Jesús Ernesto Alcaraz Viedas
Mucho se dice que un cambio de mentalidad es para transformar. Para mejorar decisiones y obtener mejores resultados. Pero ¿qué es, en realidad, eso de cambiar de mentalidad? ¿Significa aceptar, porque así se decreta, que las reglas del juego han cambiado, cuando aún no se ponen a prueba? ¿Qué porque se postuló por un partido recién certificado a un político que goza de las simpatías ciudadanas, ya es garantía de gobierno? ¿O porque se dice diferente a los anteriormente fichados por los electores como corruptos y autoritarios y porque en sus discursos hablan prometen lo que saben que no van a cumplir? ¿Que sus “nobles propósitos” van a mejorar nuestras condiciones de vida? En suma: comprometen a sus seguidores y al público en general, que jugarán diferente a como se jugaba años atrás. Pero promesas e intenciones no han cambiado la realidad. ¡La han empeorado! Y ese entorno de criterios diferentes, cambiantes y dinámico, a la vez que ha atomizado a la ciudadanía que confiada hoy se siente frustrada de haber asumido un cambio de mentalidad para mejorar, y sólo aprecia retroceso. Sin duda, el cambio social requiere de un cambio al interior de la ciudadanía. La experiencia de los últimos decenios, es que los gobiernos, insaciables de poder, lo han convertido en unipersonal y autoritario, que ni delegan responsabilidades ni se evalúan resultados. la Clase gubernamental insiste en hacernos creer, que el presidente tiene a su cargo el “patrimonio, la voluntad y la voz del pueblo”. López Obrador ha demostrado, que, por su comportamiento oficial y personal no ofrecen diferencia con los anteriores, pero sí muchas contradicciones. Dice el presidente que “él no polariza…que politiza”. Y según la Academia de la Lengua Española, politizar es dar orientación o contenido político a acciones, que, corrientemente no lo tienen. Igual que inculcar a alguien una formación o conciencia política y hacer que se comprometa en temas políticos. Pero AMLO, con sus alocuciones…desorienta. Deforma la realidad. Y en lugar de promover en la ciudadanía una conciencia política, exige un pensamiento uniforme y conforme a su orientación ideológica. Si no, son enemigos de la 4T y traidores conservadores. Se niega aceptar que el país está en serios problemas y que la discordia invade el ambiente social, porque persiste en atizar la polarización entre la población. El incremento de la pobreza y un universo mayor de pobres, están lesionando el status familiar. Y la inseguridad lesiona a las familias y enluta hogares. Pero el dice, que “el pueblo es feliz, logro de la Cuarta Transformación. Pero ese proyecto de nación, es una indescifrable confusión. Prometió el cambio para mejorar nuestras condiciones de vida, para luego constatar, que la resultante es de frustración y descontento social, y que su discurso ofensivo no es aliciente para que la población cambie. ¿Pedir cambiar para que todo siga igual…o peor? No es estimulante. López Obrador ha instalado un gobierno autoritario al margen de la participación de la Sociedad Civil, que, en cualquier país democrático se le respeta y valida sus propuestas. Sí, hay un gobierno que cambió las reglas: de un país con democracia a un gobierno totalitario. Con reglas a modo del gobierno y en detrimento de derechos ciudadanos. En toda actividad las decisiones a tomar, exigen ser rentables, sustentables y de aplicación práctica. Es decir, quien provea – el gobierno – debe garantizar rentabilidad social y disfrute la población del bien o servicio que reciba. Ello implica ejercer el poder con transparencia y rendición de cuentas. Cambiar de mentalidad, es decidir una revisión de la realidad del entorno y que hay que tomar decisiones para reordenarla. Ningún esfuerzo es rentable cuando se niega o se evade la realidad. Y sí, pensamos que el cambio atraería un esfuerzo social que el gobierno respetaría y asumiría, porque somos corresponsables, gobierno y sociedad, del progreso de la Nación. Un esfuerzo rentable y confiable exige transparencia y eficiencia. Y, más allá del riesgo de equivocarnos, la rectificación, es igual a un cambio de actitud…de mentalidad. Pero el presidente sigue obcecado en mantener su visión ideológica…compleja y confusa. Una gesta grandilocuente es anunciada a diario en las “mañaneras” presidenciales, que, según su relatoría, sería recordada como la Cuarta Transformación de la vida pública del país, luego de la Independencia, la Reforma y la Revolución. Y López Obrador brincaría a la historia como el mejor presidente de la era moderna de México. y remata con un nuevo legado: Que “lo más importante y duradero que le deberemos las próximas generaciones será haber logrado que las mentalidades cambiaran, de tal suerte que los mexicanos ya nunca más podremos ser manipulados”. Pero ya no habrá el crecimiento económico ofrecido, del 6%. La Inseguridad agobia, la pobreza se incrementó, el Sistema de salud está muy lejos de cualquier nosocomio de Dinamarca, pues en lo básico, los medicamentos, sigue habiendo desabasto. Y así, con tanto engaño y frustración, difícil es promover un cambio de mentalidad. Quizás la ciudadanía piense más en un cambio… de gobierno. Y transformar su legado de confrontación y división social, en civilidad y armonía…Y sobre todo se recupere la estabilidad política y social: La gobernabilidad.
