Revista del Pensamiento Político

La ruta de la destrucción de López Obrador (De Texcoco al Instituto Nacional Electoral)

En la ruta de la destrucción se encuentra el camino hacia las elecciones del 2024. La coincidencia no es casual ya que ambas inician en la primera campaña presidencial de López Obrador en 2006, continúan en la del 2012 y concluyen su primera fase cuando el eterno candidato gana por fin la presidencia de la República el 2018. Resultado siempre esperado que anteriormente no se le había dado por supuestos fraudes electorales que nunca pudo demostrar con pruebas fehacientes y suficientes.

Al trayecto de derrotas le agregó otro de desastres en el gobierno, lo cual le alimentó un talante victimista que le ha definido parte de su personalidad pública y que hasta ahora lo asume a veces compungido o a veces con cólera para mantener indignados a sus adeptos. Pero no sólo eso, sino que también le permite justificar sus ataques constantes a sus adversarios tildados de conservadores y a los órganos electorales, Instituto Nacional Electoral y Tribunal Electoral de la Federación, acusándolos de haber estado coludidos con esos fraudes. Tan fuerte es su victimismo que se ha propuesto eliminar esas instituciones electorales para, según él, transformarlas en órganos públicos que realmente sirvan al pueblo. En realidad, lo que busca es que las autoridades electorales pierdan su carácter autónomo y pasen a control de instancias de gobierno.

¿Cómo Llega?

En el recorrido de Obrador hacia el gobierno tomó bandera contra el neoliberalismo, no tanto por su contenido conceptual, que no le es dado debido a sus niveles de entendimiento, sino por el mal estado en que se encontraban
los problemas nacionales más cercanos a la gente, inseguridad, violencia, pobreza y desempleo que mostraban la enorme desigualdad social y económica que prevalecía -y prevalece aún más acentuada- hacia finales de la etapa anterior de seis sexenios. Lapso en que los gobiernos de ese periodo impulsaron el libre comercio interno y externo, es decir, redujeron la presencia del Estado en la economía a lo que fuera necesario. Como es sabido, en las décadas precedentes la ecuación fue planteada de modo inverso.

Obrador culpó al modelo económico y a los políticos que lo aplicaron, la llamada mafia del poder, de ser la causa de los males del pueblo. Con su triunfo en el 2018
hizo a un lado la cofradía entreguista, corrupta y traidora a la patria -aunque en
su gobierno ha venido conformando la propia-, para luego dedicarse a destruir
lo que habían construido.

El primer golpe del poder destructivo del que ha hecho gala fue la cancelación del
nuevo aeropuerto de Texcoco, obra magna en construcción de talla mundial con cuya demolición Obrador mostró el poder que tenía, pero también sus defectos: autoritario, populista, fraudulento, rencoroso, vengativo y, por si faltara, irracional e ignorante.

La labor destructiva de Obrador en contra del entramado institucional, sin embargo, no ha tenido los resultados que esperaba.
La dinámica económica lo muestra, Obrador creyó, como el presidente Echeverría, que desde Palacio Nacional iba a poder conducirla, que podía aplicar una política desarrollista con recetas keynesianas para economías cerradas similar a la de los años
sesentas, obviamente esa estrategia no funcionó
en el contexto global de economías abiertas al comercio, la inversión y a los flujos de capital que ahora prevalecen. Los pronósticos más optimistas aventuran una tasa promedio sexenal de crecimiento económico un poco arriba del cero por ciento si no es que cero. Algunos dirán que parte de ese mal resultado lo explica el Covid, cierto, pero otros países con el mismo problema no tendrán un crecimiento tan pobre.

Obrador alega que le dejaron el país hecho un desastre, cortina retórica con la que
quiere ocultar los resultados de sus malas decisiones, por ejemplo, detener definitivamente la construcción del aeropuerto de Texcoco, un mal paso dado cuyas consecuencias negativas no tardaron en impactar en el medio económico. Los inversionistas privados, nacionales y extranjeros, se dieron cuenta de que en el México de la 4T no se respetaba el Estado de derecho, condición indispensable para que hubiera inversión, crecimiento y empleo mediante lo cual el bienestar de las familias se viera favorecido. Este circuito virtuoso no se dio, al contrario,
lo que se ha mantenido es un circuito perverso anclado en el gasto social cuyo respaldo presupuestal esta cerca de sus límites aunque se sostiene por motivos políticos y electorales, más todavía con la perspectiva del 2024. Cabe señalar que la moratoria de inversión privada sigue vigente, en tanto que la pública ha caído en el despilfarro con los fallidos proyectos de Santa Lucía, Dos Bocas y el Tren Maya.

