En 1959 al terminar su licenciatura en economía en la UNAM, José Luis, hijo de un economista famoso del mismo nombre, vino a su tierra natal, a trabajar en su tesis que tituló “El mercado del tomate sinaloense”, que presentó en 26 de julio de 1960, para coincidir con el séptimo aniversario del Asalto al Cuartel Moncada, en Cuba, arranque de su revolución socialista. Escribió en el texto, que, por ser originario de Culiacán, conocía gran parte del Estado de Sinaloa, por lo que sus problemas sociales, económicos y políticos “han desfilado ante mis ojos desde muy temprana edad”. En sus conclusiones realiza una reflexión que sigue vigente, acerca de las posibilidades de aprovechar el potencial agrícola para la industrialización regional, que después de seis décadas no se ha concretado:
Sinaloa tiene enormes posibilidades de convertirse en una entidad industrial, a la par que agrícola, gracias a sus recursos hidráulicos que le proporcionan una potencialidad eléctrica, muy grande; además de las comunicaciones con que cuenta, que muy pronto se verán incrementadas con el Ferrocarril Chihuahua Pacífico y la carretera Mazatlán-Durango, amén de la habilitación del puerto de Topolobampo que, junto con el de Mazatlán, podrá utilizar la cada vez menos utópica marina mercante nacional o bien la flota japonesa cuya posible utilización presentará ciertas ventajas para nuestro comercio exterior…” (Ceceña, 1960, p119).
En menos de dos meses, 13 de septiembre de 1960 ya estaba como profesor de teoría económica en la escuela de economía de la Universidad de Sinaloa, que era una institución pequeña, en el ciclo escolar 1958-1959 tuvo 1,769 estudiantes, de los cuales solo 262 eran de profesional (15 por ciento del total), repartidos en cinco carreras que se alojaban en el Edificio Rosalino; Derecho (106), Química (23), Contador Público y Administrador de empresas (44) y economía (41) (Beltrán, p.205). José Luis estaría activo en la Universidad hasta 1973, tiempo en que ocurrió una masificación de la matrícula y crecimiento de profesorado. En 1970, la matrícula total llegó a 8,876, de la cual 3,296 era profesional y 440 sub profesional, ambas sumaron 42 por ciento del total.
José Luis trabajaría con los rectores Fernando Uriarte (1959-1962), Clemente Vizcarra Franco (interino sept-dic. 1962), Julio Ibarra Urrea (1963-1966), Rodolfo Monjaraz (1966-1970), Gonzalo Armenta Calderón (1970-1972) y Marco César García Salcido (1973-1973). Durante esos rectorados la institución empezó a masificarse, descentralizarse geográficamente, adoptar un sistema administrativo más moderno y a convertirse en un actor político central de Sinaloa. Tuvo que abandonar la Universidad al arribo del colapso provocado por el Enfermismo y exiliarse en la UNAM.
La escuela de economía era muy pequeña. En 1953 se abrió un bachillerato afín, pero la carrera inició en 1955. Cuando egresó la primera generación en 1959, solo nueve instituciones en el país la ofrecían: UNAM, IPN, Instituto Tecnológico de México, Universidad del Estado de Jalisco y Universidad Autónoma de Jalisco, Universidad de Nuevo León, Universidad del Sureste en Campeche y en Sinaloa.
José Luis era economista de segunda generación, por su padre, José Luis Ceceña Gámez, maestro de la UNAM con experiencia de trabajo en el sector público y organismos internacionales. El hijo recién llegado a Culiacán tenía una formación muy avanzada para la época. Tuvo como como profesores a los grandes economistas de México, que enseñaban la política económica en la UNAM y la aplicaban desde las dependencias del gobierno. Su trabajo en la pequeña escuela de economía sería revolucionario en el sentido académico y con gran impacto en su filosofía educativa. Su accionar tendría repercusiones en la vida pública de Culiacán y del estado. José Luis se convirtió en un caudillo cultural de la modernización de Sinaloa en la década de los sesenta.
Todo el año 1961 José Luis fue un profesor utility, impartió las materias historia económica general, historia del pensamiento económico, comercio internacional, intervención del estado en la economía, seminarios y laboratorios. De mayo a octubre de ese año interrumpe su labor como tiempo completo para asistir, en la ciudad de Delft en los Países Bajos, al Curso Internacional sobre pequeña industria, en el Research Institute for Management Science.
