Emb. Enrique Hubbard Urrea
La primera Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno se celebró en México en 1991 y consagró en su Declaración final el reconocimiento de un espacio común iberoamericano de concertación política y de cooperación al que de año en año se ha ido dotando de profundidad y contenido.
Los antecedentes de la cumbre arrancan en aquel año, con una declaración formal que señala que: ““Hemos decidido constituir la Conferencia Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno con la participación de los estados soberanos de América y Europa de lengua española y portuguesa”.
“Procuramos una Iberoamérica próspera, inclusiva y sostenible”.
La Cumbre Iberoamericana de Santo Domingo es especial en muchos aspectos y, de hecho, es la primera que se celebra presencialmente desde 2019 a causa de la pandemia.
En su estructura esa Conferencia Iberoamericana tiene como eje central la celebración bienal (anual hasta 2014) de la Cumbre Iberoamericana, una reunión del más alto nivel político. Dicha reunión es coordinada por la Secretaría Pro Témpore (constituida por el país anfitrión de la Cumbre) de la mano con la Secretaría General Iberoamericana.
Los encuentros constituyen un foro privilegiado para tratar asuntos multilaterales. Crean un clima de confianza entre los diversos actores que permite intercambiar experiencias, establecer diagnósticos compartidos y concertar posiciones comunes ante los desafíos que enfrenta la Comunidad Iberoamericana. Los miembros de la Conferencia Iberoamericana son 22 países de Iberoamérica: 19 países de América Latina de lenguas castellana y portuguesa, más Andorra, España y Portugal.
La XXVIII Cumbre Iberoamericana de Jefes y Jefas de Estado y de Gobierno se efectuó los días 24 y 25 de marzo de 2023 en Santo Domingo, República Dominicana, bajo el lema “Juntos por una Iberoamérica justa y sostenible”.
Las 22 naciones reunidas en la Cumbre de República Dominicana adoptaron cuatro instrumentos a través de los cuales Iberoamérica fijará su posición y planteará soluciones a algunos de los principales retos que enfrenta la región.
El primero de estos documentos es la Carta Medioambiental Iberoamericana, que consolida la visión compartida frente a los desafíos del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación, y establece lineamientos para orientar normativas y políticas públicas en estas materias.
El segundo, es la Carta de Principios y Derechos Digitales Iberoamericana, que coloca a las personas en el centro de la transformación digital inclusiva, atiende a las brechas existentes y evite nuevas, y promueve principios que los Estados deben tener a la vista al implementar las legislaciones nacionales y poner en marcha políticas públicas.
El tercero es la Estrategia para alcanzar la seguridad alimentaria, que propone, entre otras medidas, aumentar el comercio intrarregional y el desarrollo de cadenas de suministro más resilientes, consolidar la agricultura familiar, expandir el acceso a financiamiento para transformar los sistemas agroalimentarios y fortalecer la infraestructura digital rural.
El cuarto, y último, es el Comunicado Especial sobre Arquitectura Financiera Internacional, que sistematiza una propuesta para avanzar hacia un sistema financiero internacional más justo, inclusivo y flexible, que permita a los países iberoamericanos afrontar de mejor manera los procesos de recuperación post pandemia, de transición energética, de adaptación climática y de lucha contra la desigualdad.
Fue éste el que más trabajo costó aprobarlo. Los participantes abogaron por una reforma estructural de las condiciones de financiamiento internacional para ampliar el acceso de los países de renta media y baja a recursos financieros para el desarrollo sostenible. El texto de la final de la Declaración de Santo Domingo subrayó la necesidad de contar con instrumentos financieros innovadores, con condiciones que faciliten el endeudamiento sostenible para mitigar los efectos del cambio climático y la adaptación al mismo, así como los perniciosos efectos de la Pandemia y los de la invasión rusa de Ucrania.
La Cumbre busca un mayor acercamiento de Latinoamérica con sus socios europeos, en especial en el contexto de la presidencia española de la UE en el segundo semestre de este año. Como parte de la Declaración de Santo Domingo se incluye un plan cuatrianual de cooperación 2023-2026 entre los países iberoamericanos y organismos e instancias internacionales, entre ellos la Unión Europea.
