, es que ésta ya estaba corrompida con anterioridad, y es mejor que se percate pronto que su fin esta cerca, y que esa corrupción ira de mal en peor hasta que  sea destruida y regenerada, como el imperio occidental (Roma) por los mismos bárbaros –“energetic barbarians” dice-, quienes al menos fueron tenaces en su afán de conquista y fortuna[1]; por su parte el segundo autor parece aún más radical: “No tenemos que conformarnos ni sentirnos satisfechos con lo que el mundo nos ofrece, sino que tenemos que ser Hombres guerreros que miran y actúan con grandeza de alma; sin acobardarnos por miedo a luchar, no buscar la paz por temor a enfrentarnos, sino la guerra constante contra lo mediocre; no pretender ser hombres que obedecen ciegamente a la sociedad, sino cultivar siempre el ingenio, la creatividad, el virtuosismo en un sentido especial…”[2]; y en otro lugar lleva su tesis aún más lejos: “Conozco el odio y la envidia de sus corazones. Ustedes no son lo bastante grandes para no conocer el odio y la envidia. ¡Sean, pues, lo bastante grandes para no avergonzarse de ellos![3]. Por ahora sólo me interesa resaltar las claras advertencias de nuestros autores: si no hay diversidad de oportunidades para la realización personal, el ímpetu del carácter sinaloense fuertemente individualista, se abre cauce como sea, y la decadencia terminará en el caos del orden social, en la subversión de los valores, sean los que sean; en ese sentido, para ser más claros,  podríamos cambiar la referencia a los “bárbaros” en Mill, y trocarla por la de “narcos”, encontrando así en no pocos casos la “grandeza” de  Nietzsche en la medida suficiente para que tales individuos no se avergüencen de las consecuencias de la codicia y el odio en sus corazones; ¿No es ese el presupuesto latente de los narco- corridos tan populares?. Suena macabro, pero el punto es que la envidia y el inconformismo son motores de la conducta social (empresarial, cívica, profesional), destructiva o pro-activa, pero motores al fin, o como les llama otro científico social, son parte del cemento de la sociedad[4]. No podemos evadir este punto, y como todo motor puede dirigirse de manera destructiva o constructiva.  Podemos entonces aspirar a crear un ambiente institucional y social propicio para la actitud del desarrollo individual integral, y ése es el punto, acercar opciones (entre más mejor) de vida, de grandeza, de realización, de reconocimiento a los individuos en riesgo de tomar decisiones no deseadas, de otra forma solo queda esperar lo peor.

Ahora es necesario aclarar la idea de la diversidad y cómo puede contribuir al desarrollo de todos y cada uno de los individuos. Sin duda, el gran temor frente a la diversidad y a la libertad, en nuestra sociedad, es el libertinaje; ese riesgo es inevitable, al final solo puede aminorarse mediante el liderazgo o la ejemplaridad, que envuelven la elección deseable como la opción más seductora; sin embargo, la diversidad en la libertad lo que busca directamente es la autonomía como ideal, no del hombre que desprecia su sociedad, sino del hombre crítico y auto crítico cuyo sometimiento al orden social  es informado por sus propios razonamientos. La diversidad implica un ambiente social donde el individuo -viejo, joven, niño-, tenga la oportunidad de ejercitar una y otra vez su libertad de escoger entre las opciones que perciba más convenientes para su propio desarrollo, usando sus propios valores, usando su propio conocimiento, bajo el mínimo de restricciones necesarias[5]. Lo opuesto a la diversidad de opciones, es la uniformidad que ahoga toda iniciativa, creatividad e innovación; en cambio, en el ejercicio de la decisión  esta la maduración del propio criterio, en ese sentido es muy exacta la afirmación de que elegir el mal esclaviza, y es más propenso a la esclavitud quien poco ha ejercido su libertad de elegir entre una diversidad de opciones. En palabras de Mill: “…The human faculties of perception, judgement, discriminative, feeling, mental activity, and even moral preference are exercised only in making a choice. He who does anything because it is the custom makes no choice. He gains no practice either in discerning or in desiring what is best. The mental and moral, like the muscular, powers are improved only by being used…”[6].