A su regreso, en febrero de 1962 es nombrado por primera vez Director de la Escuela Economía. En septiembre de ese año, al haber ganado una beca, se le otorga licencia para viajar a Polonia a la Escuela Central de Planificación y Estadística, en Varsovia, al Curso Superior de Planeación Económica Nacional, del 15 de octubre de 1962 al 15 de febrero de 1963. La estancia en Varsovia marcaría su futura vida académica e intelectual, y permite comprender sus afanes políticos, académicos e incluso personales.
Obtuvo el diploma con el ensayo del 28 de febrero de 1963: México, a regionally unbalanced economy. A case for Economic Planning. En enero de 1964 fue publicado en español la Revista Comercio Exterior y en febrero en el número uno de Breviarios universitarios de la Universidad de Sinaloa. Lo firmó como José Luis Ceceña Jr, quizá con la pretensión de distinguirse del padre y a la vez mantener la identidad. Se trata de un trabajo pionero en México, excepcional para su tiempo, cuando los estudios de desarrollo regional apenas empezaban, redactado por un joven economista de 25 años. Fue influido por los resultados del influyente estudio El desarrollo regional de México, de Paul Lamartine Yates (1961), economista inglés, consultor de la Dirección de Operaciones Técnicas de la ONU.
Aunque José Luis coincidió en el diagnóstico, ofrece una estrategia más radical y con perspectivas de cambio social, inspirado en las enseñanzas de sus maestros en Polonia: Oskar Lange, Michael Kalecky, Ignacy Sachs y Antoni Kuklinsky. Se pronuncia por avanzar en una planeación económica con fuerte intervención gubernamental. El desafío no solo era la industrialización, que asume como el paso imprescindible para lograr el desarrollo, pues es insuficiente; se requiere, paralelamente, mejorar la agricultura, cambiar la economía orientada al exterior que desperdicia divisas escasas en importaciones suntuarias, y atender las necesidades urgentes de la población. Propone planes nacionales, locales, sectoriales; crear economías de escala para las actividades económicas. La prioridad no debe ser la construcción de infraestructura, sino hacer avanzar la industria pesada y las inversiones en agricultura para generar capital de inversión con los mejores resultados a largo plazo. Sostiene que “la planeación en México deberá ser tanto planeación financiera, como planeación física (espacial) (Ceceña, 1964, p.19).
Propone, asimismo, crear un sistema nacional de planeación económica, planes quinquenales, anuales, trimestrales, para aprovechar racionalmente los recursos “sin reducir el nivel de consumo”, que crezcan las inversiones al paso del crecimiento del ingreso nacional; no hay que poner por delante la solución del desempleo y subempleo que solo se logará con mayor producción. Para implantar el nuevo modelo de desarrollo, propone cambios radicales “relativos a la estructura administrativa, económica, social y política de México” (Ibídem, p.22). Se trató de una formulación revolucionaria, de un capitalismo estatista, que parecería un atrevimiento inviable, pero hay que recordar el contexto social de la guerra fría que vivía el mundo y la “dictadura perfecta” del desarrollo estabilizador en México. Estas ideas lo acompañarían siempre en su futuro desarrollo intelectual
A su regreso a Culiacán, se le nombra de nuevo director de economía en septiembre de 1963 y profesor de tiempo completo. Además, imparte economía en la carrera de contador público. En esta nueva etapa los cursos que imparte son teoría económica y social, Marxismo, economía agrícola (intensivo) y teoría del desarrollo económico. Se le ratifica como director de septiembre de 1964 al 31 de agosto de 1965. En junio de 1966 se le afilia al IMSS. Era un profesor meticuloso en su clase, con un programa de actividades siempre apoyado en bibliografía para aquel tiempo de frontera. Era la época de la guerra fría y el contenido de sus cursos era progresista sin lindar en lo radical, usaba materiales de autores considerados progresistas o anti establishment, a los economistas Paul Baran, Paul M. Sweezy, Harry Magdoff, Oscar Lange, Michael kalecky, Maurice Doob, Charles Bettelheim. Como intelectual se identificaba más con un tipo de marxismo emparentado con el desarrollismo, aunque con una base doctrinaria de marxismo de manual, sin embargo, su capacidad de análisis y crítica teórica era realmente sorprendente: Armando Córdova, Silva Michelena, Antonio García, Alonso Aguilar, Ceceña Gámez, Fernando Carmona, Aníbal Quijano y Sergio Bagú (Burgueño, 1983).