Las Debilidades de Obrador

Las debilidades de López Obrador son reales y de variada índole, algunas debido a
la sesgada visión histórica que tiene, otras de tipo estructural, unas como resultado de sus errores y otras más por la falta de sustentabilidad en que algunas supuestas fortalezas se apoyan.

La principal debilidad de López Obrador es su dogmatismo histórico y cultural que lo conduce a impulsar cierto tipo de propósitos aparentemente motivados por la pobreza en que viven amplios segmentos de la población, proyectos anclados en visiones regresivas de la historia que son liderados por personajes carismáticos que se creen llamados a alcanzar fines trascendentales, personajes
proclives a mover las fibras sensibles del alma antes que a promover en ellas el
amor a la libertad como punto de partida para encauzar las voluntades de las personas en los caminos del conocimiento progresivo racional y razonable.

Lastrado el entendimiento de esas gentes alteradas, se vuelven ciegas para mirar
hacia el futuro y sordas ante el torrente de múltiples voces que cruzan el planeta de un lado a otro construyendo el futuro aquí y allá; la ausencia de comunicación las deja atónitas ante lo nuevo y regresan al encierro ocupando sus sentidos y mente en lo único que pueden percibir, pirámides, tótems, murales eternos, historias consabidas, rutinas diarias, costumbres y tradiciones que colman su comprehensión a condición de que sigan enclaustradas. A líderes anticuados
como Obrador, las casas cerradas les vienen mejor que cuando están abiertas dada su profunda intolerancia a respirar los nuevos vientos que circundan el mundo.

Esta debilidad primaria es causa de otras igualmente graves por las consecuencias negativas que acarrea. Desde la década de los ochenta Mexico decidió abrir puertas y ventanas al mundo en busca de un nuevo orden de relaciones con los países del mundo, eran tiempos en que varias naciones del
mundo hacían lo mismo en un fenómeno multidimensional conocido como globalidad o globalización. Si bien la intencionalidad de incorporarse al proceso global era igual hacia todos los países participantes, la oportunidad era distinta según cada caso. Era claro que la oportunidad de México estaba más a la mano con Estados Unidos y Canadá. Con la firma del Tratado de Libre Comercio con
esos dos países, México entró de lleno a una etapa de transformación en todos los órdenes de la vida nacional. Cambios profundos en la economía, la sociedad, la educación, en la política y demás que dejaron una nueva estructura institucional por medio de la cual el Estado y la sociedad gestionaban sus respectivas
responsabilidades. Pero, como bien sabemos, Obrador repudia la libertad de las
personas, prefiere los aglomeramientos cerrados donde dicta la doctrina que cada uno de los enclaustrados habrá de seguir.

La labor destructiva tiene como último objetivo el INE, pero la demolición sistemática de Obrador ya ha cobrado varias víctimas. Sabemos bien quiénes han sido objeto de esos misiles cargados odio, temor y venganza. Es cierto, cada golpe dado por Obrador en contra de las instituciones del pasado tiene su propia explicación. Haber eliminado el Seguro Popular no obedece a los mismos
impulsos que cancelar la reforma educativa de 2014. Lo primero lo motivó el odio que le tiene a Felipe Calderón y lo segundo al compromiso político y electoral que hizo con las mafias sindicales que controlan el magisterio nacional. Texcoco fue un golpe de poder. La desaparición de las guarderías infantiles y las escuelas de tiempo completo son para eliminar intermediaciones entre las familias pobres que necesitan esos servicios y la mano benefactora de López Obrador, el redentor de los pobres. Razones aparte son las que explican el sabotaje sistemático y en otros casos la eliminación de los órganos autónomos descentralizados que en los gobiernos precedentes surgieron para regular las actividades económicas en determinados sectores, función que Obrador rechaza rotundamente porque eso significa quitarle atribuciones que el mismo presidente puede realizar… discrecionalmente. Este es un tema interesante que los burócratas de la 4T
no entienden de manera alguna.

