Enrique Hubbard Urrea
Para empezar, habría que observar que, desde la Casa Blanca, a las siete de la mañana de ayer se difundió un comunicado oficial con los acuerdos del encuentro de alto nivel. Y eso no sería un conflicto, a no ser porque el encuentro y las pláticas entre los tres mandatarios todavía no se iniciaban en Palacio Nacional.
Sin duda fue una flagrante violación al protocolo y una falta de respeto de Estados Unidos hacia Canadá y México. Pero no creo que se trate de un “descuido”, más bien parece que se pretendió dejar muy en claro quién dirigía la orquesta.
La verdad es que las otras declaraciones, las bilaterales, poco o nada nuevo incluyen. Mejor será concentrarnos en la “Declaración de Norteamérica”.
En términos poéticos musicales podemos decir que “no hubo sorpresa alguna cuando te hallé”.
De toda la parafernalia de ruidos, que no lo fueron tanto, me quedo con cuatro temas: Migración, Drogas y Cárteles, el Reemplazo de China y el Cambio Climático.
Aunque la declaración conjunta de la Cumbre se refiere específica mente a 6 metas:
1) Diversidad, equidad e inclusión; (proteger los derechos civiles, promover la justicia racial, ampliar la protección para las personas LGBTIQ+ y lograr resultados más equitativos);
2) Cambio climático y medio ambiente (implementación de soluciones de energía limpia, el aumento de la producción y la adopción de vehículos cero emisiones en América del Norte; y la transición a combustibles más limpios);
3) Competitividad; (forjar cadenas de suministro regionales más sólidas, promover la inversión en industrias clave como los semiconductores y las baterías de vehículos eléctricos);
4) Migración y desarrollo; (compromiso conjunto con una migración segura, ordenada y humana bajo la Declaración sobre Migración y Protección de Los Ángeles y otros marcos multilaterales relevantes);
5) Salud; (lanzar una versión actualizada del Plan Norteamericano para la Pandemia y la Influenza Animal (NAPAPI) y;
6) Seguridad regional. (Fortalecer nuestra seguridad continental compartida contra amenazas domésticas, regionales y globales incluyendo amenazas cibernéticas)
Ahora bien, no se percibe un diálogo efectivo cuando unos hablaron de nearshoring, y otro (AMLO) salió con una propuesta de los años 70: la sustitución de importaciones. Parecería, pues, que esa obsoleta sustitución de importaciones a la que se refiere AMLO es en realidad el popular “nearshoring”, o sea un proyecto que cerraría el paso al comercio chino e incentivaría la producción en cada país norteamericano, en la proporción que el tamaño de cada economía propicie, lo cual dejaría a México como socio más débil, pues tanto EU como Canadá se notan decididos a desarrollar un mercado norteamericano de chips.
Pero como en nuestro país la ciencia es ideología había que llamarle de otra manera. Para AMLO, nearshoring es sinónimo de sustitución de importaciones. Pero ¿en verdad lo es?
En materia de migración es evidente que ninguno de los tres países tiene una estrategia clara, mucho menos una conjunta.
Y también es obvio que todos quieren que México sea el portero que detenga los goles migratorios. Que los deportados sean bienvenidos y apapachados en territorio mexicano. Que la vigilancia de la frontera sur la realice y sea pagada por la Cuarta Transformación. Curioso, naciones que claman por mano de obra que no tienen, no acaban de darle una salida decorosa y humana a esa migración.
En materia de drogas y cárteles, Biden fue muy claro y puso el tono de alarma. Urge detener la producción y el tráfico de fentanilo. El camino que se indica es confrontar y capturar a quienes la fabrican con precursores chinos, que ingresan por puertos y aduanas mexicanas. O se coopera actuando en conjunto, intercambiando información, o habrá consecuencias serias.
Por cierto, durante todo este ejercicio de diplomacia multilateral nunca participó el fiscal mexicano.
Los participantes en la cumbre tomaron la decisión de excluir el tema de energía de la reunión trilateral pero no porque tuvieran ya un acuerdo sino porque querían impedir que la cumbre terminara con una diferencia insalvable.
No sería sorpresivo que, en los siguientes días o semanas, tras más de cinco meses de consultas, los gobiernos de Estados Unidos y Canadá, ya sea conjuntamente o por separado, requirieran la formación de un panel de expertos para dictaminar en torno a las posibles violaciones de México a las cláusulas del TMEC.
Si eso ocurre, no será por la falta de esfuerzos de la secretaria de Economía, Raquel Buenrostro, para llegar a acuerdos, sino por el hecho de que el gobierno, y particularmente las áreas vinculadas a la política energética, bajo la guía evidente del presidente de la República, rehúsan flexibilizar su posición, o si lo han hecho, ha sido de manera insuficiente, a pesar de que en la reunión bilateral con Canadá AMLO reconoció que existen diferencias entre ambos gobiernos en materia energética y se comprometió a resolverlas, vaga promesa que nada resuelve.
Enrique Hubbard Urrea es sinaloense. Diplomático de carrera. Recorrió todo el escalafón desde vicecónsul hasta embajador y fue titular de los consulados generales en Sao Paulo, Brasil; Miami y Dallas, Estados Unidos, así como embajador en Belize y Filipinas.