Sus clases eran muy divertidas y amenas, sin perder formalidad. Su exigencia hacia que difícilmente pusiera diez de calificación a sus estudiantes. En su afán por imponer su visión de las cosas llegaba al límite de la intolerancia, pidiéndole en ocasiones que saliera de su clase a algún alumno que se atrevía a contradecirlo. Podía ser mordaz y en ocasiones cruel. Cuentan sus estudiantes que una vez crítico a uno de sus alumnos diciendo que su IQ era de un alumno de segundo año de primaria, que había engañado a sus profesores para terminarla y no se explicaba cómo había llegado a la universidad. Alguna vez impartió una conferencia en dónde sostuvo que no todos debían ir a la Universidad, sino solo los competentes.
En 1964 promovió un viaje de estudios con estudiantes a Cuba, en donde se realizó la investigación socioeconómica organizada por equipos a lo largo de un mes, visitando varios lugares de la isla y cubriendo aspectos de transporte, industria, agricultura y educación. Ese trabajo no se publicó porque fue decomisado al llegar al aeropuerto a la Ciudad de México. Fueron recibidos en la Habana por el Che Guevara, Ministro de Economía, y con él platicaron varios tópicos entre ellos la situación en esa etapa de la revolución cubana y las posibilidades que hubiera un cambio en nuestro país (Millán, 1984).
Tenía muy clara la misión social del centro que dirigía: “La Escuela de Economía al conectarse cada vez más con las necesidades del estado de Sinaloa en especial y del país en general, en su afán de superación de todos los problemas económicos y sociales a que se enfrenta la sociedad mexicana, ha establecido un programa de trabajo que lleve a los alumnos a analizar, comprender y resolver toda clase de trabas que se presenten al desarrollo económico (El diario de Culiacán, 1966, 29 de julio).
Fue nombrado de nuevo como Director, ahora por la Junta de Gobierno, el 27 de junio de 1966, además se le amplia el nombramiento como profesor de tiempo completo del 16 de agosto de 1966 al 15 de agosto de 1967. Lo destituyó la dirección, el rector reelecto Julio Ibarra en octubre de 1966. Después de la renuncia de Ibarra, por presión de un movimiento interno, su sucesor Rodolfo Monjaraz Buelna, lo reinstala primero como secretario de la escuela. Luego el 8 de abril de 1967 la junta de gobernó lo nombra director el 8 de abril de 1967. Imparte nuevas materias: teoría y técnica para la planeación económica, y planeación del desarrollo económico, con un nuevo nombramiento de tiempo completo para el ciclo escolar 1967-1968. Como director impulsó la actualización de los contenidos de los programas que renovó de acuerdo a las novedades de la Escuela Nacional de Economía, implantó un sistema innovador de docencia con cursos pilotos o intensivos trimestrales desde 1966, para combinar la docencia y la investigación. También publicó la revista Temas Económicos y los folletos Breviarios Económicos.
En 1967 La Federación de estudiantes y la Federación de maestros y administrativos preparan un proyecto de Ley Orgánica para sustituir La Junta de Gobierno por el autogobierno. En junio de 1968 se discutió y aprobó una nueva ley por el Consejo Universitario. A la par, el Gobierno de Sinaloa proponía un sistema de becas y una reforma a la Ley Orgánica que generó inquietudes entre la comunidad universitaria. Hubo fuertes controversias entre el Consejo y el Congreso del Estado sobre esta situación. La posición de José Luis en estos temas no siempre fue radical, era más bien mediadora.
Nueva visión para Sinaloa
José Luis realizó permanente investigación en las comunidades sin perder su rol de Director, y privilegiaba la acción académica. Promovió también el intercambio de maestros con la UNAM: Alonso Aguilar Fernando Carmona, José Luis Ceceña Gámez, Benjamín Retchkiman, Félix Espejel, Ángel Bassols, Octaviano Campos Salas, Emilio Mújica Montoya, entre otros.
Fue un verdadero misionero en tierra llanera, porque enseñó a los estudiantes desde a leer y escribir, hacer trabajo de campo, combatir el analfabetismo científico imperante tanto en la comunidad de estudiantil como entre profesores; redactó una guía Elaboración de trabajos de investigación bibliográfica (1966), instruyó a los universitarios en ese tiempo el abc del trabajo de investigación y las normas de publicación.