               El punto débil del liberalismo es el optimismo excesivo en la bondad de la naturaleza humana, y específicamente en la libertad de los individuos. El punto es que en cualquier sociedad, los hombres tienen diferentes y conflictivos fines y valores, por los cuales compiten para obtener los medios de llevarlos a cabo; y cada ser humano tiene diferente dotación de talentos, experiencia, conocimiento, vivencias que estructuran y jerarquizan sus valores y prioridades de acción; ante este hecho, pensadores liberales más contemporáneos, como Berlín proponen el pluralismo bajo un criterio que en principio me parece inocuo: “…El grado de libertad que goce un hombre, o un pueblo , para elegir vivir como quiera tiene que estar medido por contraste con lo que pretendan significar otros valores, de los cuales quizá sean los ejemplos más evidentes la igualdad, la justicia, la felicidad, la seguridad o el orden público. Por esta razón la libertad no puede ser ilimitada…”[7]; más recientemente, en lo que ahora nos incumbe, John Gray reinterpreta la tolerancia, como la mediación y el compromiso, para resolver las distorsiones creadas por la competencia entre los diversos modos de vida, con el objeto de mantener la paz, excluyendo el compromiso radical y ciego con cualquier valor concreto[8]. En otro momento me detendría para dialogar a fondo con esas propuestas, baste por ahora decir  que también me resulta poco creativo y emprendedor acudir   otra vez a la libertad egocéntrica (contraste entre valores), para resolver los problemas surgidos por ella misma, como lo hace Berlin; en cuanto a Gray, la tolerancia solo puede tener valor si preserva algo de mayor estima, algo que no es negociable, en todo caso lo que él propone es prudencia, no tolerancia.

Considero pertinente reestablecer el objetivo y el punto de partida. El propósito es mostrar cómo la diversidad de opciones puede llevar al orden social próspero y pacífico que todos queremos para Sinaloa. El punto de partida hasta ahora ha sido que los motores más básicos de la conducta social, son el innato sentido del propio interés o egoísmo, y la envidia o el inconformismo con lo adquirido, ideas que fueron introducidas en la teoría social por Hobbes, Locke y el resto de los liberales clásicos. Ahora ampliamos esa concepción siguiendo la tesis de Elster de que los motores de la conducta social son, además de los anteriores señalados, el conformismo con las normas sociales y el altruismo. Ninguna de esos puntos debemos asumirlos desde la concepción moral, sino como impulsos espontáneos generales que se presentan en formas y medidas variadísimas en cada individuo y sociedad. Por ejemplo, para los residentes de cierta ciudad, los originarios de otra pueden parecerles excesivamente competitivos, en cambio para una comunidad indígena, el consumismo y las maneras un tanto despreocupadas del entorno de la primera ciudad serían intolerablemente egoístas. En adelante, pretendo orientar la discusión, ya no en el sentido de mostrar la imposibilidad de evitar la destrucción del desarrollo económico mediante las instituciones moldeadas por lo motores del interés propio y el inconformismo (primer tipo), como son el mercado, la democracia, la libre empresa; sin la diversidad de opciones como modelo de sociedad, modelo realizable mediante la reestructuración de las instituciones bajo el influjo de los motores del altruismo y la conformidad (segundo tipo). Las instituciones más propias del primer tipo, que llamaremos libertarias, en su estadio actual de hegemonía, generan directamente la marginación de las instituciones del segundo tipo, que llamaremos solidarias. Benedicto XVI muestra una versión comprensiva del mecanismo actual de esa hegemonía: “El mercado al hacerse global, ha estimulado, sobre todo en países ricos, la búsqueda de áreas en las que emplazar la producción a bajo coste con el fin de reducir los precios de muchos bienes, aumentar el poder de adquisición y acelerar por tanto el índice de crecimiento, centrado en un mayor consumo en el propio mercado interior. Consecuentemente, el mercado ha estimulado nuevas formas de competencia entre los estados con el fin de atraer centros productivos de empresas extranjeras, adoptando diversas medidas, como una fiscalidad favorable y la falta de reglamentación del mundo del trabajo. Estos procesos han llevado a la reducción de la red de seguridad social a cambio de la búsqueda de mayores ventajas competitivas en el mercado global, con grave peligro para los derecho de los trabajadores, para los derecho fundamentales del hombre y para la solidaridad en las tradicionales formas del Estado social[9]. No pretendo sostener que el narcotráfico como empresa del crimen, o crimen organizado, es consecuencia de la pobreza, tampoco sugerir que la mejora en el bienestar social disminuya aquel problema; pretendo, en cambio, mostrar la imposibilidad de encontrar una solución directa a un fenómeno fuertemente ligado con la libertad. Sostengo que este tipo de problemas, ligados con el ejercicio de la libertad, solo puede pueden encontrar un equilibrio llevadero, bajo un re-direccionamiento, en este caso inducido, de la misma libertad. El narcotráfico como fenómeno indeseable, en mi opinión, comparte muchas similitudes con el del tráfico de esclavos. La esclavitud y el tráfico de esclavos, o esclavas, no ha desaparecido, pero sin duda ha disminuido mucho, ¿Por qué?, no sólo por bondadosas razones, sino por el sistema de libre mercado de la fuerza de trabajo y de capital, que es todavía preferible a la esclavitud en el entorno institucional actual, tanto local como internacional, por cierto, que otras teorías sociales consideran el libre mercado de trabajo como un nuevo tipo de esclavitud. Al final, la esclavitud terminó por un efecto indirecto del cambio institucional. Ahora, ¿Qué tipo de instituciones pueden inducir la reducción del crimen institucionalizado? ¿Qué objetivo debe moldear esas instituciones? El objetivo de esas posibles instituciones, como ya mencioné, anteriormente es acercar una diversidad de opciones de desarrollo personal, a quienes potencialmente pueden elegir la opción no deseada racionalmente, sin dejar de hacer lo que ya se hace en cuanto a labor policíaca. Ya se han institucionalizado algunas iniciativas en ese sentido como Empreser, el programa Oportunidades, universidades públicas, el otorgamiento de micro-créditos; todos esos programas e instituciones aportan opciones para escoger el propio desarrollo; sin embargo, sostengo que todavía se puede crecer mucho más en cuanto a su metodología y alcances. Un aspecto muy abandonado en nuestra sociedad, es la detección temprana de talentos especiales y su promoción, lo que en sí constituye el combustible del desarrollo económico, tecnológico y cultural, que en nuestro medio, puedo afirmar que en la escala de la sociedad, se deja prácticamente al azar restringido, ¿A quienes ?, en primer lugar entre quienes se percataron que tiene capacidades especiales, y segundo, entre quienes pueden pagar una educación especial, o tienen la fortuna de hacerse notar de alguna manera en los institutos apropiados. Por otra parte, cabe señalar la propuesta más integral de Benedicto XVI, acerca de la conveniencia de la creación de una nueva institucionalidad económica impulsada desde la iniciativa coordinada privada y pública[10], compuesta por empresas que tengan objetivos de utilidad social, donde no se excluye el beneficio, pero se le considera un instrumento para objetivos humanos y sociales;  instituciones comparables a éstas pueden ser el INFONAVIT, pero esta funciona sólo a instancias del sector público; o como el TELETON, pero está encaminada a la salud, no directamente a proveer de opciones para la elegir el propio camino de desarrollo personal. No creo que sea una propuesta utópica, pero intuyo que exige un elevado ejercicio de creatividad y capacidad propiamente política.

