Revista del Pensamiento Político

La visita de Biden y la integración de Norteamérica


Enrique Hubbard Urrea


Me ha pedido César Velázquez que aborde el tema de la visita del presidente Joe Biden y del primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, a nuestro país, para reuniones bilaterales con el primero y la celebración de la Novena Reunión de Líderes de América del Norte entre los tres. El tema despierta la curiosidad de los estudiosos de la materia y, aprovechado la coyuntura, voy a basar una parte de mis reflexiones en el pensamiento de algunos de los intelectuales que más respeto: el exCanciller Jorge G. Castañeda, el Embajador en retiro Miguel Ruíz Cabañas y el catedrático Javier Treviño.
Empiezo por un hecho indiscutible: se trata de dos eventos radicalmente distintos. Cuando hablamos de la reunión bilateral, por un lado, y la Cumbre de Norteamérica por el otro, se hace indispensable abordarlos por separado, sin aislarlos pues hay múltiples puntos de contacto entre ambos.
Más aún, también tiene trascendencia el tema de la integración de Latinoamérica por lo menos tal como la percibe AMLO, pues éste ha adelantado que tratará el tema con Biden. Hay que detenerse brevemente en esto, pues ciertas actitudes y posturas de López Obrador combinan circunstancias que pueden muy bien calificarse como excluyentes entre sí, entre ellas el rechazo implícito a imaginar a México integrado a Norteamérica y al mismo tiempo soñar con una integración similar en Latinoamérica.
Por razones ideológicas, al parecer en México no nos vemos como parte de la primera y tratamos de evitar que, por algún acaso, suceda. Por similares razones somos y no somos socios de la Unión Europea, nos molesta e irrita mucho que se manifiesten sus parlamentarios respecto de “asuntos internos” nuestros, mismos que están acordados en el tratado respectivo. En cambio, hemos sido promotores de una zona de libre comercio latinoamericana, como paso inicial para lanzarnos a la integración, que nunca avanzó ni tenía perspectivas favorables.
Además, habría que cuestionar si en verdad será compatible integrarse a ambas regiones al mismo tiempo. Podríamos tener mecanismos de cooperación con más de uno, pero no veo posible una doble integración.
Y ahí esta el escenario: tres aspectos de una misma reunión que no están necesariamente ligados entre sí.
Y además habría que precisar cuál de esos temas tiene mayor relevancia para México, pues desde la perspectiva mediática tiene más impacto la parte bilateral, sin que sea necesariamente la más importante para el país. Migración y seguridad fronteriza –en específico el tráfico de fentanilo– son temas prioritarios porque son parte importante de la agenda política doméstica de Estados Unidos, y se tiene la certidumbre de que serán parte del arsenal político de los republicanos en la ya inminente campaña presidencial de 2024, pero eso poco o nada tiene qué ver con los asuntos regionales del comercio exterior.
En cuanto a la Cumbre de Norteamérica, se trata de la continuación de las cumbres interrumpidas durante la presidencia de Donald Trump y restauradas en 2021 con la llegada de Biden. México y Canadá son los principales socios comerciales de EUA, lo que representa el doble del volumen comercial entre Washington y Beijing en 2021. El sector manufacturero experimentó un aumento de casi 30% de la inversión extranjera directa (IED) durante los primeros nueve meses de 2022. Estados Unidos y Canadá son los mayores inversionistas extranjeros en México, representando 39% y 10% de la IED en el país. 
De una u otra manera hablamos del impacto de problemas de política americana vinculados con México y la negativa percepción que los acompaña al norte de la frontera, en el teatro de la arena política estadounidense. Para Andrés Manuel López Obrador, los temas de la agenda probablemente luzcan similares a los de otros años, es decir: tráfico de armas, migración, fronteras. ¿Hasta dónde van a incidir otros asuntos políticos? está por verse.