El desalojo de la sociedad civil en los asuntos públicos ha sido una estrategia principal en el gobierno de Obrador. La ecuación es simple, a menos peso de la sociedad civil, mayor necesidad y peso de la sociedad política, ámbito en el que Obrador manda de modo absoluto. La repulsión de Obrador a la sociedad educada la muestra en casi todos los campos del mundo privado, negocios, educación, salud, circuitos de dinero y otros tantos en los que mete sus narices como lo hace en los hogares a los que dicta lecciones de moral o dirige juicios con los que señala las malas conductas de los jóvenes aspiracionistas de las clases medias.

Las Fortalezas que Debilitan a Obrador

Aeropuerto de Santa Lucía. Ahora llamado Felipe Ángeles, proyecto hecho y encargado

encargado al Ejército que Obrador presume ser el mejor de América Latina. Desde luego que no aparece en ningún ranking internacional y ni siquiera es el mejor de México. No tiene permisos internacionales que permitan su uso por parte de las líneas extranjeras, las líneas nacionales, muy pocas, lo utilizan por la coerción que las autoridades ejercen sobre ellas. El proyecto es de mediana calidad, pero su principal problema es que su presencia complicó el espacio de aeronavegación
sobre la zona metropolitana, no sólo nunca servirá para lo que fue planeado,
sino que en lugar de ser un apoyo es un problema, por eso es que sigue prácticamente sólo. Para destruir el de Texcoco y construir el Felipe Ángeles se han gastado más de 700 mil millones de pesos.

La refinería Dos Bocas. El proyecto Olmeca ya se inauguró sin producir un litro de
gasolina y no lo hará hasta dentro de 3 o 4 años más. Obrador desprecia la ciencia y la técnica, quizás por eso no haya visto mal que los diseñadores del proyecto hayan olvidado algunos fierros cuya incorporación agregó 8 mil millones de dólares más al costo original de la obra. Vaya desmemoria.

El Tren Maya. Cuando a Obrador lo acorralan los amparos que promueven los dueños originales por donde atraviesan sus proyecto icónicos, los declara de seguridad nacional y mete al Ejercito a que se encargue de ellos en la construcción y luego en la administración, así lo hizo en Santa Lucía y lo repitió en el Tren Maya. El daño que esta obra está causando en el medio ambiente está sobradamente demostrado, pero los caprichos de Obrador son irrefrenables y
costosos, el presupuesto del tren será de 140 mil millones de pesos. Esta obra tampoco funcionará en el presente sexenio.

Los Saldos de la Destrucción

La violencia criminal ha llegado a niveles alarmantes, superando con creces los saldos mortales de todos los sexenios anteriores, incluso el del que “alborotó el avispero”, Felipe Calderón. Arrinconado por su fracaso, Obrador está haciendo lo mismo que hizo su archienemigo, apoyarse en el Ejército, aún más que antes a grado tal que hoy se vive, a la vista de todos, un proceso de militarización en la política, la economía, la sociedad y no se diga en la seguridad interior.

Acostumbrado a no reconocer sus errores, las estrategias fallidas (abrazos no balazos) y debido a sus limitaciones conceptuales, no alcanza a ver el gran daño que sus decisiones están causando al orden legal del país. El Estado mexicano está perdiendo territorio, sectores y funciones, la economía cae en manos fuera de la ley cada vez más, la seguridad de la ciudadana se acerca al dilema de la pax narca o la ley violenta. El temor cunde y el de Palacio metido en lo que le gusta y sabe hacer, la grilla electoral. La vida civil en México se encuentra amenazada y el responsable de ese peligro es Andrés Manuel López Obrador.

La Resistencia

No obstante el poder que tiene al controlar más de 20 gobiernos estatales, las mayoríasmde las cámaras de senadores y diputados federales, mantener acalambrados a los ministros de la Suprema Corte y, desde luego la cooptación inconstitucional que ha hecho de las fuerzas armadas, algunos bastiones han resistido los misiles del populismo autoritario. El sector eléctrico logró escapar
de ser engullido completamente por la CFE del escurridizo Manuel Bartlett, Banco de México ha sabido defender la misión para lo fue creado, el INEGI continúa ofreciendo los únicos datos confiables acerca del estado de cosas de las actividades nacionales más importantes, la oficina de transparencia todavía
funciona y el equilibrio de poderes, es decir, el esqueleto de la República, aún no
cae en la esclerosis total como desea López Obrador.