Aunque no forma parte directamente del orden del día, sí se planearon y discutieron los problemas derivados de la invasión rusa de Ucrania y sus repercusiones a nivel mundial, así como también un tema esencial para República Dominicana: la crisis del vecino Haití. Santo Domingo insistió enérgicamente en la necesidad de apoyar a su Policía Nacional para resolver una inusitada violencia que imposibilita cualquier paso adelante.
Al margen, en esta cumbre hay otros aspectos relevantes, como los numerosos encuentros bilaterales que se mantendrán y algunas entrevistas no programadas, en las que “usualmente se forjan lazos presenciales que son esenciales para las relaciones entre los Estados”.
Cabe observar que no todas las naciones participantes lo hacen al nivel de jefe de estado o de gobierno, pero incluso las charlas entre cancilleres pueden abrir paso a valiosos acuerdos.
Mención aparte merece señalar que México está representado a nivel vicecanciller.
Volveré sobre esto más adelante.
Ha llamado la atención de manera notoria el hecho de que anunciaran asistencia los jefes de estado de Colombia y Venezuela, que apenas inician un complicado sendero de reconciliación después de numerosos incidentes fronterizos de seguridad y a la vista de la visita de estado que efectuara el presidente colombiano a la nación vecina recientemente.
Confirmaron su presencia 14 de los 22 jefes de Estado y de gobierno convocados a la cita en Santo Domingo, que cerró el sábado 25 de marzo con una declaración conjunta. Llama poderosamente la atención que no acudan los jefes de estado de las más importantes economías de la región, Brasil y México.
El rey de España, Felipe VI, junto al jefe de gobierno español, Pedro Sánchez, asistió, al igual que otros presidentes como el chileno Gabriel Boric, el uruguayo Luis Lacalle Pou, la hondureña Xiomara Castro y el portugués Marcelo Rebelo de Sousa.
La cita servirá además de preparación para la cumbre de julio entre la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la Unión Europea, que se celebrará el 17 y 18 de julio en Bélgica.
En esas conversaciones puede ahondarse más en asuntos como la migración, pero aunque será tratada en la cumbre, no se esperaba mucho protagonismo, pese a la existencia de fuertes flujos de migrantes venezolanos, centroamericanos y mexicanos.
La prensa especializada criticó la ausencia de López Obrador, por considerar que México desairó la Cumbre Iberoamericana.
Peor aún, como ya señalé, ni AMLO ni Ebrard asistirán a Santo Domingo, tal vez para evitar encontrarse con Felipe VI, Rey de España, y con Pedro Sánchez, presidente del gobierno español.
La decisión, estimaron dichos analistas, responde al mal momento de las relaciones entre España y México, tras las denuncias de López Obrador contra firmas españolas en el país, a las que acusó de pagar sobornos a cambio de contratos, con la complicidad de los gobiernos de ambos países.
También exigió una disculpa de la corona por las consecuencias de la conquista de México.
De todos modos, “siempre han existido tensiones con España”, indicó un experto, citando el famoso “por qué no te callas” del rey Juan Carlos al fallecido presidente venezolano Hugo Chávez en 2007, ocurrido en Guadalajara, precisamente durante una Cumbre Iberoamericana.
A diferencia de México, que envía a un funcionario de segunda línea, cerca de 14 jefes de Estado o de Gobierno asistieron a la Cumbre Iberoamericana. Entre ellos figuran, como ya quedó establecido, tanto el rey de España, Felipe VI; como el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez; el presidente de Colombia, Gustavo Petro; el de Chile, Gabriel Boric; el de Uruguay, Luis Lacalle Pou; Argentina, Alberto Fernández, Mario Abdo Benítez de Paraguay, Xiomara Castro de Honduras, Miguel Díaz-Canel de Cuba, el primer ministro de San Vicente y Granadina, Ralph Gonsalves, además del jefe de política exterior de la Unión Europea, Josep Borrell.