En enero de 1967, José Luis publicó un ensayo sobre el desarrollo regional que retoma las tesis del ensayo de 1963 sobre lo planteado en México, una economía regionalmente desequilibrada (1963), con la esperanza seguramente de influir en la política del gobierno de Leopoldo Sánchez Celis (1963-1968) que venía trabajando en promover la industrialización desde 1965, con la aprobación de ley estatal para el progreso industrial y el desarrollo económico de Sinaloa. Se tituló “Ensayo acerca del atraso y del crecimiento económico de Sinaloa” (1967), de 83 páginas, publicado por su Escuela, en dónde se contienen las principales tesis sobre la realidad vigente y las perspectivas de futuro. Es un trabajo extraordinario para aquel tiempo, aún con sus defectos y estilo contestatario. Refleja la maduración de las ideas que inspiraron su misionerismo académico e intelectual. En ensayos y libros seguiría profundizando en ello.
En el epígrafe hay una frase de Dante Alighieri que recoge de Karl Marx en El Capital, y en la introducción vuelve a citarlo en sus críticas a “la casta divina en el terreno intelectual” que hegemonizan la economía sinaloense. Si título original sería: “El mito” del desarrollo económico de Sinaloa, sus causas y su posible solución. Porque si bien hay crecimiento agrícola la pobreza crece, por ello optó por enfocarse en los conceptos de atraso y crecimiento, inspirado en Oskar Lange. Pretende mostrar los aspectos esenciales del desarrollo económico y demostrar el atraso, y advierte que polemizará con las versiones oficiales que consideran al turismo como actividad básica y cuestionará las inversiones para electrificar los Altos que es improductivo e inconveniente en una situación de precariedad en la inversión pública.
En su argumento postula que el capital para el crecimiento de la inversión en Sinaloa provendría del “crecimiento del crecimiento”, del excedente de ganancia de un año a otro en la economía, para garantizar el nivel de la previa inversión en sectores que atiendan la demanda existente y dar un mejor uso al excedente. El problema es que gobierno y empresarios no saben qué hacer con la economía e incurren en la simulación y buscan su beneficio particular. Ante las alternativas de un camino capitalista tradicional o un modelo socialista tipo soviético, plantea tercera vía, consistente en invertir casi todo el nuevo capital en industria, semipesada y apoyar la tecnificación de la agricultura que está atrasada. Se requiere, además, una revolución agrícola.
El tipo de industria que propone, previos estudios de factibilidad, son de implementos agrícolas, partes y refacciones de máquina para procesar vegetales, para trabajar el cuero, despepitadoras de algodón, implementos avícolas, productos químicos para la agricultura y farmacéutica. Sería necesario usar un progreso técnico de “capital intensivo” por lo que el objetivo central no debe ser a corto plazo combatir el desempleo o el subempleo, que tendrá respuesta a los tres años o más, después de la ronda de crecimiento de las primeras industrias semipesadas. Sería en mejores ocupaciones derivado de la expansión de sectores más productivos. Para lograrlo, la tasa de inversión, que fue de 12.5% del PIB en 1965, se eleve a 17.7%, y se incremente, luego uno por ciento adicional cada año, hasta llegar a 31.7% en 1980. Con ello la tasa de crecimiento de PIB que fue 5% en 1965, superaría 10% en 1973 y llegaría 12.6% en el último año. Así, el consumo por habitante casi se duplicaría.
La estrategia contempla dividir el programa a largo plazo en programas de duración media de cinco años. Cada programa quinquenal tendría proyectos de inversión para dar continuidad y terminar los existentes, iniciar y concluir en cada periodo, y diseñar otros para varios periodos. Luego programas anuales alienados a ellos. Deberá haber una intervención del estado más fuerte, creando algunas empresas gubernamentales o mixtas, convencer a los inversionistas privados de participar en el área prioritaria (y regular la fuga de capitales). Crear un cuerpo de técnicos para elaborar programas y darles seguimiento a través de una Dirección de Planeación del Desarrollo Económico. Es necesario orientar la política del gobierno “hacia razones económicas del desarrollo y no hacia las posiciones políticas del mismo”, por lo tanto, eliminar “toda inversión improductiva como monumentos (que ni nombre tienen), alumbrado ornamental (que casi siempre está apagado), grandes avenidas” (p.75). El rumbo que requieren México y Sinaloa es “cambiar el rumbo … de las inversiones” (p.76).