Hay una trinchera imbatible todavía, el INE. Hacia allá apuntan ahora las fuerzas de
la antidemocracia comandadas por el líder de las masas desesperadas López Obrador. No es el ardor de la democracia lo que anima al redentor tabasqueño, es el ardor de la venganza puesta a fuego lento en el horno del rencor que tiene por alma. Desde el más humilde vecino de colonia pobre, pasando por las togas y los birretes hasta al más encumbrado general tapizado de medallas y estrellas, Obrador tiene medios de control sobre ellos, menos en el Consejo General del INE. Una mácula que no se pude permitir. Ya se encuentra en el legislativo una iniciativa de ley para destruir al órgano electoral como lo conocemos y entregar ese espacio a las jaurías populistas que defienden al de Macuspana.

Nuestra democracia fue fruto de largo esfuerzo de ciudadanos, partidos políticos
y organismo civiles que no estaban de acuerdo con el régimen presidencialista del
partido único. Gracias a esas largas luchas en varios frentes se logró la alternancia del poder en estados y municipios y finalmente en la presidencia de la republica en el año 2000. Cinco sexenios de construcción, para que en este último se quiera echar por la borda lo hecho en 30 años. La fuerza de la democracia mexicana echó raíces profundas en nuestra Constitución, será difícil que logren
extirparlas. Sobre este tema no se puede dejar pasar que activistas de las filas de la izquierda que participaron en la larga jornada por la democratización del país, ahora se dediquen a destruir lo que ellos ayudaron a construir.

En Tales Condiciones, o Peores, Llegaremos al 2024

El relevo presidencial fue adelantado por López Obrador en el momento en que destapó a sus corcholatas, nombre despectivo que les puso a sus colaboradores cercanos que aspiran a sucederlo en el cargo bajo la bandera de Morena. Los aludidos saben muy bien que la decisión de la candidatura está en manos de Obrador, no obstante digan que serán las encuestas las que revelen el nombre
del más favorecido. Aún cuando los periodos legales para las actividades electorales hacia el 2024 aún no inician, las corcholatas destapadas disfrazan su proselitismo con actos públicos supuestamente enmarcados en sus responsabilidades como servidores públicos. Obviamente nadie les cree y
saben que están violando la ley electoral con la confianza de que a su jefe político tampoco le gusta cumplir y hacer cumplir las leyes que juró respetar.

El desdén con que actúan los morenistas con respeto a las obligaciones legales es fácilmente observable, como también lo son las violaciones que cometen en su activismo proselitista. Es el estilo político de la casa, la retórica falaz, el desprecio por la verdad y la falsa moral con la que engañan a una galería de ignorancia, necesidades y pobreza.

En ese circo de miserias y festividades es donde se preparan para repetir el espectáculo del 2018. Más hay un dato que les preocupa, prevén que el tendido circense no quede lleno a reventar, temen una asistencia menor en el show
pendiente. Por eso no sólo dejarán entrar gratis al público, sino que ahora le pagarán por ir. No son pocos ese tipo de invitados, se calculan unos doce millones. Al menos esa cifra hará presencia, pero lejos está de ser suficiente para que el espectáculo sea un éxito como el de 2018.

Para cualquier resultado posible los organizadores tienen un plan A. Tomar el control de la asistencia, que no sea nadie ajeno a los organizadores oficiales los que lleven el conteo, con esa prevención cualquier cifra es posible y válida.
Ningún actor del reparto para la puesta en escena del 2018 es capaz de inflamar las emociones como lo hizo Obrador, reconocen todos. Lo mejor es cambiar las condiciones para manejar cualquier eventualidad contraria.

Falta poco más de año y medio para la elección presidencial del 2024, hacer un pronóstico del clima político en este momento corre todos los riesgos de un tiempo agitado. Si el curso de la política fuera lineal, nada de lo que hemos visto
hasta ahora vaticina un ambiente calmado, tampoco vientos huracanados parecen inevitables, pero ante ese horizonte sombrío que deja ver poco, remitirnos al pasado inmediato y al presente es obligado. Si aún con el control de la asistencia, el circo de Morena sale deslucido debido a los malos actores y a la baja asistencia, otras estrategias similares a las que se implantaron en las elecciones del 2021 en el corredor Pacifico del territorio que mostraron ser eficaces tendrán que entrar en operación, a ello podría contribuir el Ejercito mexicano. Es decir, se tendría que aplicar también un plan B patriótico.


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