BIBLIOGRAFIA

Berlín, Isaiah, Alianza Editorial, Cuatro Ensayos sobre la Libertad, Madrid, 1998

Elster Jon, “The cement of society”, Cambridge University Press, Cambridge, 1989

Gray, John. Liberalism, University of Minnesota Press, segunda edición, Minneapolis 2003

Gray, Jhon. Las dos caras del liberalismo. Una nueva interpretación de la tolerancia liberal. Piados, Barcelona, 2001

Nietzsche, Federico. El anticristo y Así Habla Zaratustra, Editores Mexicanos Unidos, México, 2007

Ratzinger, Joseph (Benedicto XVI). Caritas in veritate

Stuart Mill, John. On Liberty, Penguin Books, London, 1985.


[1] Stuart Mill, John, On Liberty, Penguin Books, London, 1985, p. 162

[2] Nietzsche, Federico. El anticristo y Así Habla Zaratustra, Editores Mexicanos Unidos, México, 2007, p. 296

[3] Nietzsche, Federico, ibidem p. 46

[4] Cfr. Elster Jon , “The cement of society” ,Cambridge University Press, Cambridge, 1989, p.287

[5] Cfr. Gray , John. Liberalism, University of Minnesota Press, segunda edición, Minneapolis 2003, Pp 59- 63

[6] Stuart Mill, John, ibidem p. 122

[7] Berlín, Isaiah, Alianza Editorial, Cuatro Ensayos sobre la Libertad, Madrid, 1998, p. 278

[8] Cfr. Gray, Jhon. Las dos caras del liberalismo. Una nueva interpretación de la tolerancia liberal. Piados, Barcelona, 2001, Pp. 132-134

[9] Caritas In Veritas. Cap. II. n.25

[10] Ibidem Cap. IV n.46


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