Yo sostengo que la actitud mexicana en temas como Ucrania o el apoyo a Cuba por medio de la contratación de médicos, así como (en menor grado) la interacción económica con China, pudieran tener algún impacto en las negociaciones del T-MEC, aunque lo verdaderamente trascendental para los países de la región sea continuar fomentando la integración de sus economías a fin de llevar a la región a ser una de las más competitivas del mundo. En el acomodo global, las oportunidades son inmensas y no deberían desaprovecharse. 
Adicionalmente, un mayor comercio e inversión se pueden traducir en la creación de nuevos empleos formales en las tres naciones, mismos que necesitan millones de jóvenes en México.
Lamentablemente las cosas no marchan por ese sendero.
Si bien es cierto que el futuro económico de México está ligado, esencialmente, a la ubicación geográfica en Norteamérica, me temo que existen aún profundas divisiones dentro de -y entre- los países de la región. Lastimosamente, hay conceptos como soberanía o identidad nacional que han sido más poderosos que la “idea de Norteamérica”, señala Javier Treviño, pues sigue dominando un cómodo bilateralismo. “El nombre mismo del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, T-MEC, lo refleja, describe una región geográfica y no menciona el concepto de América del Norte.»
Castañeda no es el primero que está leyendo las señales que por doquier surgen respecto de una tendencia a alejarse del globalismo y derivar hacia un regionalismo, pero sí subraya aspectos que poco se analizan. Viéndolo bien, dice, la Unión Europea es el único ejemplo de buen éxito en un programa de integración multinacional, no hay ningún otro; y eso parcialmente, como demuestra el famoso Brexit. En ninguna otra área o región se está avanzando en una integración multilateral, el único más o menos bien sucedido es el T-MEC, pero tampoco lucen muy bien las cosas por dentro.
Estamos viendo un fenómeno de regionalización, otro más, pero sin certeza jurídica real de que se avance hasta una integración, habría que ver cómo se dan las relaciones al interior si llegamos a la etapa de sanciones.
A querer o no se sobreponen las necesidades de la vecindad y de la creciente integración regional. En otras palabras, se atraviesa la geopolítica.
Ese es un punto que, partiendo de visiones distintas, han hecho personajes de la izquierda latinoamericana, hoy entregados al sueño de la integración de Sudamérica bajo el liderazgo de brasileño Luiz Ignacio Lula da Silva. Y dije de Sudamérica.
En todos lados se topará el presidente López Obrador con una misma terrible disyuntiva: defender a ultranza la soberanía o avanzar hacia una verdadera integración regional.
De acuerdo con Ruíz Cabañas, cambiar de manera unilateral y súbitamente las reglas, contradice abiertamente la letra y la intención del tratado, sin que sea argumento válido la defensa de la soberanía. Una verdadera integración económica sólo es posible si se respeta lo pactado, sea en cuestiones energéticas, reglas de origen, industria automotriz, o la producción de alimentos. Agrega el embajador que nuestro país dejaría de formar parte de la integración de América del Norte si involucionara hacia un régimen autoritario, sin separación de poderes, en el que las elecciones sean controladas por el régimen. Y hay ominosas señales, digo yo, del peligro de un futuro así.
Persistir en el intento de construir un nuevo régimen autoritario sería nuestra puerta de salida del T-MEC, (que deberá revisarse en 2026), y de la integración de nuestro país en América del Norte.
Una vez más recordemos que el único experimento exitoso de integración sigue siendo la Unión Europea, cuyo tratado contiene una renuncia explícita a diversos asuntos de soberanía y tienen una política exterior colectiva. Así, consolidar a América del Norte como región integrada tendría que incluir un compromiso explícito de los tres países con los valores democráticos, una cláusula democrática similar a la del Acuerdo de México con la Unión Europea, o los mecanismos de integración de Sudamérica, como el MERCOSUR y la UNASUR. 
Es esta la iniciativa presentada por el embajador Ruíz Cabañas, la de incluir en el T-MEC una Cláusula democrática para América del Norte. ¡Bravo, Miguel!