Visto desde la actualidad es una estrategia parecida a la del reciente modelo chino, que dedicó hasta 40 por ciento del PIB en inversión, que entre 1990-2010 tuvo una tasa de crecimiento promedio anual superior al 10%. En los últimos años las tasa de inversión global de la economía de México es 20%; en Sinaloa es alrededor de 15% y su tasa de crecimiento anual del PIB es menor a 3%. Para hacer efectivo ese ambicioso modelo de desarrollo, José Luis proponía no gastar en infraestructura urbana, ni mejoramiento de calles, caminos vecinales, políticas de austeridad gubernamental, hasta que hubiera resultados del crecimiento económico, esas eran inversiones improductivas que no ayudaban a superar el atraso económico. A los ojos de la clase política y las elites empresariales dominantes era una utopía. Nos comentó Jaime Sánchez Duarte, hijo del gobernador y discípulo de José Luis en la UNAM, que al conocer la estrategia el comentó algo así: “¡Oiga, profesor, lo que usted propone es sentarse en la silla en lugar mío! Pero lo animaba una voluntad férrea, estaba convencido que podría superarse una situación de “ignorancia obstinada. En ese texto parafraseó a Heberto Castillo; “es malo llegar a ser mediocre después de haber aspirado a lo grande y de haber hecho esfuerzos para lograrlo, pero es infinitamente peor solo aspirar a ser mediocre con lo cual ni a eso se llega muchas veces” (Ceceña, 1967, p.53)
Profeta ignorado: Congreso Industrial de 1967
Como parte de su estrategia de desarrollo regional, el gobernador Leopoldo Sánchez Celis promovió, el “Primer Congreso Industrial de Sinaloa” con organizado por la comisión estatal, del 12 al 14 de abril de 1967, en el puerto de Mazatlán. Se apoyó de varios consultores, entre ellos Gustavo Cabañas de la Ciudad de México y Paul Lamartine Yates de la FAO. Un asesor de aquel tiempo, Yoram D. Shapira de UCLA, estigmatizó a los académicos de la Escuela de Economía a quienes considera radicales y desinteresados en el Congreso y más aún después de 1968. (Shapira, 1974). Lo que ocurrió fue que Ceceña fue excluido del grupo del tesorero estatal, economista Alfredo Valdez Montoya, egresado de la ENE, que será gobernador en 1969-1974.
Sánchez Celis consideró al Congreso como caso único en el país, al que asistieron 389 ponentes, con temas sobre las políticas federales que influyen en el desarrollo regional, posibilidades industriales de Sinaloa, en minería, la pesca, los energéticos, el agropecuario, las manufacturas y el turismo. Contrataron técnicos nacionales y extranjeros para preparar materiales de discusión. Asistió como representante del presidente, el Secretario de Industria y Comercio, y estuvieron los gobernadores de Durango, Jalisco y Nuevo León, los embajadores de Israel y Yugoslavia y los presidentes de organismos empresariales: Confederación de Cámaras Industriales, Cámara Nacional de Industria de Transformación, Confederación Nacional de Cámaras de Comercio, Asociación de Importadores y Exportadores de la República Mexicana y de la Asociación de Industriales del valle de México. (LSC, 1967).
Se realizó un gasto faraónico, millón y medio de pesos, que a precios de 2022 equivaldría a 160 millones. Se usó políticamente pues se transmitieron por cadena estatal de radio las principales actividades del Congreso. Eso disgusto a José Luis que se convirtió en un detractor de cualquier iniciativa de hacer más estudios pagados a consultores para las políticas del desarrollo. La idea del Congreso y los propósitos que se esperaban chocaban con la idea de las enseñanzas de Ceceña consistentes en privilegiar el gasto productivo, en promover el crecimiento económico, de preferencia la industria de medios de producción o la industria pesada, reducir el gasto improductivo y suntuario e involucrar a las mayorías y trabajadores a la planeación del desarrollo.