Además de las ausencias mexicanas, destaca la del presidente brasileño, Luiz Ignacio Lula da Silva, que decidió no viajar a República Dominicana para concretar una esperada visita a China en la que se entrevistará con el presidente chino, Xi Jinping.
También se notó la ausencia del salvadoreño, Nayib Bukele y, a última hora, la de Nicolás Maduro de Venezuela, que al parecer dio positivo a Covid.
Mientras tanto, en medio de tensiones diplomáticas, Guillermo Lasso de Ecuador y Alberto Fernández de Argentina, se cruzaron en la Cumbre Iberoamericana tras la fuga de María de los Ángeles Duarte de la embajada argentina en Quito. La ex ministra ecuatoriana estaba asilada tras ser condenada a ocho años de prisión por corrupción.
Reunir a todos los mandatarios de América Latina es una misión complicada. La Cumbre sufrió varios desaires que, especialmente en el caso de México y Centroamérica, parecen debilitar la convocatoria. A juicio de varios analistas, la ausencia de los presidentes de Brasil y de México ha generado dudas sobre el impulso que podrían tener los acuerdos que se alcancen en esta cumbre. Al respecto, el subsecretario para América Latina y el Caribe, Maximiliano Reyes Zúñiga, dijo a The Associated Press que la inasistencia López Obrador y Lula Da Silva no se debe asumir como una falta de interés por la cumbre y recordó que el mandatario mexicano le ha dado prioridad a los asuntos internos desde que llegó al gobierno en el 2018.
Por su parte, el presidente chileno Boric Boric anunció a mediados de mes que sostendría una reunión con los “presidentes amigos” de América Latina para abordar el tema de la migración irregular.
El asunto se ha convertido en un dolor de cabeza para su gobierno, luego de que ordenara el envío de militares a la zona norte de Chile para reforzar el control fronterizo ante el ingreso masivo de miles de migrantes, en su mayoría venezolanos y haitianos.
Los migrantes irregulares en la zona fronteriza son devueltos por las autoridades chilenas y Perú acepta la reconducción, pero Bolivia los rechaza y sólo acoge a sus connacionales, tema que preocupa a Chile.
El gobierno de Boric no ha podido expulsar a más de 20 mil venezolanos porque Venezuela se niega a recibirlos.
El problema más complejo que padece Chile es con Bolivia, pues esos países no tienen relaciones diplomáticas desde 1987.
El presidente boliviano Luis Arce descartó la víspera un posible acuerdo bilateral con Chile para frenar la migración ilegal hacia ese país y propuso un diálogo entre todos los países de la región para abordar ese problema, con pocas esperanzas de que se avance en ese aspecto.
Por supuesto no es ninguna sorpresa que el Canciller venezolano haya reclamado el cese de las «criminales» sanciones de la UE y EEUU contra su país, ni que existiera desacuerdo respecto de las sanciones a Rusia por su invasión de Ucrania.
México ha mantenido un cierto grado de reticencia al respecto, así como acerca del envío de armas a Ucrania. El chileno Gabriel Boric fue el único que se pronunció en contra de Nicaragua por las violaciones a derechos humanos. Y por su parte el cubano Díaz Canel condenó el “bloqueo” económico que padece la isla.
La Declaración de Santo Domingo con que culminó la Cumbre propone mantener Iberoamérica como espacio privilegiado para el diálogo, la articulación política, el consenso y la cooperación. Hubo apoyo general para las palabras del presidente de Costa Rica, Rodrigo Chaves, cuando abogó por encontrar una solución a un tema concerniente a toda la comunidad internacional, como lo es la crisis de Haití.
A guise de conclusión, estas cumbres pierden brillo y son actos protocolarios, como demuestra obviamente el hecho de que el más notable éxito ha sido servir de preámbulo a la cumbre de la CELAC Unión Europea, pues todo indica que la CELAC ha tomado el lugar de la Cumbre iberoamericana, así como de la inoperante Alianza del Pacífico.