Y todavía existe hoy otra amenaza a la integración de América del Norte, como lo es la existencia y funcionamiento de las organizaciones criminales que operan en México y Estados Unidos. Aun si la detención de Ovidio Guzmán fue para endulzar la visita de Biden, lo que realmente debería alarmar sería el fracaso de la estrategia de seguridad del gobierno de la 4T. 
La política de “abrazos, no balazos”, entendida como no confrontación directa al crimen organizado mientras se espera que poco a poco se pacifique el país, no ha funcionado como se esperaba y sí ha tenido consecuencias contraproducentes, prueba de lo cual no sólo es el número récord de homicidios dolosos (137 mil hasta noviembre), sino además el control de grandes territorios por parte del crimen organizado. 
Ese desastre no puede alegrar a nadie. Las organizaciones criminales amenazan la posibilidad real atracción de nuevos e importantes flujos de inversiones. Se ha perdido otro sexenio tratando de controlar esa creciente crisis de inseguridad. Nada hay que aliente la esperanza de que vamos por el camino correcto para resolver ese gran desafío, originado no sólo en nuestra corrupción, sino también en un alto grado de debilidad institucional y resultado de una insaciable sed de drogas, un ilegal tráfico de armas y la correspondiente corrupción, procedentes de Estados Unidos. 
Resulta obvio que no serán las agencias policiacas, ocupadas sólo en patear el problema fuera de su territorio (en ambo lados), las que combatirán eficazmente a las organizaciones criminales.
Se requiere imaginación, dedicación, compromiso y ese será uno de los principales desafíos de las próximas administraciones en los dos países. 
Bien haría López Obrador en aprovechar la oportunidad creada por el momento económico internacional y la tendencia al nearshoring o friendshoring, para agilizar y facilitar las cadenas productivas, por más que eso se traduzca en una mayor integración con Estados Unidos y Canadá, lo cual parece ir en contra de la voluntad política de la 4T. Hay interés y simpatía por los logros y avances comerciales, pero al hablar de integración de nuevo se quedan cortos.
Del otro extremo tenemos que según fuentes del Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) de EU, en 2022 se superaron todos los récords de expulsiones y detenciones de personas en la frontera al llegar a 2 millones 378 mil 944. Así, el fenómeno migratorio continúa siendo la mayor asignatura pendiente en nuestra región, de ahí que sea parte esencial de los temas de la agenda bilateral. 
Habría que tener siempre en mente las declaraciones de Justin Trudeau: La solución del diferendo político-comercial sobre las industrias de energía pueden ser la clave para el desarrollo de México.
Tal vez el mayor reto para la integración regional esté en cerrar paulatinamente la brecha del desarrollo entre México y sus dos grandes vecinos, sobre la base de que los tres se benefician cuando cada uno de ellos progresa y todos pierden cuando uno de ellos falla. De ahí, la importancia de resolver las disputas comerciales pendientes, evitar disrupciones en las cadenas de suministro e impulsar nuestra competitividad en el marco de los compromisos del T-MEC.  
Nada fácil la tarea. Están en movimiento procesos de desahogo de reclamos que pueden culminar en la aplicación de sanciones, lo cual pondría a poner a prueba la solidez del arreglo. El riesgo es grande, está latente, pero el esfuerzo y la decisión valen la pena, las recompensas son considerables.
No espero declaraciones tronantes resultado de la Cumbre. Creo que se emitirán los usuales comunicados diplomáticos, mesurados, cuidados, con énfasis en los fructíferos encuentros, en la amistad que une a los líderes, en la promesa de una nueva Cumbre en un futuro cercano y en la amistad de los pueblos. Poco después, al terminar las negociaciones y pasar a la etapa de sanciones, conoceremos la verdad del estado en que se encuentra el proceso de integración, si es que lo hay.
Enrique Hubbard Urrea es sinaloense. Diplomático de carrera. Recorrió todo el escalafón desde vicecónsul hasta embajador y fue titular de los consulados generales en Sao Paulo, Brasil; Miami y Dallas, Estados Unidos, así como embajador en Belize y Filipinas.


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