Ceceña pidió a los organizadores que permitieran la asistencia de los 89 estudiantes de la Escuela de Economía y solo les otorgaron cupo para cinco estudiantes, además de los profesores. Asistieron los inscritos en cuarto año. Los profesores fueron el propio José Luis, Silvia Millán, Alfonso Velázquez Leyva, Antonio Luis Vera, Manuel Inzunza Sainz y Horacio Lozano Santillán El grupo de estudiantes hizo un balance del Congreso y se repartieron temas conforme a las mesas de discusión: Horacio lozano y Rosa María Esquer (manufacturas), Baldemar Rubio Ruelas (industrialización de productos agropecuarios), Jesús Montiel Rubio (pesca) y Fausto Burgueño (turismo). Su visión general fue que se trató de un “espectáculo donde se da cátedra de lo que es engañarse a sí mismos”, pues fue mera apología, en su visión el concepto de industrialización que manejaron los ponentes era equivocado, superficial, se siguió la política tradicional del desarrollo. A de sus detalladas relatorías, al final lo califican como “un congreso de mercaderes dentro de marco de una sociedad capitalista (Lozano, Esquer, Rubio, y Burgueño, 1967: p.146).
Estaba claro el divorcio entre esa comunidad académica de las visiones y los promotores de desarrollo regional de Sinaloa, y en gran parte obedecía una incapacidad para ubicar los límites y contexto de actuación de una Universidad en aquéllos tiempos. Ceceña continuó el debate sobre las estrategias del desarrollo de Sinaloa, que expuso de nuevo de forma sistemática en el libro “Sinaloa, Crecimiento agrícola con desperdicio (1974), escrito con Silvia Millán y Fausto Burgueño”.
La influencia de José Luis en la vida de Sinaloa y la universidad también fue grandemente política, era nada menos que el representante de la visión socialista y marxista tan fuertemente denostada en aquellos tiempos de cerrazón ideológica y autoritarismo. Esa historia la veremos en otra parte. Queremos concluir con una reflexión sobre nuestro siempre joven maestro.
Ayax rosalino
José Luis fue un personaje de tragedia griega, nos hubiera gustado que hubiera tenido un fin como Ulises (Odiseo), que pudo regresar de la guerra de Troya de 20 años, a su pueblo de Itaca. Incluso como lo menciona Dante en La Divina Comedia, poder iniciar una nueva aventura que lo llevó a incursionar con sus viejos marineros en el mar más allá de la columna de Hércules. Semeja más bien a Ajax, de Salamina, el héroe más potente después de Aquiles que era favorecido por los dioses. Ayax, en cambio, no carecía de las bendiciones divinas por lo que terminó en la desgracia. Confiaba en sus propias fuerzas, era el que más sobresalía y de mayor ferocidad en el combate, según Homero en la Ilíada. Al morir su primo Aquiles, esperaba que por ser el guerrero con mayores méritos recibiría su armadura y espada, sin embargo, los jefes Atridas, Agamenón y Menelao, que le tenían mala voluntad, se las entregaron a Ulises. Ayax montó en cólera y confundido por la Diosa Atena, con su potente espada despedazó a un grupo a quienes que creía que eran sus mal querientes, sin embargo, se trataba de un rebaño de corderos. A darse cuenta de su extravio, entró en una tremenda depresión que lo llevó a quitarse su vida. Como castigo se dejaría su cuerpo para alimento de los perros y los buitres, pero ante la insistencia de su esposa y Ulises se permitió sepultarlo, pero se le negó el privilegio de ser incinerado, como señala Sófocles en una tragedia.
Al igual que Áyax, Ceceña era el guerrero el académico más poderoso de esa universidad que lamentablemente entró en un naufragio principios de 1970, y en lugar de entregarle la rectoría, los que dirigían la institución le dieron el mando a alguien que no pudo mantener el timón con la tormenta que llegó. Es triste pero también su destierro y su muerte significaron casi borrarlo de la memoria colectiva y se le niegan hasta hoy los honores por sus méritos en forjar una identidad académica para la universidad en Sinaloa desde los sesentas. En cambio, otros personajes que no cabrían en uno de sus zapatos en términos de grandeza académica y congruencia, tienen su busto de bronce en la rotonda de los universitarios ilustres, en la torre académica de ciudad universitaria en Culiacán.
José Luis es trágico no sólo porque murió joven y poco comprendido en la Universidad Autónoma de Sinaloa, aunque en la UNAM comenzaba a ganar presencia y respeto, sino porque muchos de sus sueños, con excepción de los cambios que hizo en la Escuela de Economía cuando fue director, quedaron en el olvido. Su ejemplo de combinar la docencia la investigación con la lucha social que él practicó en la Universidad autónoma de Sinaloa se abandonó. Muchos de los trabajos que publicó conservan un enorme valor.
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Referencias
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